La guara cultural: “Te cambio un jardinero central por un ensayista exiliado”

foto: luis felipe rojas

foto: luis felipe rojas

A propósito del otorgamiento del Premio de la Crítica (en Cuba) al ensayista cubano Roberto González Echevarría. El filólogo lo ganó con un libro publicado en Ediciones Capiro, de Santa Clara.

Hemos vuelto atrás 200 años, la época del trueque:

-“Te cambio un jardinero central por un ensayista exiliado”-, dijo Mandamás.

-Déjame pensarlo bien-, respondió Queentrentodos…. ¿Por qué no te llevas un médico de la salsa? Así matas dos pájaros de un tiro: lo envías a combatir el ébola y completas el Conjunto artístico de la Brigada médica cubana en África.

El intercambio cultural, los cimarrones y los rancheadores

Perro y rancheador/pintura cubana.

Perro y rancheador/pintura cubana.

Mi colega Juan Juan Almeida ha escrito otra diatriba contra los que gritan a voz en cuello que pedir permiso a quien te botó de casa es un acto de humillación. Lo ha hecho escudado en el regreso del bolerista Pancho Céspedes bajo la invitación oficialista que le ha extendido su colega Leo Brouwer.

Almeida Jr. desenfunda el fárrago de que estamos confundidos “entre la vida real y las noticias”, que “Perseverar no es sinónimo de sumisión…” y califica de sinsentido el hecho de que los exiliados cubanos no les insistamos demasiado a quienes nos expulsaron de ese país que Pancho Céspedes gozará luego de un permiso del gobierno castrense, que a estas alturas del siglo XXI, y ante la exigua lista de dictaduras militares, adquiere la connotación de ‘Castrista’.

La polémica desatada semanas atrás entre el entrañable Paquito de Rivera y quienes defienden el acto de poner la cara ante la bota militar de La Habana (a ver si no les dan el cachetazo) volvió a sacar los trapos al sol del exilio cubano, un hecho puramente democrático y saludable para cualquier ser humano.

Estoy en contra de quienes argumentan que los trapos se lavan en casa: sencillamente los cubanos no lo podemos hacer porque no tenemos casa, o porque está ocupada hace más de medio siglo por una banda de facinerosos que se creen dueños de la isla que casi todos extrañamos. Grande Estados Unidos que permite lo hagamos aquí… y a la cubana.

No creo que exista voluntad por parte de quienes desde un Palacio en La Habana usan el intercambio cultural con una talanquera en el Aeropuerto Internacional José Martí o la Sección de Intereses en Washington. A estas alturas la única posibilidad que deja el aparato castrista es que los artistas y escritores pidamos permiso para regresar al país que nos vio nacer, y no en mi caso, pero obligaría a muchos de mis paisanos en el exilio, en todos los exilios, a pedirle permiso a militares y funcionarios que no habían nacido cuando ellos se vieron obligados a salir de Cuba.

Los rancheadores

En el artículo que Almeida Jr. publicó en Martí Noticias refiere unas gestiones que hizo (por ser hijo de un comandante guerrillero) junto a su padre para que Céspedes cantara en público hace unos años en Cuba.  A la solicitud del bolerista Juan Juan le llama ‘perseverancia’ e insiste en que lo consideremos “una obsesión contagiosa” (pero no cita a los contagiados, ni falta que le hace).

La lógica de quienes defienden el término “intercambio cultural’ parece ser la de insistir en el regreso sin mirar a las causas que motivaron la partida. En ese sentido el hijo músico de Ramiro Valdés pudiera hacer las veces de traductor entre los pianistas exiliados y las malas pulgas de su padre, un pistolero con buena puntería y al que no le salen las guarachas como al fallecido Juan Almeida, pero sí los decretos militares y los cuños de Prohibición definitiva de entrada al país.

Una parte del estado de opinión defiende a mordidas una avalancha de artistas cubanos frente a los consulados rogando ser recibidos en La Habana, y con ellos a miles de cubanos más, pues si no lo habían pensado estos estrategas, no hay hecho cultural sin público para aplaudir.

De la manera que nos quieren vender el cacareado intercambio parece una brigada artística de montaña que regresa a los campamentos de cortadores de caña o zonas devastadas por un ciclón y que sólo lo puede hacer para un público escogido por los que controlan la zona de desastre.

El venidero 27 de septiembre Pancho Céspedes cantará (o no) “La vida loca” en el teatro “Karl Marx” de La Habana, así “responde” a una invitación del guitarrista Leo Brouwer en la inauguración del VI Festival de Música de Cámara. Almeida Jr. y sus seguidores creen que dedicará “un pensamiento para quienes usurpan el trono de la isla: aquí estoy, lo logré”, dirá Céspedes (piensa JJ). Yo no lo creo, es más, resulta infantil lanzarle trompetillas (desde su “pensamiento”) a quienes hacen presencia física y le han puesto rostro, nombre, cuño y firma a cada acto represivo que han cometido, sin sonrojarse.

En una telenovela cubana un negro esclavo escapa de los barracones, huye al monte machete en mano, pero al ser capturado por los rancheadores lo obligaban a cargar un peñasco y cantar encadenado a pies y manos: “Yo soy Juan Calesero, el que le levantó la mano a su amo…”.

Enrisco no quiere guara

enrisco escruta al auditorio/by luis felipe rojas

enrisco escruta al auditorio/by luis felipe rojas

La campaña por el próximo líder cubano ha salido del exilio, y no vemos que sea de mejor mano que la de Enrisco, el manual presentado el pasado jueves en Books and Books así lo demostró. “Enrisco para presidente” tiene dos logros que lo van a llevar definitivamente a donde él quiere… y no nos ha dicho.

Lo primero es que Enrisco no quiere guara, concomitancia ni juntadera. Con los dientes afilados con que la ha emprendido nuevamente contra Todólogo en jefe, no debemos siquiera acercarnos a él (a Enrisco). Esta vez ha sido fulminante. La manera en que el también autor de “Siempre nos quedará Madrid” describe a un FC como El señor de los bombillos o la idea loca de intentar convencernos (FC) de que la dignidad vale más que todas las medallas olímpicas que no hemos vuelto a ganar… ni a soñar, hace de Enrisco un contendiente temible, con la pista libre para las elecciones venideras ¿?

Hace rato no me divertía tanto con algo tan serio como la desgracia nacional. Y ese es el otro mérito de la velada del jueves 11 de septiembre (¿?). La mordacidad fue una de las joyas que perdió esa joya que fue el periodismo cubano hace mucho tiempo, por lo menos el que se hacía dentro de la isla. La mordacidad y el cuero, el chucho y las ganas hacer reír aunque sea a costa del otro, nosotros todos. El sin par Ramoncito Fernández-Larrea puso la nota alta con su presentación del próximo presidente, asegurándose de paso que le den una ‘cartera’ de ministro, para desentonar.

Una noticia ha estremecido a círculo cínico de lectores ‘enrisquianos’. Nuestro gurú anit-muela, se despide de los asuntos humorísticos, y casi de las pendencias cubanas de la última centuria. Por eso esto no puede ser una reseña, una crítica, sino la huella de una noche de jolgorio y abrazos, de cubanos que han elegido la risa ante la tragedia nacional. Un presidente como Enrisco toma distancia para su vuelo final, y en ese momento no quiere guara con nadie… para seguir la tradición.

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Michael H. Miranda: para (no) vivir en un país extraño

Michael H. Miranda. Foto: Martha María Montejo.

Michael H. Miranda. Foto: Martha María Montejo.

Michael Hernández Miranda (Holguín, Cueto, 1974) ha venido desde el lejano Oeste (College Station, Texas, donde prepara su tesis de doctorado) para mostrarnos su primer poemario escrito a medio camino entre Cuba y Estados Unidos. En país extraño (Silueta, 2014) es la oferta para el próximo 7 de agosto en el Centro Cultural Español de la Ciudad del Sol.

Miranda es un editor de libros escritos a orillas de la provincia, durante años trabajó para la editorial de la localidad cubana en que vivía, y luego de algunas escaramuzas po hacer una promoción alternativa (Revista Bifronte, 2005-2006), salió hacia Estados Unidos, donde ha colectado un racimo de poemas que trae envueltos en un país que no le parece muy “extraño”.

Más de una década después de publicado su primer poemario, Viejas mentiras de otra clase (2000), Editorial Silueta nos presenta En país extraño. Es una amplia selección de textos donde Michael abre una abanico de posibilidades entre la fuerza de las imágenes que va levantando de sus lecturas diarias, el fruto de sus mejores conversaciones y el pedigrí de ser un paria, un hombre que no mira más hacia atrás. Este, parece un libro de las despedidas, pero es un libro de otros comienzos, esos que se traza un ser humano cuando comprende las otras amplitudes que le ofrece el mundo.

“no hay nada en el mundo llamado hombre o mujer/ hemos buscado hasta la desesperación algo más allá de nosotros/ mismos. nos queda el silencio. nos queda la soledad como/ una espada de cobre que se multiplica.”

Lo mejor de meterse de cabeza en este “país extraño” es que se lee sin pensar en el golpe de las generaciones que tanto daño ha hecho en los últimos años en Cuba. La isla se desguazó entre críticos y advenedizos que intentaron enmarcar una foto que no había. Para leer “todo lo que no digo ni diré tiene el sabor del agua” no hace falta una cartografía grupal. Michael (Hache) Miranda lo ha entendido a la distancia de cinco años fuera del muro ficticio de su otro país. Estamos en presencia de un poeta que pone la palabra por encima de cualquier prebenda. Y Michael viene de un país donde esa simple acción cuesta bien cara.
Un esfuerzo editorial

Este poemario se ubica entre la última decena de libros publicados por Silueta y la obra encomiable de cubanos que aparcaron su obra literaria lejos de los falsos reflectores, más allá del compromiso de los aplausos. La editorial Silueta viene marcando las huellas de la literatura cubana, y lo hace hacia delante, abriendo un camino… o sus alas, para que otros escampen de tanta censura del país del que han partido. Es algo que se agradece de antemano.

Miami ha sido tildada de ser “un desierto literario” y lugar “del cubaneo”, acepciones lanzadas de manera peyorativa. Sin embargo en la ciudad floridana se han asentado desde 1959 destacados intelectuales cubanos que escaparon de la represión y la censura en la isla.Economistas, ensayista y filólogos han ocupado importantes cargos en centros educacionales de la localidad como la Universidad Internacional de la Florida (FIU) o el Miami Dade College (MDC). En los últimos lustros las pequeñas editoriales se han encargado de promover y comercializar la obra de los escritores cubanos, dispersados por diversas partes del mundo. A Silueta se unen Neo Club Ediciones y Alexandria Library, entre otras.

En una rápida lectura se comprende que estamos invitados a una poesía sin amarres lingüísticos: “desnudo estaré cuando vuelvan a preguntarme/ de dónde vienes.// y diré: tengo una palabra aquí/ una palabra / sola/ dura de matar/ una palabra / isla/ dura de matar/ una palabra / balazo en la cabeza.// la isla es un punto cardinal en esta fiesta.// a quién le debo yo mis dos orillas.”

Michael Hernández es también autor de los poemarios Las invenciones del dolor (2001) y en óleos de james ensor (2003). “Poemas, narraciones y artículos suyos aparecen en varias antologías, selecciones y publicaciones periódicas en España, México, Canadá, Estados Unidos y Cuba, entre otros países. Vive en USA desde 2008”, indica el catálogo de la editorial que lo publica hoy.

El poeta reside en College Station, Texas, donde escribe una tesis sobre la narrativa cubana en el exilio. La presentación será a las 7:00 pm y estará a cargo del destacado ensayista y profesor Joaquín Badajoz.

Todos los exilios son posibles

Cuando digo exilio, no hago más que pensar en la palabra vida. Eso fue lo que me sucedió en el encuentro “Lucha de liberación contra el castrocomunismo”, que generosamente coordinara el escritor Julio M. Shiling, y que se llevó a cabo en la West Dade Regional Library de Coral Way, Miami, el pasado 10 de Julio.

Al conversatorio asistieron nada más y nada menos que los conocidos ex presos políticos Ángel de Fana, Agapito “El Guapo” Rivera, Jorge Gutiérrez “El Sherif” y otros más que hicieron un panorama de la lucha insurreccional desde 1959 hasta la fecha.

Me conmovieron las palabras de De Fana y sus esperanzas en una Cuba futura. 20 años de cárcel no parecen haber hecho mella en los bríos de este hombre que enfrentó la tortura y el horror carcelario del régimen castrista. “Debemos luchar, no por la Cuba que perdimos sino por la que nos espera en lo adelante”, le escuché decir.

Agapito, un guajiro conocido por haber combatido en los llanos del centro de la isla contra las milicias y el ejército formal, habló del valor de quienes le acompañaron en aquella proeza (no hay otro nombre para denominar esta acción). La pérdida de 11 familiares no le han hecho un hombre rencoroso, aunque a cada palabra aflora el dolor por un país que pudo ser. “Nadie sabe el dolor que se siente al saber de la muerte del menor de los hermanos que has llevado a la guerra”, dice quien se ganó el apodo de “El Guapo” en las prisiones en donde intentaron doblegarlo durante los largos 25 años que estuvo sin probar la libertad. Su liberación en 1988 debe haber sido un alivio para sus carceleros, según las anécdotas que cuentan quienes compartieron galera, pasillo y celdas de castigo con Agapito.

Otro tanto vivimos con el relato de Jorge Gutiérrez, que desembarcara en uno de los Team de infiltración, días antes de la expedición cubana por Bahía de Cochinos. La pérdida de los amigos que le habían despedido días antes, el sabor amargo por la decepción de una ayuda prometida y que nunca llegó, fueron relatados detalladamente por Gutiérrez con una dinámica que no dejaba lugar a las dudas.

La otra lucha, el mismo país

Lo mismo Roberto Luque Escalona que Normando Hernández relataron vivencias de lo que se conoce como la lucha de resistencia pacífica, que aunque tiene sus detractores en ambas orillas de la isla, dio lugar a una de las muestras de respeto que merece Cuba.

Los que antecedieron a Luque y Hernández reconocieron la coexistencia de ambos métodos, sin soslayar uno u otro. Tanto Luque como Hernández ahondaron en anécdotas que ilustraron la defensoría de los derechos humanos, el enfrentamiento a una soldadesca más sofisticada, que aunque asistida por Moscú desde sus inicios fue refinando los métodos de represión de la tortura física a la sicológica: al punto que a principios de 1980 muchos países ignoraban lo que sucedía en la isla del Dr. Castro. Hasta entonces la mayoría de las naciones hace caso omiso de la ausencia de libertad en Cuba.

Ha sido una buena oportunidad, un retrato apaisado de miles de cubanos que no caben en una foto única. Se agradece la labor de Shiling y su insistencia en que se conozca más de la historia no contada de la resistencia contra el comunismo en Cuba.

La masacre del río Canímar: 34 aniversario

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Por Enrisco

 Hoy 6 de julio se cumple el 34 aniversario de lo que se conoce (muy poco por cierto) como “la masacre del río Canímar”. Porque 14 años antes del hundimiento del remolcador “13 de marzo” hubo un acontecimiento casi idéntico del que el régimen cubano salió mejor librado incluso que del crimen de 1994. En los mismos días en que todavía se estaba produciendo el éxodo del Mariel tres jóvenes intentaron secuestrar una embarcación turística en el área de la bahía de Matanzas tripulada por entre 60 y 100 personas. Mientras intentaban escapar fueron perseguidos y ametrallados por las autoridades y luego hundidos. El número exacto de víctimas todavía se desconoce aunque se fija alrededor del medio centenar de personas, entre ellas un número indeterminado de mujeres y niños. (“El número preciso de víctimas quedó en secreto, pero se cuentan al menos 56, incluyendo niños de 3, 9, 11, y 17 años” nos dice un informe de Archivo Cuba). Sólo sobrevivieron diez personas y se rescataron 11 cadáveres.

Su importancia, digamos, “histórica” es que nos sirve por una parte para determinar que el hundimiento del remolcador “13 de marzo” no fue un hecho aislado sino apenas uno de los puntos más sobresalientes en una política sistemática encaminada a reprimir por todos los medios –incluido el asesinato- a los que intentaban escapar de la isla. La otra es que explica mejor el hundimiento del remolcador al funcionar como una suerte de ensayo general: quien tomó la decisión de hundir el remolcador (y dada la transcendencia de la decisión lo más lógico es que fuera el propio Fidel Castro) debió recordar la escasa repercusión internacional de la masacre ocurrida catorce años antes y pensar que, en efecto, serviría como gesto intimidatorio a nivel interno sin que el precio a pagar en términos de relaciones públicas fuera demasiado caro.

Por si quedaran dudas del nivel de implicación de las más altas autoridades del país en el crimen debe saberse que a Julián Rizo Álvarez, quien era el secretario del Partido Comunista de Matanzas y dio la orden del ametrallamiento, lo ascendieron cinco meses después a la Secretaría del Partido Comunista a nivel nacional en el II Congreso del PCC.

 

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Este post apareció originalmente en el blog de Enrisco, el Domingo 6 de Julio de 2014.

Tony Ávila: donde manda capitán, no manda trovador

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Como el buen vino, las discusiones acaloradas se dejan macerar, para que el tiempo pueda sacar las verdades a la luz. El caso del cantautor Tony Ávila va llegando a su fin, pero no con la decencia que esperábamos de alguien que tiene como meta profesional las relaciones personales como un resorte en su vida: fue maestro de Marxismo, atendió clientes en el sector turístico para extranjeros y de un tiempo acá se gana la vida cantando en público.

Volvamos al contexto inicial. Los conciertos de Ávila en Estados Unidos fueron suspendidos en el mes de junio debido a las acusaciones de Leticia Ramos Herrería de que éste participó en actos de repudio (aunque no afirmó que él las golpeara directamente) contra ella e integrantes del grupo Damas de Blanco.

El trovador negó de plano tales acusaciones y en un intento por salvar su viaje (ha revelado que pretendía girar por otros estados además de la Florida), invitó al grupo de mujeres, presuntamente agraviadas, a participar en un concierto que daría al regreso en su calle de la ciudad de Cárdenas en Matanzas. En esas declaraciones aseguró ser un hombre pacífico. “Como siempre, mis conciertos son de paz y alegría”, dijo en una carta pública.

La guitarra por el fusil

Si en la misiva que parecía una invitación a fumar la pipa de la paz afirmaba “Soy un hombre sensible y de pensamiento, respeto la manera de pensar de los demás”, no más poner un pie en tierra cubana, salía a flote el militante comunista forjado en las aulas de la Escuela Nacional del Partido “Ñico López”. No sé si la ha cursado, ni falta que le hace.

“…un grupúsculo de gente del corazón de la mafia cubanoamericana de Miami…”, así se refirió el matancero para referirse a quienes –aseveró- se presentaron en casa del empresario norteamericano a cargo de su gira promocional. Para nadie es un secreto que a pesar de la feroz propaganda unipartidista del régimen de La Habana, sólo una minoría de cubanos adoctrinados usan la palabra “grupúsculo” y el término “mafia cubanoamericana”, propios del portal Cubadebate y la televisiva Mesa redonda informativa.

El ‘hombre de paz’, el incapaz de ofender a nadie y que repudia “profundamente cualquier acto de violencia, maltrato o agresión”, olvida que los improperios constituyen también un vejamen a la dignidad humana.

En una entrevista concedida al sitio oficial Cuba Sí calificó de este modo a las activistas de derechos humanos: “Se sabe que a esta gente les pagan directamente desde allí y tienen que hacer cosas, tienen que justificar el salario, supongo que le hayan dado un buen aumento con esta historia ahora…”. Con esto se desmarcaba de sus defensores a ultranza.

Donde se vira con ficha

Tony Ávila deja en la desbancada a quienes, incluso desde Miami, se rasgaron las vestiduras insistiendo en que él es “solo un trovador” y que “no es un político”. A la vuelta de aquel percance el guarachero cubano aseguró estar convencido de su papel como “músico, como revolucionario”. Y el término ‘revolucionario’ desde hace 56 años en Cuba sólo tiene una acepción: fidelista.

Con lo anterior da pie a que su carta pública en las redes sociales fue un patinazo, producto de la rabieta por las ganancias que se fueron a pique tras la cancelación de las presentaciones en Miami y Puerto Rico. Una cosa es Facebook y otra bien distinta el periódico Granma. ¿Qué es eso, querido Tony -le habrían dicho- de estar invitando a “las mercenarias” a tu concierto?

Entre las repercusiones que dice haber tenido el incidente cita: “el objetivo es justamente, a través de cualquier persona que esté allí, cualquier músico, cualquier oportunidad que tengan,  atacar a Cuba y atacar a los cubanos…”, y una vez más vuelve, trastocando términos que están muy claro (no para él): régimen y nación. Cuba es la patria, no es el sistema totalitario que impera hace cinco décadas.

Por último, los que conocen al régimen de La Habana saben bien que ningún trovador, por muy Silvio Rodríguez que quiera parecer, puede invitar a un grupo disidente a participar de un concierto (a menos que sea para auto flagelarse). Esas indicaciones solo salen de dos tenebrosos ministerios: el del Interior y el de Cultura. Siempre, rigurosamente, en ese orden.

El grito de los niños

Alrededor de 30 opositores cubanos, pertenecientes al ilegal Partido Popular Republicano, lanzan flores al mar en homenaje a las víctimas del remolcador "13 de Marzo". Foto de archivo (martinoticias.com)

Alrededor de 30 opositores cubanos, pertenecientes al ilegal Partido Popular Republicano, lanzan flores al mar en homenaje a las víctimas del remolcador “13 de Marzo”. Foto de archivo (martinoticias.com)

por armando añel

Los hechos pueden ser resumidos de manera sucinta: el 13 de julio de 1994 –se cumplen hoy 17 años–, en horas de la madrugada, 72 personas intentaron escapar de la Isla a bordo de un remolcador. Hallándose a unos doce kilómetros de la costa habanera, otros tres remolcadores embistieron la embarcación, lanzando agua a presión sobre sus ocupantes. El 13 de Marzo fue sucesivamente golpeado –ya anegado– hasta que cedió, se quebró y hundió, con un saldo de 41 víctimas mortales, 23 de ellas menores de edad, incluyendo una bebé de seis meses.

Hasta ahora, el castrismo no ha mostrado la menor voluntad de esclarecer lo que desde el principio calificó de “accidente”. En el diario Granma, diez días después del hundimiento, apareció un artículo –firmado por Guillermo Cabrera Alvarez– donde se afirmaba, entre otras cosas, que “un grupo de trabajadores de la Empresa actuaron directamente defendiendo sus intereses. Comunicaron a Guardafronteras el hecho delictivo y asumieron ellos mismos la acción de detenerlos”. Con anterioridad, el mismo periódico había argumentado que “para tratar de obstaculizar la acción del robo (se refiere a la sustracción del 13 de Marzo), tres embarcaciones del MITRANS intentaron interceptarlo, y en las maniobras que ejecutaron para cumplir ese objetivo se produjo el lamentable accidente que hizo naufragar el barco”.

(…)

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