Hay un grafitero cubano, preso por dos puercos que se llaman “Fidel” y “Raúl”

sexto rebelde

Grafitis de El Sexto, que simula a un comandante rebelde muy conocido por los cubanos.

Se llama Danilo Maldonado, pero en Cuba todos lo conocen como “El Sexto”. Cuando aún estaban presos los cinco espías en Estados Unidos, Maldonado decía que él era “El Sexto” ‘héroe’ y empezó a garabatear con su pote de spray los muros habaneros. La acción también venía a tono con la celebración del 6to Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC).

El 25 de diciembre de 2014 Maldonado fue detenido y desde entonces está preso en la horrorosa cárcel Valle Grande. Ese día quería soltar dos puercos en el Parque Central de La Habana: ambos tenían pintados los nombres de “Fidel” y “Raúl”, eso bastó para que lo encarcelaran. La solidaridad con este grafitero y artista independiente no ha cesado, muchas voces se levantan por su libertad.

Pincha aquí para que veas la FOTOGALERIA que nos montado en Martínoticias.

sexto posta policia

Grafitis de El Sexto, cercano a una posta policial.

Una muñeca abandonada… a las puertas de Miami

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Historia de una muñeca abandonada, Teatro Pálpito. Fotos LFRojas.

Artefactus Teatro ha tenido a bien recibir en su sede del suroeste de Miami a Ariel Bouza y su equipo, el lujo de este abril es que traen desde La Habana Historia de una muñeca abandonada, una versión libérrima de Norge Espinosa sobre el texto del dramaturgo español Alfonso Sastre.

Me fui bien al sur de Miami, a ver por segunda vez en mi vida esta Muñeca… -ya lo había hecho en Camagüey una vez- y al parecer han usado un pulimento especial para conservar la gracia con que Paquita y Lolita juguetean con la ambición, el amor, la envidia y la piedad en una armazón teatral que pone la actuación por encima de las falacias que tan a menudo vemos en los tiempos que corren.

Ariel Bouza (Teatro Pálpito, La Habana) dirige sus acciones entre el drama, la risa y la reflexión para llevar a los espectadores a situaciones en que deben decidir por héroes y anti-héroes, pero no se puede estar en el medio. Esta pieza que Bouza lleva a escena desde 1999, tiene el incentivo de la ambivalencia: puede ser vista y gozada lo mismo por niños que por adultos. La versión de Sastre: clásica, hierática, bien plantada en la historia del Teatro moderno, se rejuvenece con la puesta de Buza y el empuje de Pálpito.

Gleris Garcés (Lolita) se lleva los aplausos. No por ser un jovencísimo actor carece de maestría. El manejo de los atuendos y muñecos, la conversión de las voces y la proyección que pone en los tonos para llegar al último asiento le granjean la simpatía de los espectadores desde el momento mismo en que sale a escena.

Con la versión del crítico, dramaturgo y poeta cubano Norge Espinosa sucede algo sorprendente, pues nos llega de la mano probada de Sastre, que a su vez viene tamizado por la sombra de El círculo de tiza caucasiano, la conocida obra de Brecht. El resultado sale ileso entre esos dos excelentes escritores que fueron referentes obligados de la dramaturgia del siglo XX.

Ambos actores, Bouza y Garcés, lucen el esplendor de las palabras que no van al vacío, el teatro siempre ayuda a la gente e Historia de una muñeca abandonada  salva a los espectadores. Esta mañana del sábado 4 sólo éramos cinco personas en el público, invitados a jugar y a disfrutar de unos artistas que se lucen por la dignidad en la actuación. Los vi como si actuaran a teatro lleno, en un juicio final  -que lo fue- porque cada puesta es un juicio en que le va la vida a los implicados en este sueño: desde la señora que barre las lunetas hasta el director, que encabeza la lista en los promocionales.

Los invito a que lleguen hasta Artefactus Teatro, la sede donde Teatro Pálpito está celebrando la fiesta de las palabras y los gestos. Es en el 12302 SW 133 Ct en Miami.

Historia de una muñeca abandonada, Teatro Pálpito. Fotos LFRojas.

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Historia de una muñeca abandonada, Teatro Pálpito. Fotos LFRojas.

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                                        Historia de una muñeca abandonada, Teatro Pálpito. Fotos LFRojas.

Albricias, nuevo poemario

Bifronte/Desing

Bifronte/Desing

Amigos, en un par de semana saldrá a la luz mi poemario Máquina para borrar humanidades (Bifronte, 2015). Se trata de un libro que guardó el sueño de 10 años, desde 2005, cuando las autoridades de mi país me negaban las editoriales, los espacios públicos y la oportunidad de expresarme. Cuba me quiere demasiado para no alumbrarle a cada rato.

En Miami tuve desde el inicio, la ayuda de Armando Añel e Idabell Rosales, que gentilmente me abrieron las puertas para publicar Para de comer al perro de pelea (Neo Club Ediciones, 2013). Hoy la gentileza de Jorge Ignacio Pérez y su esposa, la diseñadora gráfica María García Tudela, me hace sonreír por este logro, un poemario excelentemente diseñado por ella, con sumo cuidado y con un nivel de concentración en “mis pedidos”, que no puedo más que agradecerle.

Finalmente, agradezco a Nilo Julián González Preval su dedicación y apoyo. Desde 2005 cuando Michael Hernández y yo nos atrevimos con la Revista Bifronte, tuvimos las ilustraciones de Nilo y la fiereza de sus trazos, la rebeldía con que Nilo baja el lápiz es de antologías.

Espero les gusten estos versos, esta compilación que he preparado para ustedes:

 

PRESERVAR TU IDENTIDAD

LA EXIGENCIA DE LO QUE CUIDAMOS

Renombras tu armonía

en los animales concéntricos del agua

el trance de la sangre avanza

El número de atar la cuerda es tuyo

Escasa la providencia

el paso es tuyo

Trazos en los círculos del agua

-¿tuyos o de la sangre que te llama?

Un libro, una bitácora, una mujer más allá del interior de Cuba

Bloguera Yoaxis Marcheco. Foto tomada del blog La Rosa Blanca

Bloguera Yoaxis Marcheco. Foto tomada del blog La Rosa Blanca.

Es difícil encontrar libros que vayan en estas dos direcciones: hacia el pasado, y que estén anclados en el presente como una confirmación de que las cuatro verdades que lo sostienen alumbran por sí mismas. Isla interior (Neo Club Ediciones, 2015) es la primera compilación de rabias y amores que Yoaxis Marcheco nos trae, estoy casi seguro, pues en lo porvenir pudiéramos gozar de sus ideas sobre la democracia desde el compartir de los cristianos, o sobre los vaivenes de una iglesia (varias incluso) que han dejado de la mano de Dios la suerte de sus feligreses, o sobre los intríngulis de una sociedad civil a la que la madurez espera hace ya tanto, con los brazos abiertos.

Escribir, como para los egipcios, es siempre reescribir. Por eso mismo pasar de la bitácora digital al papel es volver sobre el mismo dolor de la escritura y ponerse a observar la reacción de los lectores. Siempre volvemos al río heraclitiano: ni nos bañamos nunca en la misma agua ni volvemos a leer el mismo libro. Estos post que acabo de revisar hace una semana no tienen el mismo sabor que en los escasos minutos en que yo entraba, como un perseguido, a un cibercafé y probaba un sorbo de esa bitácora que Yoaxis tejía a base de paciencia desde un Taguayabón con menos nivel de cobertura móvil y tan alejada de cualquier sitio de Internet como lo estaba yo en San Germán. Esa es una característica que me unía a los pocos blogueros que sobrevivieron –si esta palabra es la exacta- más allá de las murallas de La Habana.isla

“El libro está estructurado en zonas temáticas –Cuba cotidiana, Cuba y la represión, Cuba y la religión, Cuba en perspectiva y Reseñas, más un Apéndice– a fin de que los lectores puedan orientarse mejor”. Fue el anuncio de la semana pasada por NCEdiciones que vuelve a enrolarse con los necesitados -¿puedo decir jodidos de la tierra?- en Cuba. A mí me hubiera funcionado el libro sin esas estructuras, pero no soy un editor, yo hubiera puesto los textos como un todo y que el interesado en el tema cubano: tanto los sabihondos como los neófitos se partieran la cabeza, como lo ha hecho la autora de Isla interior, algunas noches –o mañanas- luego de dar de comer a los suyos, enviar las chicas a la escuela, atender a su marido, guardar la cuota de miedo o de valor para los que la hostigan y luego ponerse a escribir… como si viviera en una ciudad conectada al Cable Alba-1. Como si no existieran los perros policías –o los policías perros, sin ofender a los perros- convertidos en vecinos chismosos, en hombres y mujeres que no acaban de madurar y creen que vigilar a una mujer, chivatear a un pastor cristiano, asustar a unas niñas inocentes, tirar excrementos hacia las casas, marcar al que disiente como si un judío en plena cacería hitleriana, maldecir, blasfemar, escupir cuando pasa el que piensa diferente, alardear de bravucones, decir patria y esconder la poca vergüenza, no fueran una vergüenza más grande y castigable. Como Yoaxis Marcheco escribe desde otro mundo, su post’s hablan de este, así son los adelantados. Luego de la limpieza de esta escritura, está la paciencia de una mujer que siente a tejer la historia de dos niñas testigo de Jehová –perseguidas y abucheadas por sus amiguitos- y que hoy son su referente inmediato de valentía, constancia, amor y Fe en una causa que cada quien cree justa o no, pero no hay censura que detenga al que ama: “Las niñas Testigos de Jehová en mi memoria, las que compartieron algunos años de mi edad infantil, las que casi no tenían amiguitos en la cuadra porque eran “atalayitas” como muchos decían, o “atalayas” en la expresión de otros, esas niñas valientes que se enfrentaron a todo un sistema político por defender su creencia, son, en este sentido, un paradigma para mí, como lo son también los muchos cristianos evangélicos que en esos años tenebrosos no apagaron su voz y sostuvieron casi con su vida las iglesias en Cuba. Espero que nunca, mientras viva, salgan de mi memoria esos buenos rostros, que dejaron marcas en la historia de lo que los hombres y mujeres de fe pueden llegar a hacer ante cualquier maquinaria humana de represión, discriminación, segregación y exclusión” (Las atalayas).

Creo que este libro parte de dos necesidades principales, que me aventuro a relacionar. YM cree a pie juntillas que no hay nada más que hacer cuando se trata de la libertad que develársela a los que están ‘ciegos’, y en ese sentido van las crónicas y sus pesares, esos en forma de post, o artículos o como les quieran llamar a estos trozos de belleza que una mujer escribe desde su tierra. YM ha descrito un país y no una ciudad, se ha metido entre los miedos de la gente y no en la algarabía de los que se creen valientes, porque fotografiar y describir a los represores, relatar paso a paso lo que mal comimos en el pesado Periodo Especial es un acto de valentía en sí mismo, es como re-cordar (que quiere decir volver a pasar por el corazón). Creo que la otra razón parte de la premura, y es que Marcheco es celosa con el tiempo, quiere escribir, pero lo hace ahora, quiere defender sus ideas y se apresta a decirlo a los cuatro vientos, como si no bastara saberse señalada, describe y reafirma a través de las palabras la convicción por la que se ha lanzado a la vereda de los inconformes.

Lo interesante de una escritura desde “la opresión”, como dijera Havel, es que al tiempo que entra en los corrillos y pasadizos que le deja la censura, alumbra y fotografía cada palmo de ese túnel. Una citación policial, un registro –o catcheo- personal, una detención –arbitraria siempre-, las amenazas “amenazas, amenazas y más amenazas”, ¿verdad, Yoaxis? Entre los valores que vamos a agradecer de este libro está la de compilar el horror, pero a manera proactiva, para que la historia no se repita, para “que se marque al que no ame”, -porque Martí tiene que estar en todos los potajes, ¿no es así?

YM, su esposo, el pastor, activista de derechos humanos y autor del blog Cubano confesante y yo, nos cruzamos en una tórrida beca conocida como F y 3era, en aquel Vedado de los años ’90 que nos tomaba por “palestinos”, esa variante de gitanos a la cubana, venidos de fuera de una Habana que ya no era de los habaneros hace varias décadas. Nos cruzamos, ¿nos saludamos? ¿Comimos el mismo fish-steack? ¿Vimos a la misma muchacha –Eloína- saltar por el balcón? ¿Miramos el mismo mar por donde se había escapado medio país un año antes? Yo creo que sí, pero lo confirmamos casi 20 años después a unas cuadras de ese mismo lugar en la Ave de los Presidentes. Los esperé en el mismo banco en que me sentaba a leer y descansar de las caminadas entre F y 3era y la Escuela de Letras. Ellos dos cruzaron y nos dimos el mismo abrazo que habíamos guardado para la ocasión. No lo podíamos creer, el mismo sitio, el mismo ciclo, las mismas dudas. Y para colmo ‘descubrimos’ que YM y yo éramos holguineros, eso me confirmó mi sospecha sobre la habilidad de las mujeres para tejer las más bellas historias que se hayan escrito jamás. Nos abrazamos casi por última vez, yo acaba de confirmar el miedo que llevaba dentro y había recibido asilo en Estados Unidos, YM empinaba su blog como una premonición: el que persevera triunfa, y “hete aquí mujer”, con un blog en las autopistas de la información –ya más difíciles de vetar a los cubanos de la isla- y un libro fruto del amor a tu país y tu familia.

Gracias,

LFR, Miami, 26 de marzo de 2014.

Rafael Vilches: “Aunque me descueren vivo, no dejaré de disentir”

Rafael Vilches, escritor cubano.

Rafael Vilches, escritor cubano.

Después de estar varios años en medio de la promoción de editoriales, instituciones culturales y espacios oficiales, el escritor Rafael Vilches Proenza (El cero de las mil nueve, Vado del Yeso, provincia Granma, Cuba, 1965) emprendió el camino de las publicaciones alternativas.

En esta entrevista para Martí Noticias da las claves de por qué se cree un hombre libre; habla de la censura y también de las manos amigas en el campo editorial en España, Alemania y Estados Unidos.

Estás cercano a la decena de libros publicados, si los armamos en un todo percibimos que vas en busca de la palabra, pareciera que tu obsesión es fundirte con el lenguaje, cada vez tus textos son más breves (incluyendo tu narrativa). ¿Cuál es el canto de sirena que te brindó la literatura?

Ya no creo en cantos de sirenas, son cancerberas travestidas, con antifaces, carros de policías; prefiero cantar con mi propia voz, no me importa experimentar ningún artificio palabrero.

Por la literatura descubrí, en las mismas proporciones, amor, desamor, traición, miseria humana, dolores, humillaciones; pero la palabra me salvó de hundirme en el foso profundo, tenebroso, que abrieron ante mis ojos los que me parametraron. Por ella supe de la suciedad del universo político. Por ella estoy cerca de Dios, la familia, los amigos que existen, y de besar, digo, versar a la muchacha que estoy a punto de amar, como si hubiera retornado a mis quince diciembres, y ella a sus diecisiete mayos.

Miro a un lago que descubro junto a los ojos de esta muchacha, me abandono en la suave hierba de la tarde con un sol que se conjuga en el agua con la luna, junto a un rinoceronte de metal que nos mira con ojos mansos mientras ella lo besa en la mejilla dura de cariño. Siento eso, lo vivo, y es lo que quiero decir, y lo escribo para que lo lean mis posibles lectores, y acaricien con las manos de mi muchacha al rinoceronte que impasible nos observa en su pradera, y respiren en sus cabellos la luz que en sus ojos arde, cuando ella sabe que le finjo que me duele, y me duele.

Sé, amo a mi patria, Dios me puso en ella para alguna misión, y ahí voy.

Tu narrativa, la novela Ángeles desamparados (Novela, Ediciones Bayamo, 2001, www.elbarcoebrio.com, España, 2012) es bastante testimonial, lo mismo que tu último poemario, Café amargo (NeoClub Ediciones, 2014). ¿Cuántos Vilches hay detrás de todas estas máscaras?

Detrás de esas máscaras están todos los Vilches posibles, y hasta los impasibles; toda mi literatura va testimoniando algo que vi, viví, sufrí, y un poco de la felicidad que padezco, y me acontece.

Ángeles desamparados, mi novela, es estancia mía en el infierno, herida que no sana. No hay un solo día que despierte y no recuerde el abismo abierto en mi vida, la memoria, el trance tremebundo entre infancia y adolescencia que persisten en salvarme de no ser carne del costal de los gobernantes.

Volvamos a tu novela, el tema de las becas ya había sido –aparentemente- limado por las generaciones literarias anteriores a la tuya. Esa novela breve ya tiene más de 10 años, la mayoría de las escuelas en el campo han desaparecido, pero siguen vivos los flagelos que allí anuncias y denuncias. O te adelantaste en el tiempo o se te quedaron cosas por narrar.

La novela pudo ser más gruesa, pero preferí contar, cortar, como quien pela de los hueso del corazón toda carne, y las hecha a arder en el fuego del Hades. Eso es lo que siento hoy.

No sé si me adelanté, me atrasé. Quería sacarme del alma el Diablo que me clavaron en el cuerpo a muy temprana edad. Los momentos más tristes de un millar de infantes regados por la isla como fichas de ajedrez, marionetas del poder.

Me costó mucho que una editorial en Cuba se interesara por ella. La terminé de escribir en 1996 y se publicó en una tirada de 600 ejemplares en 2001, que se agotaron de un tirón entre La Feria Internacional del Libro de La Habana, y la de Bayamo en 2002; quizás llegaron a alguna librería uno o dos ejemplares. Antes fue censurada, y hasta le quitaron un premio en un concurso literario en Holguín, en 1999, nuestro caro Michael H. Miranda, sabe la historia del premio.

Esa historia de unos cuantos niños abandonados en campos de concentración por todos los rincones de Cuba aún me parte-raja la memoria, sangra en un recuerdo vivo. En el libro la ficción es pura realidad. Quizás todos los avatares de la beca me prepararon para esta estancia por la vida que he sufrido.

Entras a publicar en Cuba a partir de los años 2000, aunque ya escribías desde varios años antes. A tus colegas narradores y líricos les ha interesado más experimentar casi contra el lenguaje, mientras tú apuestas por retomar la palabra, meterte en los campos del lenguaje para intentar comunicar mejor. ¿No tienes miedo de repetirte, de quedar en una lista enorme de escritores, pudiéramos decir, descriptivos?

Comencé a escribir a finales de los 70 del siglo pasado, y no me arrepiento de ninguno de los libros que he publicado, creo que cada uno es independiente, un ser individual, que cuenta lo que quise en ese momento.

Mira, nos pasamos la vida demeritando la obra y vida de José Ángel Buesa, y hoy está ahí, como un clásico de la literatura cubana, y hasta lo nominaron al Premio Nobel de Literatura en 1980.

No le temo a nada, estoy testimoniando un tiempo, una realidad, no sé si pasado, presente, futuro, se juntan, pero ahí está lo que digo, pienso, y siento, en las páginas de mis libros. He tenido una vida tan rica en experiencias, felices, tristes, desafortunadas, de todas salí más limpio, reconfortado, con más deseos de vivir. He sido un viajero incansable, empedernido, crónico, por los caminos de la isla. No creo me vaya a repetir en ninguno de mis días, siquiera en mis amores pasados, presente, futuros.

Si he hecho algún experimento con el lenguaje es para que mi lector, quien sea, tenga un diálogo con mi dolor, y el del país, con el acontecer luminoso que acabo de deshojar en un parque junto al tren blindado en Santa Clara, donde he visto amanecer enero de 2015 sin héroes ni mártires, en los ojos más bellos de una muchacha, y la experiencia se multiplique, porque es eso lo que he querido escribir, decir.

No me importa en la lista que quede, ya estoy en la lista negra del Gobierno, y eso sabe a gloria, no me importa la inclusión en otra, si me borran, si voy a quedar entre los que avancen hacia la posteridad, ya eso no me pertenece. Escribo para desnudarme en público, que me vean, digo que me lean. Lo demás lo dejo a Dios, a mis posibles, pacientes lectores.

Lo único que sé es que la novela Ángeles desamparados, y el libro de poesía Café amargo, los escribí con muchos dolores-heridas en el alma, y al final han resultado dos libros agradecidos. Críticos, amigos, lectores, han sido muy generosos con ellos y conmigo.

Pasemos a un tema que, desgraciadamente, te ha dado a conocer dentro y fuera de Cuba, la censura, la represión. ¿Cuándo, cómo y por qué rompes con las autoridades culturales cubanas, con su política de exclusiones?

Pero no fue hasta mi estancia bayamesa, holguinera, santaclareña que comencé a sufrí en carne propia la censura, la exclusión, la persecución, todo lo que se desprende de ellas. Sería 1999, Zoelia Frómeta desde México nos mandó al poeta Miguel Ramírez que ahora vive en Canadá y a mí, por correo electrónico, textos de Cabrera Infante, Vargas Llosa, Borges, Octavio Paz, Carlos Fuentes, y otros autores prohibidos en Cuba.

Yo fui a parar a una oficina del PCC con el ideólogo que “atendía” Cultura, y Migue fue echado del Centro del Libro de Granma donde laboraba como informático.

Luego fue la cacería de brujas cuando sacamos, tú, Michael Hernández, el Padre Olvier Hernández Carbonell, y yo la revista que más escándalo ha armado en la ciudad de los parques, Holguín, la revista Bifronte. Todos fuimos a parar a alguna oficina de la Seguridad del Estado, y no sería la única vez que nos pusieran una pistola cargada sobre la mesa por haber publicado en revistas y periódicos prohibidos a los escritores cubanos residentes, o reincidentes, en Cuba.

Luego la payasada que armaron en la UNEAC de Holguín al escritor Manuel García Verdecia y a mí. Me echaron como miembro de sus filas y como obrero de la entidad, se lo dejé a Dios, y en menos de tres meses botaron por ladrones a los culpables, al pintor y entonces Presidente de la UNEAC en la provincia, Jorge Hidalgo Pimentel, y a Sarah su secretaria ejecutiva, por ladrones, no fueron a prisión porque resultaron ser dos chivatos de la policía.

La lista de mis tropiezos con los políticos, y la policía política, es larga. El paso definitivo lo di cuando los dirigentes de cultura provincial en Villa Clara me dejaron en la calle, “sin este centavo” para sobrevivir en una ciudad que es mágica, angelical, con algunas magas, y pocos ángeles. Todo por haber publicado en la revista independiente Cuadernos de Pensamiento Plural.

Deambulé de un lado a otro como un apestado, sopesando si dormir en terminales, parques, iglesias o bajo puentes. A partir de ahí sentí paz, solo Dios sabe. Seguidamente me censuraron en la Editorial Capiro mi libro de poesía Salón del reino, aún permanece inédito, y mi libro Casa de aguas fue retirado del concurso literario Premio Fundación de Santa Clara, junto a uno de Sergio García Zamora. Ahora esperan por editoriales foráneas que se decidan a arriesgarse con ellos; desde entonces yo no existo como escritor en mi país, y no me preocupa para nada ser el fantasma en el que me han convertido.

Soy un escritor independiente, me gano la vida con lo que escribo, sobrevivo en mi patria como puedo, como amo.

¿Cuánto ha mellado en ti el hecho de estar hoy en los márgenes, de escribir desde la orilla de la isla y no desde el centro de sus mecanismos de promoción?

Yo tengo patrones, amigos que disfrutaron la paz de saber qué es sentirse en libertad, la de ser uno mismo; fueron encarnizadamente humillados, y salieron iluminados del calvario, Guillermo Vidal, Zoelia Frómeta, Amir Valle, Rafael Alcides, Carlos Manuel Pérez, Francis Sánchez, Luis Pérez de Castro, Ángel Santiesteban, Jorge Olivera, Víctor Manuel Domínguez, Raúl Rivero, María Elena Cruz, Michael Hernández, tú mismo, y tantos; lástima la extensión del listado en el que se pueden incluir muchos más nombres: hoy sé que todos fueron, y son, unos adelantados de la patria que queremos, soñamos, para los cubanos dentro y fuera de la isla.

Ya no me duele no ser incluido en cuanto evento se hace en el país, como en los años en que mi nombre estaba entre los primeros recordados para formar las listas de invitados, mucho antes de haber publicado mi primer poema. Ya me sané del “eventismo”. Ahora siento lástima de los conocidos que huyen de mí porque no les conviene que los vean en mi compañía. La película se repite, es una noria, un tíovivo, el círculo vicioso del cubano.

No he dejado de asistir a los lugares que me interesan, no me resigno a dejar de amar, no he anulado al ser que soy, y que no dejaré de ser, aunque me descueren vivo, no me curaré, no dejaré de disentir. Y me digo: aun después de tus tropiezos y zancadillas, publicaste en Miami, a través de Neo Club Ediciones. Al parecer siempre hay una puerta abierta para los creadores libres.

Me alegra que las puertas de las editoriales se abran a mis libros, que mi condición actual sea de un creador libre, independiente. Respirar la libertad me ha hecho todo el bien que Dios ha deseado que respire, vea, sienta, escuche, viva.

 

Rafael Vilches Proenza, Vado del Yeso, Cuba, 1965. Lic. Educación Artística en Artes Plásticas. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, 2004, El único hombre, poesía, Ediciones Orto, 2005; y 2010, País de fondo, Ediciones Orto, 2011. Premio Nacional de Poesía, De la Ciudad, 2005, Trazado en el polvo, Ediciones Holguín, 2006. Premio Nacional de Poesía, La Enorme Hoguera, 2006. A ambos lados la sombra, inédito. Mención Nósside Caribe, 2005. Mención Premio Poesía UNEAC Julián del Casal, 2007. Premio Nacional de Poesía, Centenario de Emilio Ballagas, UNEAC, 2008. Tiro de gracia, Ediciones Holguín, 2010. Otros libros: Ángeles Desamparados, novela, Ediciones Bayamo, 2001, http://www.elbarcoebrio.com, España, 2012. Dura silueta, la Luna, poesía, Ediciones Bayamo, 2003. Lunaciones, Editorial Independiente LetrAbierta, La Habana, 2012. Café Amargo, poesía, Editorial Neo Club Ediciones, Miami, EEUU, 2014. Textos suyos han aparecido en España, Italia, New Zealand, Alemania, Puerto Rico, México, Honduras, Brasil, Chile, Canadá, Argentina, EEUU y Cuba.

Entrevista publicada en el portal de asuntos cubanos Martí Noticias.

Defender la voz de “los que no tienen voz”

Luis Felipe Rojas. Foto: JOsh Siegel.

Luis Felipe Rojas. Foto: Josh Siegel.

Reportaje del periodista Josh Siegel. The Daily Signal, Febrero10, 2015.(Fragmento).

(…)

Recientemente refugiado, el cubano Luis Felipe Rojas, reportero en los Martís, agradece la oportunidad de poder informar sobre las noticias libremente.

Rojas, un hombre bajo y serio con un rostro cansado y una argolla como pendiente, hizo un blog de noticias que ahora tiene un impacto de unas 250.000 personas siguiéndolo dentro (y fuera) de Cuba (Cruzara las alambradas).

“El gobierno se esforzó mucho para detenerlo”, dice Rojas, traducido por (Natalia) Crujeiras desde su Español al Inglés.

En los últimos dos años antes de venir a los Estados Unidos, dice Rojas que fue sometido a más de 20 detenciones arbitrarias y malos tratos físicos a manos de la Seguridad del Estado, todo por hacer un trabajo que pocos se atreverían a intentar.

“Yo tenía que hacerlo, de lo contrario nadie querría”, dice Rojas. “Yo pensé que tenía que hacerlo”

Luego me decidí a solicitar los beneficios del programa de refugiados después de darme cuenta de que me estaba convirtiendo en un blogger y periodista independiente menos eficaz. [En los últimos tiempos sólo en raras ocasiones] tuve la oportunidad de tomar fotos o participar [como periodista] en eventos relacionados con la sociedad civil o recoger datos relacionados con violaciones de los derechos humanos por parte del régimen cubano”.

Rojas se trasladó a los Estados Unidos el 25 de octubre de 2012, en virtud de un programa de refugiados que el gobierno de Estados Unidos ofrece los cubanos que son perseguidos por su opinión, acciones de la resistencia pacífica o por sus preferencias religiosas.

Rojas había estado trabajando con Radio Martí desde 2006, de manera independiente, pero asumió un papel a tiempo completo después de mudarse a Miami.

Hoy en día, es el anfitrión de un programa de radio de conversación y con salida diaria llamado Contacto Cuba y escribe para el sitio web martinoticias.com

Ahora, cuando informa sobre las personas que viven en Cuba, se siente como si estuviera contando su propia historia.

“La gran diferencia ahora es que escucho a nuestra audiencia y las personas que son los protagonistas de las noticias de la sociedad civil, y puedo ayudar a distribuir y amplificar su voz”, dice Rojas. “Eso era antes mi voz. Siempre debemos defender a los que no tienen voz”.

Puede encontrar el artículo completo en Inglés AQUI.

Jorge Olivera Castillo contra la soledad y aspereza de los carceleros

Jorge olivera Castillo, escritor cubano.

Jorge olivera Castillo, escritor cubano.

Autor de siete libros de poesía y cuento, traducidos a varios idiomas, pero están proscritos en Cuba. El escritor fue sancionado a 18 años de cárcel en la Primavera Negra de 2003, pero los rigores de la prisión no le robaron las ganas de hacer literatura.

J orge Olivera Castillo (La Habana, 1961) es un persistente poeta y periodista independiente que, antes, fue soldado en Angola y editor de la televisión cubana. Sus ideas lo han llevado al ostracismo, la cárcel y la censura sin que ninguna de las tres condenas públicas haya mellado su búsqueda de la belleza.

Los poemas que escribió en las noches de la tenebrosa Prisión Provincial Combinado de Guantánamo, donde estuvo preso por “atentar contra la seguridad nacional”, en la causa conocida como la Primavera Negra de 2003, le han servido hoy para describir cómo un hombre se aferra a la vida por encima de las calamidades a que lo someten los que detentan el poder.

Por si el periodismo y la literatura que crea desde su propia cueva en la Habana Vieja no le bastaran, Olivera Castillo es Presidente del Club de Escritores de Cuba, un espacio que creó junto a sus colegas a fuerza del ninguneo oficial y donde lo mismo comparten las lecturas del Premio Nobel de Literatura Czeslaw Milosz y de Reinaldo Arenas, que reciben a escritores de provincia, hastiados ya de los premios y las editoriales atiborrados de comisarios culturales.

En esta entrevista que concedió a Martí Noticias, el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba (2014) conversó sobre los cuentos escritos y sacados de la prisión para defender que la creación literaria es una manera de empujar el carro de la libertad.

Voy a empezar casi por lo que me atrevería a decir ha sido el capítulo más sensible de tu vida y obra literaria: ¿Cómo es que después de una condena de 18 años, vejámenes, presiones psicológicas y todas las prohibiciones, has podido seguir escribiendo aunque cumpliste menos de dos cuando la Primavera Negra de 2003?

Aunque parezca contradictorio, paradójico, la chispa literaria derivó en un gran fuego durante mi etapa de cautiverio. En mi encierro en una celda de aislamiento, durante más de nueve meses, fue que las musas me visitaron con mayor asiduidad. No podría explicar el porqué de esto. Son los misterios de la vida. Hechos hasta cierto punto a ubicar en la antípodas de la lógica.

El acto de escribir resultó una especie de refugio. A casi 11 años de haber sido excarcelado, mediante una Licencia Extrapenal por motivos de Salud, una especie de libertad condicional, no tengo dudas de que escribir, sobre todo poemas, en una esquina del camastro o sentado en el piso, pues nunca tuve la dicha de tener una mesa ni silla, fue un remedio contra la soledad y la habitual aspereza de los carceleros. Anteriormente había escrito algo, poesía y cuentos, específicamente en la segunda mitad de la década del 90, pero te repito la cárcel fue el impulso definitivo para convertirme en huésped permanente de la creación literaria.

Desde el retorno a mi hogar, y a pesar de los peligros que me acechan, por continuar ejerciendo el periodismo independiente y la escritura al margen de las instituciones oficiales, no he perdido la facultad de crear historias de ficción o versificar los temas que me conmueven. Quizás en circunstancias menos hostiles no hubiese podido desarrollar una producción literaria tan feraz. Ya son ocho libros. Espero que la inspiración no me abandone. Todavía me quedan muchas cosas por decir. Ojalá y Dios me conceda salud y tiempo para hacerlo.

¿Qué se lee o se puede leer en prisión? ¿Cómo se piensa en la creación artística desde una celda? ¿Qué te ha servido de aquel extrañamiento que viviste? ¿Recuerdas alguna obra en particular que te haya ayudado es casi un eufemismo a pasar las noches o los días?

En realidad, la censura no fue tan exhaustiva. A menudo quienes revisaban los libros y revistas eran personas de muy bajo nivel cultural. Tenían que descubrir algo muy explícito para impedir la entrega. Tengo que decirte que solo podía leer mientras hubiera claridad. En la noche los enjambres de mosquitos y la escasa iluminación hacían imposible la lectura. Con la llegada del crepúsculo, obligatoriamente tenía que cobijarme bajo el mosquitero.

La prisión sólo sirvió para estimular algo que estaba ahí…

Respecto a la creación, desde pequeño tuve la sensibilidad para captar las claves del arte sobre todo de la música y la literatura. O sea, la prisión sólo sirvió para estimular algo que estaba ahí. Ante el desafío del cautiverio, el ser humano debe darse a la tarea de construir mundos alternativos en su mente. Es la única manera de escapar del tedio y del sufrimiento que traen esos días que parecen semanas, esos meses que parecen años. Quien no lo haga, cada quien a su manera, podría fácilmente terminar en la locura.

Lo que vi en mis casi dos años tras las rejas jamás podré olvidarlo. Fui testigo de escenas dignas de los mejores exponentes de la literatura que recrea al hombre frente a situaciones límites, algunas alucinantes que sólo las concebía en un libro, una película, pero nunca en tiempo real, frente a mis ojos. Todo lo que leí o releí me sirvió como alimento creativo y para salir de lo que sin lugar a dudas definiría como una parcela del infierno.

Cortázar, Borges, O’Henry, Maupassant, Chéjov, Huidobro, Neruda, Hemingway, Whitman, por solo mencionarte algunos, fueron escudos contra la tristeza y el dolor de estar a más 900 km de mi lugar de residencia en La Habana, en la mayor prisión de la ciudad de Guantánamo, recluido en aquella celda de tres metros de largo por dos de ancho.

Un libro que jamás olvidaré y que me impactó sobremanera fue la autografía de Nelson Mandela, El largo camino de la libertad. Es admirable la capacidad de resistencia de este hombre ante situaciones tan duras. Un ejemplo de lo que es la convicción y el coraje. Un paradigma del sacrificio y de la esperanza de que el bien al final se impone sobre el mal.

¿Cómo pasaste de ser un soldado internacionalista y trabajar en un medio tan asfixiante como la controlada televisión cubana a escribir denuncias y opiniones desde el periodismo independiente, libre, temerario casi?

El desencanto fue gradual. Un proceso de toma de conciencia, de preguntas que me hacía sobre los diversos problemas sociales, políticos y económicos creados por el sistema, todavía presentes y que explican el desastre nacional. Participé en la guerra de Angola como un simple soldado desde 1981 hasta 1983. Allí pasé el servicio militar obligatorio. Fue otra experiencia muy difícil. Imagínate vivir en trincheras durante 26 meses, tomando agua contaminada y con la compañía permanente de ratas o serpientes venenosas. Allí conocí, en dos oportunidades, lo que es un bombardeo aéreo. Después del regreso, pude formarme como editor de televisión. Fueron 10 años en este trabajo en que participé en la realización de múltiples programas dramáticos, infantiles, humorísticos e informativos. Era uno de los que contribuía a elaborar un producto audiovisual marcado por la censura.

Durante mi estancia en los servicios informativos, donde se realizan los noticieros fue que pude conocer los entresijos de la manipulación en beneficio de la ideología gubernamental. Llegó un momento en que tuve la necesidad de definirme. No podía continuar bajo las coordenadas de la doble moral. Di el paso y me convertí en uno de los fundadores de la prensa independiente. Ya son 20 años entregados a la causa de la libertad de expresión sin interrupciones.

Tus cuentos de la cárcel, con el horror vivido allí, se mezclan con tus deseos por pulir la poesía, la palabra, como si fueran joyas muy valiosas. ¿Qué te ha impulsado a salvar la belleza a toda costa?

La belleza es unas de las tablas de salvación en este mundo tan convulso. No se puede vivir sin ella, hay que buscarla en los entresijos del dolor y te digo que se encuentra. Junto a las sombras de la vida debe haber al menos la tenue llama de una vela y eso depende mucho de nuestra actitud. Hay que buscarle sentido a la existencia y aunque parezca un exceso de optimismo, siempre hay puertas que conducen a mejores destinos.

Es cierto que mis cuentos de la cárcel retratan el espanto y la animalización del ser humano, pero no toda mi obra tiene el sello de la aflicción y el desánimo. Tanto en la prosa como en la poesía que hago está el reflejo de todos los estados de ánimo que nos visitan. No siempre podemos tener una sonrisa a flor de labios, ni tampoco un sentimiento de derrota clavado en la psiquis desde que amanece hasta la noche. Somos una suma de sentimientos, a veces contradictorios, pero con los que hay que lidiar.

Considero que en cada poema debe estar presente la belleza, independientemente del tema. Este género exige de quien lo cultiva un olfato único para detectar las esencias del objeto o sujeto sobre el cual se escribe. La poesía debe comunicar un mensaje sereno, atractivo, conmovedor. Nada que ver con el mal gusto.

Llevas más de 20 años denunciando y dando opiniones sobre lo mal que va tu país. Algunos pudieran tildarte de reiterativo. ¿No estás cansado? ¿Hay alguna fórmula para mantener la constancia de un par de columnas semanales apuntando al mismo sitio que cuando empezaste?

De veras que, pese a los 22 años que llevo en estas lides, dos en el sindicalismo y 20 en la prensa, no estoy cansado. Por supuesto que no es lo mismo. Trabajar en estas condiciones durante tanto tiempo tiene sus consecuencias. Recuerda que se trata de un régimen de corte totalitario, donde la impunidad y el rigor represivo no es cualquier cosa.

Yo he pasado por todo: Arrestos temporales, actos de repudio, amenazas, campañas de desprestigio, condena a prisión. Han hecho todo lo posible por destruirme, pero aquí estoy. Pude acogerme al destierro en el 2010, pero rechacé esa opción. Espero poder ver los resultados de mis esfuerzos. Aspiro a que algún día se legitimen los derechos fundamentales en Cuba, entre ellos la libertad de prensa, una de las principales razones que me dan fuerzas para continuar.

Considero que no existen fórmulas definitivas para mantenerse escribiendo por mucho tiempo desde las filas del periodismo independiente, sin caer en repeticiones ni otros fallos que afectan la profesionalidad. Hay que ser creativos, esforzarse por pulir el estilo, evitar el panfleto y hacer énfasis en la objetividad.

Está comprobado que nunca fuiste bien visto en las editoriales oficialistas cubanas. ¿Cómo te hiciste de las manos extendidas de tus amigos para publicar casi 10 libros en estos géneros de los que hemos hablado si tenemos en cuenta que estos libros salieron desde España, República Checa, Polonia, Estados Unidos y Argentina?

Te confieso que he tenido mucha suerte en la publicación de mi obra y sobre todo que haya sido traducida a varios idiomas. En esto han contribuido muchas personas a las cuales reitero mis agradecimientos. No quisiera mencionar a entidades o personas, por temor a dejar fuera a alguien. En el verano saldrá mi octavo libro. Gracias a la existencia de internet, con todas las dificultades que se suscitan en Cuba, en cuanto a precios, lentitud y censuras, es que he podido realizar los contactos para viabilizar las respectivas publicaciones.

Me gustaría dedicarme por entero a la Literatura, pero sé que es un deseo que raya en la utopía. El periodismo me consume casi todo el tiempo y las energías.

En el 2014 recibiste el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba. ¿Qué crees que se haya premiado, tu obra o tu posición vertical frente al régimen y el consiguiente ostracismo al que has sido condenado? Esto pudiera levantar ronchas en el gremio de escritores

Como bien se estipulaba en la convocatoria, no sólo se tendría en cuenta el valor cualitativo de la obra sino la trayectoria en la lucha por la libertad de expresión. Fue una votación transparente y tuve la suerte de obtener la mayor cantidad de votos. Así de sencillo.

Creo que, salvo honrosas excepciones, los escritores, artistas e intelectuales del gremio estatal no han estado a la altura de los tiempos. Han sido excesivamente fieles al silencio cómplice, han apoyado con su firma hechos abominables, sin retractarse, y una parte de ellos en la actualidad son las piezas de un juego donde se pueden criticar ciertas cosas, siempre con la consabida aclaración de mantener su lealtad al proceso que, desafortunadamente, continúan tildando de revolucionario y socialista. En fin, un verdadero fraude.

Obras de Jorge Olivera Castillo:

Confesiones antes del crepúsculo (Poesía. Ed. Proyecto de Bibliotecas Independientes, Miami-2005), Huésped del infierno (Cuento, Ed. Aduana Vieja, Cádiz, España, 2007) En cuerpo y alma (Poesía. Praga, R. Checa, 2008), Cenizas alumbradas (Poesía. Fundación Lech Walesa. Varsovia, Polonia 2010, editado en polaco y español), Antes que amanezca y otros relatos (Cuento. Fund. CADAL. BsAs, Argentina 2010), Sobrevivir en la boca del lobo (Poesía. Ed. Hispano Cubana. Madrid, España 2012), Tatuajes en la memoria (Poesía, Praga, R. Checa 2013). En el 2010 se reeditó En cuerpo y alma, en francés y español.IMG_3926

 

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