Revista Cubalog, contra la censura en la isla

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Portada revista Cubalog (Detalle). Tomado del portal Cubalog.com

Los cubanos siguen estando en el punto de mira de quienes desean verles entrar en la comunidad de las naciones libres. Una iniciativa que data de hace varios años, se refunda, cambia su rostro para hacerse más efectiva. Se trata de la revista Cubalog, un proyecto dentro de la prestigiosa organización People in Need.

Su editora, Agnes Koleman, dice que forma parte de las celebraciones que estarán haciendo de cara al 25 aniversario de la Revolución de Terciopelo en la República Checa. En conversación con los colegas Román Casado, Freddy Valverde expresó:

“En realidad la publicación existía ya on line. Es una revista que sacamos el equipo de Cuba cada seis meses y enviamos por correo y la publicamos en nuestro blog cubalog.com. Decidimos que por primera vez la vamos a sacar en papel con motivo del 25 aniversario de la Revolución de Terciopelo. La vamos a reformar un poco. Ahora, además de estar en papel, hemos rediseñado la revista y hemos querido darle un punto de vista más fresco y más actual sobre Cuba en estos momentos. El primer número hemos querido dedicarlo a la censura en Cuba. No voy a revelar el contenido de la revista, pero es una censura sutil, pero bastante dañina”, dijo a los periodistas.

Entre los invitados a las celebraciones está el jurista independiente René Gómez Manzano, también activista de derechos humanos y periodista independiente.

Solidaridad, apoyo humano

Varios cubanos entrevistados compartirán con los lectores su experiencia acerca de cómo la censura deforma a la gente. Los interesados podrán enterarse del furtivo funcionamiento de la censura oculta, de qué hacer para conseguir que la misma no mate al alma de una persona, y de las víctimas encarceladas por expresarse libremente, como es el caso del cantante que actúa bajo el nombre El Crítico, condenado en octubre pasado a seis años de prisión.
Numerosos eventos tendrán lugar el 17 de noviembre en Chequia para conmemorar un cuarto de siglo de la libertad tras la caída del comunismo.

“People In Need tiene un puesto en la Avenida Nacional, que va a estar cortada al tráfico. Allí va a haber varios puestos de ONG’s, teatro, cafés, etc. En nuestro puesto va a haber actividades durante todo el día. La revista va a poder recogerse de las 10 a las 19 horas, cuando va a estar abierto el puesto. A las cuatro de la tarde va a estar allí el abogado René Gómez Manzano, directo unido de Cuba para quien quiera acercarse a hablar con él”, señaló Agnes Koleman.

En Cuba la revista se distribuye de mano en mano, a través de memorias flash (USB), con trabajos investigativos, fotografías, crónicas y reportajes de reporteros independientes dentro de la isla y bajo una férrea censura de más de 56 años de dictadura comunista. Cubalog ha sido un cause por donde ha corrido la experimentación y la mesura de quienes han tenido el valor de relatar, desde el periodismo la larga noche del totalitarismo.

Cubalog será distribuida el 17 de noviembre en la Avenida Nacional, Praga, República Checa.

El libro de historia de San Germán

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Pablo García Aguilera, autor del libro “Las alas del tiempo”. Foto cortesía de Pablo García A.

Los aportes de la microhistoria suelen ser cada vez más ricos, pues apoyan aquellos puntos de vista de gente avezada que cree tener algo rico que compilar, comparar, comprobar y después escribir para compartirlo con los demás. Este es el ejemplo del escritor Pablo García Aguilera, que ha juntado en un manojo de anécdotas y hechos puntuales –sazonados con la picardía de cualquier pueblerino- la historia del pueblo de San Germán, ubicado en la antigua provincia de Oriente, luego perteneciente a Holguín y hoy, gracias a la División Política Administrativa (1976) casi lo perdemos bajo el patronímico Urbano Noris, debido al nombramiento que le dieron a la vieja fábrica de azúcar.

Las alas del tiempo es una autopublicación de García, sin sello editorial y costedado por él mismo. El libro arranca en la primera década del siglo XX, cuando el empresario Germán Michelson instalara su aserradero en la localidad y le fuera juntando los demás componentes para hacerlo más habitable.

No es un libro de texto, un manual, gracias a Dios. Las alas del tiempo se hace de los recuerdos, material fotográfico y la experiencia verbal de quienes quieren aportar a la Historia, este pedazo de historia. Las familias más pudientes, los modos de relacionarse, las pretensiones de siempre de quienes dividen en clases las relaciones sociales, aunque el amor, la amistad o la generosidad de los seres humanos se encargue de borrarlas con un abrazo o un gesto de bondad.

Pablo García ha trazado un mapa simple, pero no desde el pasado, sino hacia el futuro. Su breve recorrido secular se encarga de desmitificar el apodo pseudo-republicano endilgado al único periodo del siglo XX en que Cuba gozó de libertades democráticas, incluido el que Fulgencio Batista gobernó bajo un golpe de estado al que le sucedió el definitivo.

El autor de este libro arremete contra los prejuicios sociales, que florecen en toda aldea: el chisme, la homofobia, la envidia o la picuencia de quienes se creen por encima de los demás.

Un pueblo pequeño, que tuvo Banco Agrícola, escuelas de oficio, centros de enseñanza públicos y privados, cine, aserradero, fábrica de azúcar y decenas de prostíbulos esconde una historia llena de matices, una inmensidad de testimonios que cunado son bien contados, hacen las delicias del más pintado.

El otro San Germán

“… y en eso llegó Fidel…” y las maestras se convirtieron en Milicianas, se acabaron los Traganíquel, escaseó la manteca y hasta de Las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP) se habla en Las alas del tiempo.

Quizás uno de los aportes o desbarajustes de la personalidad que haya hecho la revolución cubana ha sido la proliferación de nuevos bichos humanos: el guataca, la cederista, el aprovechao, el chivato, y el ‘empachao’, y de éste último García cuenta una excelente anécdota ocurrida en el correos de la localidad.

Se trata de un tipejo que andaba vestido de miliciano hasta para ir a una consulta médica… y un portafolios y una sarta de lapiceros en el bolsillo aunque no supiera firmar. Un día el hombrecito verdeolivo dejó olvidado el portafolios y nuestro escritor quiso ver qué contenía. “…solo había un grueso y pesado libro: El Capital, de Carlos Marx. Cuando regresó, lo llamé y se lo entregué con una sonrisa que quería decir ‘compañero, si tú lees este libro y tratas de entenderlo, seguro que irás sin remedio para el sanatorio de enfermos  mentales de Mazorra”.

El libro está enriquecido con una gráfica familiar, escenas bucólicas de mujeres bonitas y risueñas, parejas bailando en salones finamente adornados y descripciones de fotografías que apuntan a la huella del escritor antes de salir de Cuba en 1968.

Ahora sé que es un libro necesario. Hace unos cinco años la licenciada en Historia Manuela Salazar Calderón escribió una monografía de San Germán, pero a la manera de postal turística donde los villanos parecían dados a la juerga, tenían propiedades y se marcharon del país, y por supuesto los buenos… es una historia que todos conocemos.

Hoy en Cuba en la historia local enseña los nombres de los muertos en las guerras cubanas en el África, las propiedades confiscadas por el “gobierno revolucionario” y las conquistas del pueblo uniformado. Los  niños están obligados a decir que se quieren parecer al Che Guevara antes que a su vecino.

El libro está dedicado a amigos entrañables que le ayudaron a juntar  o hilvanar sus historias, como Ramiro Gómez y su señora madre Miriam Feijoó; a María y Emma Kerr, hijas del primer norteamericano que intervino en el nacimiento de San Germán como pueblo querido, y también a Maritza Peña, una católica conocida y que le ayudara a conformar el texto del que hoy se habla.

El aporte de Pablo García es que ha puesto a volar ese filón de tiempo que ha quedado atrás, lo ha hecho sin pedir permiso ni ostentar título académico, porque esa historia rica que la gente quiere leer es la que se narra juntando todos los gritos y pregones.

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Detalle de la portada del libro “Las alas del tiempo”, de Pablo García Aguilera.

 

 

 

Violencia policial en Cuba, cuatro (malos) ejemplos

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Foto tomada de Internet; retomada del blog Pedazos de la isla. Represión policial en Cuba, 2010. (No relacionada con este post).

No siempre las informaciones que salen de Cuba se entienden en su justa medida. En la mayoría de los casos de abuso policial (o para militar) se trata de unos empellones, una patada o un bastonazo. El castigo a veces tiene forma de amenaza, medidas coercitivas e iregularidades jurídicas de todo tipo. La ONG checa People in Need se ha encargado en varias ocasiones de tipificar estos hechos.

Lo que sigue es un extracto de ese trabajo que realizan sin descanso, para que los no iniciados en el tema Cuba conozcan los pasadizos secretos de los malos tratos y las vejaciones que el régimen de La Habana comete a diario con la población civil.

“La violencia contra los detenidos políticos puede tomar dos formas: verbal, que consiste en insultos, intimidación y/o amenazas (las de muerte son las más comunes) dirigidas a algún miembro de la familia); o física, con lesiones que incluso a veces requieren hospitalización. El objetivo de ambos tipos de violencia es debilitar a los individuos psicológicamente y presionarlos para que abandonen sus actividades en la disidencia”, señala el portal dedicado a la defensa de los Derechos Humanos.

A continuación, casos que ilustran estos abusos:

Jorge Luis Claro Galván. El 23 de mayo de 2014, Jorge Luis estaba descansando en el portal de su casa cuando fue detenido por la policía. Le golpearon intensamente, causándole un traumatismo cráneo encefálico que le provocó un vértigo días después, en el baño de la prisión. Se cayó al suelo y se hizo una herida que requirió varios puntos de sutura. Jorge Luis fue posteriormente llevado, a juicio acusado de un delito de robo del cual no existía ninguna prueba. Su familia sostiene que es sólo el resultado de frecuentes amenazas por parte de las autoridades estatales por ser miembro del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL).

Roberto Rodríguez Cardona, miembro del Partido Republicano de Cuba, se dirigía al centro de la ciudad de Bayamo para celebrar el cumpleaños de su hija, el 25 de enero de 2014, junto a sus invitados, cuando fue detenido violentamente por las fuerzas combinadas de la Policía y agentes de la Seguridad del Estado. Le dislocaron el hombro, le golpearon la frente contra una pared y le causaron lesiones dentro y fuera de la boca. Estuvo detenido durante dos días sin asistencia médica. El día 27 del mismo mes fue puesto en libertad sin cargos formales.

Yriades Hernández Aguilera. Foto, cortesía UNPACU.

Yriades Hernández Aguilera, activista de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), estaba documentando un caso de desalojo cuando los agentes de la Policía Política le rodearon y comenzaron a golpearle. Después se lo llevaron en un auto patrulla a las afueras de la ciudad y allí lo liberaron. Permaneció allí durante 3 horas; los golpes le habían provocado un derrame de líquido sinovial en la rodilla izquierda y no podía andar. Yriades ha sido amenazado de muerte en múltiples ocasiones por su actividad en la disidencia.

Cleider Claro Rosa fue golpeado hasta quedar inconsciente por funcionarios de la prisión de Guantánamo. El incidente ocurrió el 23 de noviembre 2013, cuando se le negó la visita mensual de su familia. El detenido manifestó su desacuerdo y posteriormente fue golpeado por el jefe de la prisión y otros funcionarios por protestar. Perdió el conocimiento, cayó al suelo y fue arrastrado a la celda de castigo donde permaneció durante seis días. Cleider Claro Rosa no pertenece a ningún partido de la oposición.

 

Atentamente,

Cuban Team / Equipo de Cuba

People in Need – Human Rights and Democracy

 

Fernández Pequeño responde una entrevista impertinente

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José M. Fernández Pequeño. Foto: Luis Felipe Rojas.

A José Fernández Pequeño lo conocí peleón y sabichoso en un Santiago de Cuba que parecía a punto de explotar en 1994. Era el centro de muchas conversaciones que él mismo se encargaba de comenzar o terminar con cuatro carajos bien dichos, derecho que ostentaba a base de ser de los pocos prestadores de libros que quedaban por entonces.

Pequeño me indicó lecturas de formación entreveradas entre sus cuentos de entonces, como hago hoy. Semanas han pasado desde que engullera su manojo de historias recogidas bajo el título El arma secreta, de la Editora Nacional, de la República Dominicana, 2014, y merecedor del Premio Nacional de Cuento “José Ramón López”, del año anterior.

Hace unos días nos sentamos en un pintoresco bar de Miami, escoltados por unos vasos nevados en cerveza americana, por poco tengo que redactar otra entrevista, debido a las cosas que iban aflorando mientras se abría el dispensador que la muchacha manejaba con soltura aquella mañana sabatina. Pero ya Pequeño había contestado por e-mail mi cuestionario y yo solo quería hacerle un par de fotos. El próximo 5 de diciembre estará leyendo fragmentos de este excelente libro en el Centro Cultural Español de Miami, lo presentará Joaquín Badajoz, y este es un adelanto de esa fiesta venidera.

El arma secreta conserva una estructura formal en la arquitectura de sus narraciones. ¿No te sorprendes décadas después puliendo la misma piedra?

Nunca es la misma piedra. Cada texto trae un reto inédito, una demanda expresiva ante la que respondo en la confianza de que la intuición sabrá poner el oficio en movimiento. Para el acto de narrar –como para el amor– nunca se está completamente preparado, y eso lo hace muy divertido. La armazón de motivos en los cuentos de El arma secreta –eso que llamas estructura– no fue algo que me quitara el sueño, salvo el montaje temporal en “El ombligo de María B.” y la focalización alterna en “El arma secreta”. Más trabajoso fue estructurar el libro en su conjunto, buscar que cada cuento aportara una perspectiva diferente sobre ciertas nociones que prefiero no mencionar aquí. Quizás por eso el narrador catalán Javier Calvo creyó percibir, tanto a nivel de influencias como de ambición estilística, una aspiración de “libro total, novelesco”. Solo puedo asegurar lo siguiente: no junto cuentos para armar libros, escribo libros de cuentos. Y lo mejor es que no los planifico, vienen solitos y a tiempo.

El primer borrador de “El arte de roncar” fue escrito en 2002, el de “El cíclope” en 2004, pero ninguno supera al relato “Un cierto olor a escalofrío”, cuya escritura inicial nos lleva hasta 1989. Todos fueron reescritos entre 2012 y 2013.

La imaginería popular, el amor a destiempo, la perseverancia de los hombres y mujeres… todo eso lo mezclas en una “fiesta Caribe” que es El arma secreta. ¿Está eso ligado a la búsqueda de nuevos o los mismos lectores? ¿Cómo es la relación de lo que escribes con la crítica literaria?

Hay muchas razones para escribir literatura y probablemente todas sean válidas. En mi caso, escribo porque es la única manera a mi alcance de entender el mundo que me rodea y mi lugar dentro de este. Vista así, la creación literaria asume un papel heurístico frente a la realidad, encarna la más conflictiva pero también la más reveladora forma de acercarme a un imposible necesario: la comprensión del ser humano. Eso significa que al escribir nunca me detengo a preguntarme qué está esperando el lector, algo que sí resulta esencial para quien tiene la mirada puesta en las ventas o en la posible recepción que encontrará dentro de algún entorno literario, social o político.

Los cuentos de El arma secreta fueron escritos porque viví quince años en la República Dominicana y constituyeron la forma más expedita que encontré para dialogar con esa realidad y con los modos culturales a través de los cuales sus protagonistas la simbolizan. Haber nacido en Cuba fue de gran ayuda en la tarea, y de ahí quizás venga esa “fiesta Caribe” que crees ver en el libro.

En la crítica literaria pienso aún menos. Nunca pertenecí a un taller, jamás leo ni muestro un texto a otra persona –aparte de mi esposa– mientras no siento que su factura es al menos digna desde el punto de vista profesional. Cuando así lo creo pero tengo dudas, pienso en quién entre mis amigos y conocidos sería el lector adecuado para ese texto y para esas dudas en específico. En ocasiones se trata de intelectuales –incluida gente que escribe crítica literaria–, muchas veces no tienen nada que ver con la literatura, pero sí están en condiciones de evaluar cuán auténticas pueden ser ciertas experiencias literariamente reinventadas.

Miami no es otra vuelta de tuerca

Tu viaje desde Bayamo a Santiago de Cuba, de ahí a Santo Domingo y Santiago de los Caballeros, más ahora a Miami te alejó del condumio literario que viviste en la isla durante unos cuarenta años. ¿Extrañas algo de aquellos corrillos literarios? ¿Puede eso afectar la obra de un escritor?

Bayamo fue la niñez y la adolescencia, el sentido de pertenecer. En Santiago de Cuba trascurrieron los años de formación, los ilusionados proyectos culturales y las definiciones. No hace mucho el escritor Francisco López Sacha me decía que durante aquellos años ochenta un numeroso grupo de escritores habíamos llegado a saber qué queríamos escribir. Tiene razón, aunque en mi caso más bien supe y tomé conciencia de aquello que no quería escribir.

República Dominicana me trajo una madurez tanto más raigal cuanto que fue forjada a puros golpes, como le ocurre a cualquier emigrante. Allí aprendí el valor real y definitivo de la libertad personal y descubrí que mi única obligación como escritor era encontrar la voz que nací para ser. Así contesto la segunda parte de tu pegunta: no quiero ni imaginarme lo que habría sido mi carrera de escritor de no haber seguido la trayectoria geográfica que señalas.

En cuanto a la primera parte de la pregunta, soy inmune a la nostalgia. Además,  los proyectos culturales que tanto me enorgullece haber ayudado a fundar –la Casa del Caribe, el Festival, la revista Del Caribe, los Encuentros de Narrativa Cubana y tantos más– o pertenecen al pasado o hace mucho dejaron de ser lo que soñamos.

Extraño sí a numerosos colegas con los que durante años participé en un profuso sistema de intercambios, un aguerrido hábito de discutir desde el respeto que no he vuelto a encontrar con ese nivel y esa bondad en ningún otro lugar. Para que alguna omisión no ofenda, solo mencionaré algunos de quienes se me han muerto: Joel James, José Soler Puig, Ricardo Repilado, Jorge Luis Hernández, Jesús Cos Causse o Guillermo Vidal Ortiz.

Miami es otra historia, una ciudad que me esperó durante cuarenta y seis largos años con la fe de una amante paciente y segura de sí misma.

Pero no son pocos los que rechazan y reprochan a Miami por ser una ciudad culturalmente plana, árida para las cosas del espíritu y dizque “esencialmente intolerante”.

Respeto todas las valoraciones, que por lo general dependen de las expectativas y las necesidades de cada quien. Para el tipo de escritor que soy, es un deslumbramiento cotidiano ir descubriendo las inusitadas dimensiones que ha adquirido lo cubano en un medio tan diverso desde el punto de vista cultural como Miami, y esto abarca el habla, las costumbres, las formas de sociabilizar y expresarse… todo. Quizás mi atracción nace de una arraigada creencia en el poder de la mezcla, la apropiación y la resignificación de lo diverso, que constituyen el corazón mismo de la cultura caribeña y de las cuales El arma secreta quiere ser una modesta consecuencia.

Y para que veas, ese deslumbramiento motivó en mí un regreso literario a la isla, un volver a asuntos que desde la adolescencia quise convertir en literatura. De ahí nació el libro de cuentos “Memorias del equilibrio”, todavía inédito.

Tengo muy buenos amigos escritores que confiesan haber necesitado mucho tiempo después de llegar a Miami para comenzar a escribir de nuevo. No es mi caso. A lo mejor no me he dado cuenta de la aridez espiritual que mencionas en tu pregunta debido a mi natural necesidad de buscar cierto aislamiento, de garantizar que no me jodan mucho para poder concentrarme en la escritura. Quién sabe.

Viviendo en Miami recibiste un Premio Nacional de Cuento en República Dominicana. ¿Aspiras a o aceptarías los Premios Nacionales de Literatura que se entregan en La Habana?

Tu pregunta carece de sentido por falta de pertinencia en el contexto del presente. Quienes otorgan esos premios no están en condiciones de proponérmelos. Quien los recibiría –es decir, yo– no está en condiciones de ser considerado para tal propuesta. Y esto último por varias razones, incluyendo que no creo merecer esa ni ninguna otra distinción. Si dentro de cincuenta y cuatro años me hacen la propuesta, te prometo dos cosas: serás el primero en saber mi decisión, y dos: tomaré esa decisión sin aceptar condicionamientos de nadie, sin violentar la única libertad real que conozco: pensar con cabeza propia, decir lo que me dé la gana donde me dé la gana y escribir al margen de los dineros de la política.

Sin embargo, admito que tu pregunta, señala hacia una desagradable realidad. Tras medio siglo de ejercer la intransigencia revolucionaria, que ha marcado con fuego la vida de al menos tres generaciones de cubanos, el libre albedrío de la institucionalidad cultural en Cuba se encuentra diez pasos por detrás de su similar en la República Dominicana. Para que un dominicano reciba un premio nacional no importa si vive en la isla o en el extranjero, no importa si la obra es inédita o está publicada, no importa si la publicó la Editora Nacional o es una auto publicación realizada en Birmania, no importa si es un demócrata convencido o cree que Trujillo ha sido el mejor gobernante en la historia de la humanidad, no importa si pertenece al partido en el poder o a uno de la oposición. Incluso no importa si, como es mi caso, se trata de un dominicano por adopción.

Es por eso que si alguno de los premios nacionales cubanos le fuera propuesto a escritores como Abilio Estévez, Félix Luis Viera, Ramón Fernández-Larrea o Ángel Santiesteban, para solo mencionar cuatro nombres, mi primer sentimiento sería de alegría ante la posibilidad de que la segregación por razones de afiliación, ideología, actitud política o lugar de residencia pudiera estar empezando a perder terreno en las instituciones culturales cubanas.

¿Cuál de estas categorías escogerías para presentarte: escritor exiliado, profesor emigrado o emigrante económico? Ya que ahora eres un noble habitante de la ‘sagüesera’, tienes que escoger una categoría.

Ese tienes enfático sonó a elección del Poder Popular en Cuba. Para presentarme, preferiría decir que soy un escritor y punto. Ahora, referido a la condición migratoria, si vas al diccionario de la Real Academia Española, encontrarás que exiliado y emigrado son prácticamente sinónimos. Ambos se refieren al individuo que está fuera de su patria y ambos apuntan: “generalmente por motivos políticos”. A la volatilidad propia del concepto “emigrante económico”, se agrega en este caso la peculiar coyuntura cubana, la forma en que quienes gobiernan nuestro país de origen hace más de medio siglo borraron los matices para colocar a la sociedad entre el todo y la nada como únicas opciones. Tal hecho hace que en el caso cubano también se difuminen los matices que podrían separar al emigrante económico del emigrante puro y duro.

Aunque tenga por práctica no hablar media palabra sobre política, quien sale de Cuba para escapar a las condiciones económicas en que allí se vive, ¿no está de hecho huyendo del modelo político que sigue empeñado en multiplicar esas pésimas condiciones económicas?

Puedo vivir con muy poco si tengo la motivación para hacerlo. Lo que me resulta imposible es fingir el aplauso o cultivar el silencio ante un proyecto político agotado que, por tal de mantener el poder, ha decidido que el futuro de la sociedad está en regresar a la Edad Media. Por eso me puse lejos y por eso preferí convertirme, como millones de mis coterráneos, en exiliado o emigrante. Escoge tú el término que te guste más.

carita EL ARMA SECRETA (1)

Miami en un grafitis

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Hoy nos fuimos al Distrit Art, Wynwood Miami, una zona de arte callejero, de grafitis a manos llenas. Miami también se salva por estas linduras y embarros, por esta felicidad que es la fiesta del color sin que medie otra regla que la imaginación.

Hoy caminamos de una punta a otra del distrito artístico con la benevolencia de un sol que ya anuncia los buenos tiempos. Me negué a hacer las fotos de los encuadres y las profundidades de las que se habla en los libros, mirar estas bellezas de Miami y apretar el obturador es una suerte de ruleta rusa.

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Un blog pro castrista, las casas de cultura y la fangoterapia como incentivo turístico por Cuba

Casa de un disidente cubano, con expresiones antigubernamentales. Cortesía ADO.

Casa de un disidente cubano, con expresiones antigubernamentales. Cortesía ADO.

El flujo de turismo foráneo a Cuba fluctúa con los años, las crisis económicas del mundo, los altibajos del precio del petróleo y hasta con el mínimo estornudo en cualquier rincón del planeta. Pero los turoperadores se las arreglan para captar ingenuos, advenedizos y pasionistas por el folclor antillano.

El último grito de los comerciantes del ocio lo trae el madrileño diario El País bajo el rótulo “Como no hacer el turista en Cuba”, una especie de contraseña para evitar ser un dummie en la isla del Dr. Castro.

Como tabla salvadora el periódico español sugiere que los turistas dejen a un lado tópicos del placer como La Habana y las playas… y se larguen a conocer la isla de verdad, más allá de los estereotipos, y allá te va eso con un rosario de rechupete.

Para disfrutar como un experto -según El País- hay que irse a Colón y Jovellanos, en Matanzas y pasar por un una sesión de santería a donde no van los turistas, para comprobar que de allí han salido la Rumba y el danzón.

Al entrar al centro de Cuba el manual del perfecto idiota de los viajantes debe desenredar este galimatías: ¿Dónde se mueven las nuevas tendencias cubanas? Pues en Santa Clara, una ciudad del norte del país donde los cubanos innovadores exploran constantemente las últimas tendencias. Y las nuevas tendencias nos llevan al show travesti que prepara Silverio en El Mejunje, pero no aclara lo de cubanos innovadores, pues no hace referencia a la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), que en par de ocasiones ha entregado al dictador en Jefe, la condición de Innovador en Jefe.

Ir a las aguas termales de Elguea, fumarse un puro en Viñales o andar a campo traviesa por Santi Espíritus son de las atracciones que necesita todo mortal para salir de Cuba y decir que ha conocido la isla, a decir de esta guía turística sacada de un culebrón televisivo.

‘Para variar un poco’, es un eufemismo usado por los cubanos para acentuar que se trata de más de lo mismo. Y para redundancia tenemos esta: …las Casas de la Cultura: hay una en cada capital de provincia y no importa su tamaño, pues concentran la activa vida cultural del país. Estas expresiones les dan un salvoconducto al moribundo Consejo Nacional de Casas de Cultura, que entiende por ‘Memoria viva’ un desvencijado local a manera de biblioteca pública y una escolar con un tutús remendado bailando al compás de la insufrible ‘Balada para Adelina’.

En donde el manual de marras se lleva las palmas es en que para conocer el país y lo que piensan los cubanos hay que leer el blog de tendencia filo-castrista La Joven Cuba. …si queremos saber lo que de verdad pasa en este país. Y relaciona las redes sociales donde publica Yoani Sánchez, pero no les aclara que tendrán que hacerlo desde una conexión a Internet en un hotel ni les aclara que El Yuma, Ted Henken, reside en Estados Unidos.

Ni falta que hace. Nadie que se respete arranca una página de un diario para conocer a Cuba, ni rueda más allá de un pantallazo en la computadora si la recomendación para ser un iniciado en los caminos de la isla es leer las entretenidas novelas de Leonardo Padura y su detective habanero, Mario Conde.

Faltaba más.

La guara cultural: “Te cambio un jardinero central por un ensayista exiliado”

foto: luis felipe rojas

foto: luis felipe rojas

A propósito del otorgamiento del Premio de la Crítica (en Cuba) al ensayista cubano Roberto González Echevarría. El filólogo lo ganó con un libro publicado en Ediciones Capiro, de Santa Clara.

Hemos vuelto atrás 200 años, la época del trueque:

-“Te cambio un jardinero central por un ensayista exiliado”-, dijo Mandamás.

-Déjame pensarlo bien-, respondió Queentrentodos…. ¿Por qué no te llevas un médico de la salsa? Así matas dos pájaros de un tiro: lo envías a combatir el ébola y completas el Conjunto artístico de la Brigada médica cubana en África.

Arte y Desnudo

El desnudo femenino en el arte.

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