Víctor Domínguez explica cómo se zafó de la hoz y el martillo de Armando Hart

Víctor Domínguez. Foto: @alambradas

Víctor Domínguez. Foto: @alambradas

Víctor Manuel Domínguez (Bayamo, 1955) escribe desde una “barbacoa” en Centro Habana. Cuando se asoma a la calle y se asegura que un día la ciudad se puede desplomar del todo, empina un vaso de ron (“cuando aparece”), fuma largo y quedo y se vuelve a meter en esa cueva: A escribir poesía, a hacer periodismo para criticar a opositores y dictadores. Dice que no puede dejar de leer un solo día de su vida y que en raras ocasiones contesta entrevistas, como ésta que le puso Martí Noticias en el buzón hace unas semanas.

Después de más de veinte años escribiendo narrativa te apareces con un poemario Café sin Heidy frente al mar (NeoClub Ed., 2014). ¿Un giro en el lenguaje? ¿Una búsqueda formal o un sin remedio de casi todos los escritores?

En parte tienes razón. Fueron más de 20 años de escrituras sin tener esperanza de publicar. Pero el orden de los géneros fue al revés. Comencé escribiendo poesía. Mi poema “Que nadie me diga vine”, ganó el premio municipal, provincial y el segundo en el Encuentro Nacional de Talleres Literarios celebrado en el Hotel Jagua, Cienfuegos, bajo la hoz y el martillo cultural de Armando Hart.

Portada del libro Café sin Heydi frente al mar, de Víctor Domínguez.
Portada del libro Café sin Heydi frente al mar, de Víctor Domínguez.

Comencé en los tiempos de la entonces Brigada Hermanos Saíz de Escritores y Artistas Jóvenes, el Contingente Cultural Juan Marinello y el Movimiento de la Nueva Trova, que luego se fusionaron en la que es hoy Asociación Hermanos Saíz (AHS). También fueron tiempos de La Brigada Artística 4 de Abril, que reunía a los creadores “más destacados” de cada provincia del país, bajo la égida de la tenebrosa Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

En esa época, mi poemario Puntos de vistas, ganó el Premio Mangle, con derecho a publicación, mil pesos y un viaje a un centro recreativo provincial, con una acompañante. Pero por mis ideas políticas, mi comportamiento social contestatario y otras flores del mal de mi condición humana de no aguantar imposiciones de nadie y siempre decir la verdad, al menos la mía, no me dieron ni una ni otra cosa. Mi venganza fue que dos años más tarde gané mención de poesía en el Premio Caimán Barbudo.

Ahí fue cuando comencé a escribir narrativa, cuentos fundamentalmente. El color de los muertos, un remedo de realismo socialista enmascarado en el realismo mágico y en el estilo del Manuel Cofiño de Y un día el sol es juez, me llevó a otro evento nacional otra vez. Aunque por similares causas absurdas volví a quedar fuera del pastel. Ahí rompí con todo lo gubernamental.

En cuanto al giro en el lenguaje, es real. No sólo entre la lírica y la narrativa, pues aquellos poemas de entonces, tenían menos elementos, experiencia y corazón que Café sin Heydi frente al mar. De ahí nace un sí a tu doble pregunta ¿Una búsqueda formal o un sin remedio de casi todos los escritores? Fueron 20 años que invertí en leer de todo, escribir, y sobre todo aprender.

20 años de periodismo independiente publicando la columna Crónicas de Nefasto en Cubanet afloraron en Revolución a la carta. ¿Cuánto te ayudó el periodismo? ¿Cuánto hay de Víctor Domínguez en Nefasto?

El periodismo es una escuela para cualquier escritor. Y no hay que ser Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway o Mario Vargas Llosa para confirmarlo. El poder de síntesis, la rápida descripción, el verbo como un martillo y tantas cosas más que, sin embargo, en exceso, tienden a secar el caudal de humanizar imágenes para todos los gustos. Deja la palabra en la piel.

En cuanto a Nefasto, si Gustave Flaubert dijo que Madame Bovary soy yo, puedo considerar lo mismo y, salvando las distancias, de Nefasto. Él está hecho de mis vivencias y carácter. Juzga y vive con mi temperamento. No teme decir la verdad, usar la ironía y el sarcasmo. Respeta a quien merece respeto, pero tritura a cuanto farsante, hecho o situación presuma de lo que no es.

Nuestros bufos del siglo XIX, Eduardo Abela, Aníbal de Mar, Núñez Rodríguez, Guillermo Álvarez Guedes, Marcos Behemaras, Héctor Zumbado y demás parece te abrieron las puertas de casa. ¿Te sientes cómodo en la finca del humor? ¿Qué interacción has tenido con los destinatarios de tus crónicas humorísticas habaneras?

No hay dudas que todos esos maestros del humor que mencionas me ampliaron las puertas, pues desde niño comencé a empujarlas hacia el humor asomado a su ventana. No me considero simpático, pero siempre me han considerado ocurrente, cómico –qué palabreja– y muchos que me quieren bien, un humorista natural. A veces, al verlos reír sin ton ni son con mis cosas, me lo creo.

En verdad, me siento súper cómodo. Es algo que llevo dentro como el corazón, y me fluyen sus latidos con naturalidad, y aún más cuando siento taquicardias, es decir, estoy inspirado. La interacción es muy buena. Desde que Nefasto asomó un ojo en el semanario DDT y lo censuraron, Rosa Berre le abrió las puertas de Cubanet y lo promocionó, al igual que Juan González Febles en los últimos siete años en Primavera Digital, sólo me ha dado satisfacciones, incluidas las torcidas de ojos. Los seguidores de Nefasto son más de los que imaginaba, y no sólo dentro del país. Muy gratificante.

¿Cómo es escribir por años sin la esperanza de volver a publicar? ¿Sobre qué resorte estuviste para no desfallecer?

Te dije que soy testarudo e independiente hasta para conversar. Y cuando uno hace algo (en mi caso la escritura) y sabes que lo haces bien, o al menos no peor que los demás, pero te impide llegar la falta de sumisión, no ser adaptable ideológicamente, no dar el piojito a nadie y menos a un pelafustán con ínfulas de mando y sensibilidad de mandril, te crecen fuerzas para esperar por años. Esos resortes, más mi vocación de escribir a prueba de impublicable, me hicieron resistir.

Codiriges el Club de Escritores Independientes de Cuba, una especie de Pen Club. ¿Cómo funciona? ¿Qué hacen?

Soy el vicepresidente del Club de Escritores Independientes de Cuba. Lo preside mi hermano y colega Jorge Olivera Castillo. En cuanto a su funcionamiento, básicamente se centra en debatir las obras, luchar espacios, impartir talleres sobre todos los temas literarios a los integrantes, realizar trabajos comunitarios con los interesados, hacer campañas de lecturas, prestar libros, ayudar a quien necesite alguna orientación o corrección literaria. En fin, vivir y difundir la literatura.

Es enrevesado el camino de la censura. Los Estados totalitarios sorprenden a veces porque crean estigmas donde hay una válvula de escape. ¿Cómo definirías y describirías el proceso de lastrar la creación que ha existido en Cuba por más de 56 años?

Lo defino, como bien tú señalas, inherente al sistema totalitario. Según expresara el Premio Nobel de Literatura, el nigeriano Wole Soyinka, durante una intervención en la Casa de Las Américas: “Lo primero que hace un régimen totalitario es atacar a la intelectualidad“. Y eso es lo que ha pasado en Cuba por más de medio siglo. Y lo dijo en medio de los comisarios, censores, correveidiles, burócratas culturales y otras pulgas del perro comunismo disfrazado de política cultural de la revolución cubana. Algo aberrante en un mundo abierto a la intercomunicación.

Si alguien desea ejemplo, ahí están en el olvido el suplemento cultural Lunes de Revolución, los negros y homosexuales de las Ediciones El Puente, los académicos de la Revista Pensamiento Crítico, las víctimas del Quinquenio Gris y de la parametración, los firmantes de la Carta de los Diez, los autores de Paideia, Bifronte, Cacharro(s), entre otros proyectos que llegarían al infinito, con sus dignos animadores condenados a la cárcel, al exilio o a la marginalidad cultural en Cuba.

Definitivamente los esfuerzos personales o los de pequeños grupos se han impuesto para que tú y tus colegas proscritos vuelvan a ver sus letras publicadas.

Gracias a personas como Darsi Ferrer, Idabell Rosales y Armando Añel; Joaquín Gálvez, Angelito Santiesteban, Alex Fonseca –recientemente fallecido–, Ángel Cuadra y otros que nos abrieron los brazos y las posibilidades cuando en el 2013 logramos al fin salir al exterior, hoy el Club… se visualiza, alcanza esplendor, renueva la fe.

Gracias a quienes ya mencioné y a otras manos amigas, el Club de Escritores muestra en sus vitrinas el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba Gastón Baquero” –otorgado en 2014 al escritor y ex preso político Jorge Olivera Castillo–, y unos cuantos libros publicados por Neo Club Ediciones, Aduana Vieja, Cadal y Fra, entre otras editoriales con sede en el exterior. Y gracias a ti por todo.

Siete pasos para matar a Orlando Zapata Tamayo

Orlando Zapata Tamayo.

Orlando Zapata Tamayo.

Este post lo publiqué a pocos días de aquella muerte innecesaria. Ahora denuncio y mantengo las mismas ideas de entonces. Es mi homenaje a mi hermano Orlando Zapata tamayo.

Estoy aún bajo los efectos del dolor por esa muerte evitable y la impotencia por no asistir a las honras fúnebres debido a la impedimenta policial, pero eso no me ha limitado para decir que de todas maneras esto que aquí expongo me parecen los siete pasos finales por los que avanzó la maquinaria represiva para matar a Zapata.
1-Armar ese teatro parajurídico que llegó a imponerle 63 años de condena de cuatro iniciales por desacato.

2-Las golpizas continuas acompañadas de palabras obscenas e insultos a su raza y región donde vivía (negro de m…, guajiro de m…).

3-La ubicación en cárceles tan distantes de la vivienda de su madre (Prisión Kilo Cinco y Medio en Pinar del Río, Prisión Kilo 8 en Camagüey).

4-Las golpizas de noviembre del 2009 en la cárcel de Holguín cuando lo derribaron de un cabillazo en una pierna, le dejaron la huella en la rodilla y que hoy ha podido ver de nuevo su madre cuando abrió el féretro allá en su casita de Banes y también descubrió que había otras marcas de los tonfazos que seguramente recibió meses atrás.

5-.El traslado forzoso a Camagüey y el robo de sus pertenencias el 3 de diciembre donde le confiscaron los únicos alimentos que él comía en la prisión. Esto fue el hecho que lo determino a declararse en huelga de hambre.

6-Retirarle el agua por 18 días en medio de la huelga aún cuando el había declarado que se declaraba en huelga de hambre pero que solo tomaría pequeñas cantidades de agua.

7-La maniobra de llevarlo de un hospital de Camagüey a una sala de penados en el Oeste de la Habana, sala que no tiene condiciones para albergar presos en estado de gravedad.

Me falla el poder de análisis en este caso, pero por favor no sigan diciendo que al gobierno se le fue la mano. La orden de ejecución estaba dada desde la oficina del general Raúl Castro Ruz.

Luis Cino: “siempre fiel a la verdad, aunque duela decirla”

Luis Cino Alvarez.

Luis Cino Alvarez.

A Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956) no le importa vivir a un costado de la capital cubana; Arroyo Naranjo es su cueva natural para reportar la vida desde el periodismo independiente hace 16 años. Desde allí escribe para su blog Círculo cínico, hace entregas periódicas a Cubanet e integra el Equipo de Redacción del semanario Primavera digital.

Cino celebra la fiesta de todo escritor: Después de casi dos décadas de prohibición y censura, acaricia ahora Los tigres de Dire Dawa (Neo Club Ediciones, 2014).

Melómano jazzista y ‘enfermo’ al rock and roll prohibido en Cuba alguna vez, Cino se apasiona en discusiones sobre los que se creen infalibes ya sean disidentes o personajes de la oficialidad. Su experiencia como profesor de inglés, constructor y peón en la agricultura, ha macerado su oficio de escritor de todos los días. Este hombre está aferrado a la literatura como un acto de fe.

Martí Noticias intercambió con él brevedades que confirman que la creación artística puede saltar todos los muros.

Es extraño hacer una entrevista sobre un solo libro, pero en Los tigres de Dire Dawa se resumen La Habana que se cae a pedazos y la muerte lenta del individuo: marginado, sin asideros. ¿Cómo vas al realismo, en busca de una herramienta para contar o por pura metástasis de la sociedad en que vives?

Un poco de las dos cosas. Y, como tiene mucho que ver con tu segunda pregunta, te amplío la respuesta en ella.

En varios años de hacer el periodismo entre prohibiciones, tus personajes acaban pareciéndose a esa gente de la vida real que le da vida a tus nostalgias, análisis y denuncias. ¿Cómo explicas esa autofagia entre periodismo y literatura?

Mucho se ha discutido si el periodismo lastra o beneficia a la literatura. Yo creo, teniendo en cuenta casos como los de Hemingway y Tom Wolfe, que es más beneficioso que perjudicial, pero en muchos aspectos siempre deja sus daños colaterales.

Los tigres de Dire Dawa. Portada.

Los tigres de Dire Dawa. Portada.

En mi caso, parece que luego de tantos años de hacer periodismo en estas circunstancias tan particulares, no puedo evitar que mis personajes de ficción se parezcan a los de la realidad, a los que he conocido y a los que veo todos los días en la calle, en esta vida que nos ha tocado, con sus penas y frustraciones, que a veces comparto. En varios de esos personajes hay mucho de mí, o de amigos míos. Varios de los cuentos se basan en historias reales, historias que viví, me han contado o en las que he estado involucrado de alguna manera. Los otros personajes, los casos extremos, están en la calle, en la vida diaria en Cuba, son dolorosamente reales, y lo que más duele es la falta de soluciones para ellos, porque el tiempo y la vida no vuelven, y ya nadie les puede devolver lo que perdieron por el camino.

No creo que a mucha gente les consuele pensar que fueron víctimas de un proceso histórico. En todo caso, que se conozcan también sus pequeñas historias. Con todas ellas se conforma the big picture. Y qué lástima o qué bueno si es realismo sucio y no tiene los ribetes épicos que algunos prefieren y de los que tanto se ha abusado.

Tengo la impresión de que personajes como El Pata, Chamba y El Pelú, aunque son seres frustrados tienen un nivel de resistencia que los hace sobrevivir a su misma vida miserable. ¿Es el Rock un antídoto en ellos o un grito tuyo como narrador marginado y tocado por la censura?

En circunstancias como las que se viven en Cuba, cada cual se busca sus antídotos. Si no fuera así, habría muchos más casos de suicidios e infartados. Más de los que hay. En mi caso, mis antídotos son la literatura y la música, no solo el rock, sino también los blues y el jazz.

Tu literatura, como la de tus colegas censurados en 56 años de revolución se desarrolla al margen de la crítica especializada, de las promociones literarias y los incentivos extra literarios de los que viven muchos escritores alrededor del mundo. ¿Puedes enumerar cuáles son tus resortes, de qué aliento te nutres para seguir e insistir?

A veces me falla la fe y cojo unas depresiones de campeonato, pero lo que me anima es la certeza de que la razón está de nuestra parte y algún día se hará la luz y la verdad vencerá.

Volvamos a tu manera de hacer periodismo, que tiene mucho de lo punzante de la narrativa. He visto tus artículos de opinión tensando la cuerda de la política oficial o lanzando tus misiles contra caras conocidas de la sociedad civil independiente. ¿No te ha acarreado esto último ningún problema, alguna cara larga? ¿Cómo asumes el periodismo alternativo que se hace hoy desde Cuba?

Me he buscado malas caras, enemistades y acusaciones de todo tipo. En el campo pro democracia también han arraigado fuerte los vicios del sistema. Sobre todo la intolerancia. Por eso hay que señalar los errores y las malas actitudes, para que no sigan cogiendo fuerza y haciendo daño. Al burro hay que darle los palos donde se cae, no la semana que viene. ¿O por aquello de “no darle armas al enemigo” vamos a repetir la misma historia que ya conocemos? El periodismo independiente debe librarse de los vicios que arrastra del Granma y el resto de la prensa oficialista: El teque, el panfletismo, el triunfalismo, la complacencia, el tremendismo, la prosopopeya, la sacralización de determinados temas y figuras… Y, por supuesto, ser responsable y ser siempre fiel a la verdad, aunque duela decirla.

Muchas veces he querido hacer esta pregunta para respondérmela yo mismo: ¿Qué hay de tus lectores?  ¿Cómo te retroalimentas si has escrito tantos años a ciegas si tenemos en cuenta el tiempo que has escrito para Cubanet y los que lo has hecho para Primavera de Cuba?

Es bastante frustrante no poder llegar plenamente a tu público natural, el cubano de acá, pero no son tan pocos los que nos leen a los periodistas independientes. A veces te asombras cuando gente que tú no sospechas que te leen, te comentan algunos de tus trabajos.

Acuérdate que las memorias flash, los CD y algún que otro impreso circulan de mano en mano entre gente ávida de información sin censura.Y tenemos también la retroalimentación que nos llega a través de los comentarios que te hacen llegar cubanos que están regados por el mundo entero y para los cuales lo que tú escribes también es uno de sus asideros a su tierra, y por eso opinan con una pasión y una cercanía que impresiona.

El mundo está de vuelta de casi todo, y tú (como tus colegas Jorge Olivera Castillo, Víctor Domínguez, Juan González Febles y otros) te asomas a esta ventana y encuentras por primera vez un texto tuyo publicado íntegramente. ¿Cuánto pesa ser un escritor disidente desde esa Habana festinada del siglo XXI?

Da una inmensa satisfacción ver que al fin tus libros salen del cajón y son publicados. Compensa todo lo que has tenido que sufrir y soportar, y no te lo voy a contar porque de eso, colega, tú sabes tanto o más que yo.

Ángel Santiesteban: “Soy una mirada social de mi tiempo”

El escritor Angel Santiesteban Prats.

El escritor Angel Santiesteban Prats.

Solo unos días después de Ángel Santiesteban Prats enviar esta entrevista a Martí Noticias, fue llevado intempestivamente al cuartel general de la Seguridad del Estado, Villa Marista, pero ya sus respuestas estaban a salvo. Él también.

El narrador que obtuvo el Premio UNEAC con el conjunto de relatos Sueño de un día de verano (1995), El Premio César Galeano 1999, el Casa de las Américas 2006, con Dichosos los que lloran, luego abrió el blog Los hijos que nadie quiso donde expuso al mundo sus ideas sobre los Derechos Humanos en Cuba y no paró hasta la cárcel. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía y hoy responde estas preguntas desde una celda improvisada en una unidad de Guardafronteras del Ministerio del Interior, en Jaimanitas, La Habana.

¿En qué momento se fundió el Ángel Santiesteban narrador y el personaje?

Podría asegurar que comenzó desde los inicios, a finales de la década de los 80, y es que considero que la necesidad de escribir, comunicarme, trasmitir mis sentimientos, fue una medida de compromiso, precisamente, por el dolor que sentía dentro de mí. Recuerda que mi primer pensamiento literario surgió a los 17 años cuando me encontraba preso en la Fortaleza de la Cabaña, por el “delito” de acompañar hasta la costa a mi familia, con el ánimo de despedirla, como ocurrió, y fueron luego sorprendidos en altamar, por lo que se me acusó de “encubrimiento”, pero el día del juicio, el tribunal consideró, según las leyes vigentes, que ese delito no incurría en mi persona, porque entre padres y hermanos se consideraba lógico. Es decir, me procesaron porque según el fiscal, yo debía haber denunciado a mi familia por abandonar clandestinamente el país, lo que se considera una traición al proceso del régimen totalitario. No obstante permanecí catorce meses en presidio. Por lo que considero que antes de ser un escritor ya era uno de mis personajes, lo que aproveché para compartir mi dolor personal con los personajes que a partir de ese entonces comencé a construir. En cada personaje creado por mí, está mi dolor, o el de mi familia, los amigos, los vecinos. Soy una mirada social de mi tiempo, y ahí está el compromiso conmigo, con mi madre, la historia y mi tiempo, sin importar las consecuencias que esa postura me conlleve.

Sufro con cada palabra que escribo, sangro por cada pasaje que represento. Muero y vivo con mis personajes; pero siempre creo ante todo, a través del arte genuino y sin compromiso.

¿Hasta dónde tus demonios narratológicos se fundieron en tus ánimos sociales?

Juro que no fue una meta, tampoco un compromiso y menos la intención de epatar y llamar la atención, es más creo, que de esa forma no se logra el arte. Mi semilla creativa surgió a partir de la inconformidad y el miedo social. Personas que escondían su animadversión al proceso político y fingían, y fingen, ser simpatizantes con la dictadura, y ese reflejo de mi tiempo me convirtió en una voz, una alternativa, y se representó inconsciente, porque el fundamento de mi visión artística es aquello que me lacera, golpea o preocupa, y luego intento plasmarlo de la mejor manera, según mis herramientas literarias.

Cuando descubro un pensamiento de un pasaje personal o escucho una anécdota sugerente, se dispara un dispositivo en mi interior, y un pálpito diferente me avisa que debo intentarlo, y casi siempre está ligado a una consecuencia social.

Has asumido el sentido trágico de la vida. Como Severo Sarduy, Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, has armado una literatura que se vuelve denuncia. ¿Qué procesa o escribe Ángel Santiesteban Prats desde este encierro?

Ante todo, reconocer que en cualquier arista que se me compare con esos tres grandes escritores cubanos –ya para mí es de orgullo, y te agradezco la noble herejía literaria porque siempre asumiré las distancias entre ellos y yo– a quienes respeto por su obra y vida, el sufrimiento que izaron como bandera, a partir de la opción de emigrante, buscando esos “tres tristes tigres”, que fueron ellos, al ser voces discordantes con el sistema político.

Con Angel el 20 de enero 2010 en la habana-cuba

El autor de esta entrevista con Angel Santiesteban, 20 de enero de 2010 en La Habana-Cuba.

Tengo experiencias semejantes con Reinaldo Arenas, en cuanto al presidio y a la marginación cultural que sufrió; pero coincido con ellos tres en la emigración, solo que en sus casos hubieron de desplazarse fuera del archipiélago, en el mío, vivo esas mismas consecuencias pero desde el interior, dentro de la isla; por ello hoy escribo sobre la realidad que me circunda; la injusticia que vivo. Una vez escribí en un post que el último lugar al que debió enviarme la dictadura fue a este; donde he tenido que crecerme como ser humano, artista y disidente. He escrito un libro de cuentos desde el dolor, pero que a mi consideración y la de mis amigos, aún está muy a flor de piel y debo distanciarme de la experiencia para retomarlo y restar una intención política que, inevitablemente, se refleja en ese conjunto de relatos. También escribí una novela extraña, con temática carcelaria, que supongo poder revisar a mi salida. Comencé una novela Premios y castigos, de corte más biográfico.

Mi experiencia de vida es trágica. He vivido un guión trágico que afecta la sociedad, por caprichos políticos de los dictadores. Es conocido que “los escritores nos alimentamos de carroña humana”, y este sistema es muy dado a ensuciarnos con las sangre de sus víctimas.

Tus personajes aparecen transidos de dolor como si no hubiera nada más allá en el horizonte. ¿Dónde surge esta elaboración, esas piezas de cambio en cada relato?

A veces es en una palabra, una imagen, o el reflejo de una angustia. Cuando percibo que alguien sufre, tengo la necesidad de asistirlo. Creo fervientemente en que un escritor si no ayuda a cambiar, a curar esa realidad, al menos tiene el deber de reflejarlo como espejo de su tiempo, en función social, y, a veces, hasta buscamos alternativas de respuesta anémicas para esos sufridos, cuando ven en los personajes, su realidad más inmediata. Tenemos la posibilidad, como algo propio de la propia creación, de sustituir, mejorar, brindar, reemplazar, trocar, los destinos e inventarnos algo mejor. Las variantes pueden ser múltiples, en la medida de la capacidad de talento del escritor y sus necesidades artísticas. Siento que soy el reflejo de mi tiempo y de esa manera intento plasmarlo en mi obra.

Si apelamos a los datos que aportas en El verano en que Dios dormía, tu novela es la reconstrucción de una época. Describir la vida en el mar, de seres que no son precisamente pescadores, la circunstancia exacta en que deciden lanzarse a la vida o la muerte y los desenlaces que se funden con lo que conocemos hoy como “la crisis de los balseros”, nos pone ante una novela histórica ficcionada. ¿Cuáles fueron tus herramientas, la historiografía, la sociología o el cabal conocimiento de estas técnicas narratológicas que ostentas hace tiempo?

Cuando abordo un tema que no he vivido, que ni siquiera se encuentra en libros que se puedan consultar, comienzo un estudio de terreno, en mi caso, según mis temas, con los soldados que participaron en las guerras africanas, los balseros que decidieron regresar desde la Base de Guantánamo, o personajes marginales que sobreviven a través del delito. Siempre hago grabaciones de sus experiencias. En algunos casos tuve que apagar el equipo de grabación, a petición del entrevistado, cuando se comprometían en sus testimonios, y el temor los obligaba a protegerse, al revelar los hechos delicados sobre, por ejemplo, pésimas órdenes de un alto militar en Angola, y por la que se producían víctimas inocentes; o hechos cometidos por ellos mismos y de los que se avergüenzan.

Tengo la necesidad de cuando comienzo un tema saber cada hecho, historia, cultura, el color de la tierra, olores, vegetación, detalles que me ayudan a transportarme y vivir en mi imaginación, recrear, hacer regresar el tiempo y ver, palpar lo que narro.

La mayoría de los personajes de mi novela El verano…, son familia o amigos. Manolo es el esposo de mi hermana menor. Es cierto que estuvo en la conflagración bélica en África, que fue zapador, que se jugó la vida en el Estrecho de la Florida sobre una balsa con otros familiares, y que luego cruzó el campo minado para regresar con su familia en La Habana. En él, ese personaje, hay agregados muchos personajes; entrevisté a cuanto balsero he conocido, cientos de horas en casetes, que era lo que se utilizaba a mediado de los noventa, y en cada uno recogí el dolor que afloraba en sus palabras, gestos y silencios.

Hay un tiempo de “doloroso aprendizaje”, al decir de C.A. Montaner. ¿Por qué tus narraciones están cargadas de víctimas?

Estoy convencido que cada cubano, participante en los procesos políticos, no solo desde 1959, sino desde antes, son víctimas de los caprichos, ambiciones y malas entrañas de esos mandatarios que han arribado al poder de la nación. En lo particular me baso en la experiencia, el sufrimiento de las generaciones desde la de mis padres hasta hoy, y los considero víctimas directas del régimen. No solo las de aquellos que se opusieron, también agrego a los que fueron engañados, los que como mi tío Pepe, apostaron por un país mejor, democrático y humanista, hasta que descubrieron que fueron engañados, pero ya no tenían la edad o el valor para enfrentarlos, y decidieron quitarse la vida por la vergüenza de ser partícipes de este engendro que ha gobernado por más de medio siglo, y que para lograrlo han fusilado, encarcelado, asesinado a través de sus órganos represores y de inteligencia.

Los que emigran, los que permanecen dentro de la isla con temores, aunque sea uno solo; los que alguna vez han necesitado fingir para no ser reprendidos ni castigados; los que han mentido o mienten y traicionan sus verdaderos pensamientos, criterios sobre la realidad que los circunda, todos son víctimas del sistema.

Siempre repito que la única ambición que he tenido en la vida es entender a las personas. Entenderlos aunque no comparta su lógica, pero al menos saber la causa, el sentimiento que los acompañó en el momento de ejercer un acto, positivo o negativo. No siempre lo logro con los seres humanos; pero sí con mis personajes. Me tienen que ser transparentes a la hora de contarlos. Entender sus acciones, pensamiento y obrar.

Soy una víctima de mi tiempo, acompañado por mis personajes que reflejan ese sufrimiento humano.

Al parecer te ubicas entre las piezas de Carlos Montenegro y las almas perdidas de Reinaldo Arenas. Los protagonistas de tu novela y relatos se mueven entre la perdición de la noche y la desilusión de los días en La Habana. ¿No temes acabar relatando una Habana contada y vuelta a contar?

Como la de Montenegro es mi experiencia personal, y ya sabemos que la realidad nos supera. Es tan rica en matices, múltiples tonos inagotables que garantizan la salud de ese abordamiento en la ciudad y sobre la ciudad. Siempre existe un indicio no abordado, una nueva forma de contar sobre lo mismo, compartir temáticas inextinguibles. Ni siquiera una foto repetida ipso facto, puede captar lo mismo porque sus colores cambian constantemente.

Sí, temo repetir esos paradigmas de la literatura cubana; pero no creo que se pueda parecer, imitar a esos grandes y especiales escritores, porque existen múltiples formas de ver, maneras de contar esta Habana, esta Cuba, por momentos tan querida, o tan odiada.

Ángel. Prisión Unidad de Guardafronteras, Jaimanitas, La Habana.

“Estados Unidos o Muerte”, exigen cubanos en Veracruz

FOTO TOMADA DE UNIVERSO INCREIBLE

FOTO TOMADA DE UNIVERSO INCREIBLE

Rafael Alejandro Hernández Real, que segura asegura haber sido agente de la eeguridad del Estado en Cuba, -infiltrado en la Alianza Democrática Oriental (ADO)- en septiembre de 2014 se encadenó en la Plaza Bolívar de Bogotá, Colombia, y ahora está en huelga de hambre con la exigencia de llegar a Estados Unidos, según reporta el portal Universo increíble.

“10 jóvenes emigrantes cubanos se han declarado en huelga de hambre y de sed en la estación migratoria de Acayucán, en el estado de Veracruz, para evitar ser deportados a Cuba. En estos momentos son 7 hombres y 3 mujeres. El grupo de huelguistas se ha ido incrementando ante las negativas oficiales y las amenazas de ser devueltos a la isla”, reporta el sitio.

Hernández Real se dio a conocer en 2017 cuando junto a Eliecer Ávila y otros estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas en La Habana (UCI), interpelaron al entonces presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón. En aquella ocasión tanto Ávila como Hernández Real exigían libertad para salir del país, visitar sitios históricos del mundo como “la tumba del Che Guevara en Bolivia” y pusieron en entredicho la supuesta unanimidad resultante de las votaciones generales que se celebran en Cuba.

 

 

 

“La aplanadora”, fe de erratas

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Rectificar es de sabios, pero hacerlo a tiempo es de guajiros sabichosos. El otro día dediqué unas palabras de elogio al poeta cubano, radicado en Miami, Tinito Díaz. Tinito Díaz, una pedrada en el cristal, de quien dije que lo había publicado bajo el sello Ediciones Hoy no he visto el Paraíso.

En esa ocasión no mencioné que su editora es Margarita García Alonso. “Artes visuales, Digital Art, Photo Manipulation. Poeta, periodista, narradora, editora, artista visual. Licenciada en periodismo por la Universidad de la Habana. Master en Industrias gráficas- creación, paginación y videos, en Fodeno, Francia. Matanzas, Cuba. Vive en Francia desde 1992”, a la que ofrezco todas mis disculpas, y de paso le pido que me perdone, fue totalmente involuntario de mi parte, que recién hace dos años ando suelto en la mar revuelta de la Internet.

Ediciones Hoy no he visto el Paraíso tiene un copioso catálogo de escritores cubanos a los que Alonso promociona por sus propios medios, y la finura y el cuidado que tiene con estas obras hablan por sí solos.

En un mensaje Margarita me dijo: “me pasaste con una aplanadora por encima”, en clara referencia a mi ominosa omisión. Hoy el aplanado soy yo, espero levantarme con esta disculpa.

Gracias.

Juan González Febles, un escritor atravesao

http://secretoscuba.cultureforum.net/t9014-entrevista-a-hubert-matos-a-sus-90-anos

Juan González Febles. Fto tomada de Internet.

 Hoy comencé esta serie de entrevistas a escritores cubanos y que Martí Noticias aceptó gustosamente. Cada miércoles les entregaré las opiniones, interioridades, de esos que, a la vez que ‘se la juegan’ escriben su obra literaria, pensando siempre en los lectores.

Desde La Habana Juan González Febles responde a Martí Noticias preguntas sobre su obra de ficción. De paso nos cuenta sobre las interioridades de quien en un momento fuera un activista de Derechos Humanos que se inventó su propio periódico, Primavera Digital, y no deja de soñar con el ejercicio de la narrativa, esa que le roba el sueño en las noches de la habanera barriada de Lawton.

Antes había leído piezas narrativas tuyas, sueltas, de publicaciones periódicas, enviada una de ella a concurso. En tu El libro de La Habana (Neo Club Ediciones 2014) el anti-héroe adquiere un carácter protagónico, pero a base de conmiseración, parece gente aplastada por la vida, suspendida en un hilo, ¿es que son protagonistas de historias por venir o es tu benevolencia con nosotros, los lectores? –Me refiero a Nadie nos quiere, específicamente.

Es la gente con la que convivo, tanto los buenos, los regulares como los malos. Ellos son en esencia nuestra gente. Una familia que rechazo, pero que lamentablemente es familia. Son lamentablemente tan cubanos como otros que dan crédito positivo y dignidad al gentilicio compartido. Son como señalas, “gente aplastada por la vida, suspendida en un hilo”. Son protagonistas de historias que transcurren ahora, no de historias por venir. Son con los que rozamos en el transporte y la adversidad pública. No hay nada benevolente, la vida Cuba adentro nunca lo es. No hay conmiseración, solo compasión y la hay, porque no somos y porque no soy como ellos.

Has hecho periodismo independiente por muchos años, has integrado proyectos en la sociedad civil independiente. Fundaste Primavera digital, ‘El primer periódico independiente’ ¿No terminarás dibujando una Cuba, una Habana que se te escapa de las manos de tanto manosearla y hurgarla por dentro? ¿No temes terminar entregando tu propia fotografía?

No se escapa nunca de las propias raíces, nadie lo ha conseguido hasta hoy. Ni los que andan lejos ni los que estamos por acá, dejaremos de ser los que somos. Todos escribimos desde una individualidad por momentos compartida. El estilo es el hombre y el hombre como ya dejó escrito Hemingway, “puede ser derrotado, pero nunca vencido”. Esa condición humana irredenta –que compartes– hace que donde quiera que estés, siempre serás tú y nadie escapa de eso.

En medio de las amenazas, los interrogatorios, la vigilancia, la presión del compromiso pro democrático, ¿puedes describir cómo es la vida de un creador de ficciones en ese ambiente? ¿Cómo lo haces, cómo te aíslas?

Se trata de hacerlo y nada más. Uno aparentemente olvida, solo que esto es solo una apariencia, algo como una segunda piel. Siempre la dictadura consigue hacerse presente y la supervivencia depende en gran medida en asumir que se vive bajo una dictadura tan cruel como inescrupulosa. En mi caso, como pescado y en ocasiones, bebo con los amigos, escuchamos el mejor rock and roll de los 70 y los 60 y seguimos adelante.

Yo tengo el apoyo y el remanso de la mujer que amo, de los amigos que no flaquean, pero no me olvido que afuera, tal y como dice la canción del grupo de rock alternativo Paisaje con Río, siempre “hay tanto ruido, tanta agitación y tantos nuevos enemigos”. En la medida que interiorizas que la gente que te rodea, necesita de ti, se trata de que no los defraudes, porque si les defraudas, te defraudas. Te mezclas y te nutres con la gente y son ellos quienes dictan las historias que ofrecerás con mayor o menor oficio. Es su sufrimiento y su desesperanza compartida la que expondrás. En la medida que consigas esa necesaria empatía, entonces todo fluirá.

Los personajes de tus historias tienen la tabla de salvación en los detalles, en los argumentos minimalistas. Un insecto en una oficina de interrogatorios, un hombre que recuerda haber golpeado a sus vecinos cuando la crisis del Mariel en 1980, y unos muchachos que apelan a la droga cuando ven que el futuro se aleja, como la sombra. ¿Dónde ha bebido Febles esa savia para insertarse en la narrativa cubana contemporánea? ¿Qué crees de las influencias? ¿Dónde tienes guardada la pistola para matar a tus maestros literarios?

La vida de nosotros tiene su tabla de salvación en los detalles y en los argumentos minimalistas, porque la vida por acá, es tan minimalista como solo puede serlo la vida de quien cuando amanece, no tiene certeza de si almorzará o sobre qué almorzará.

Es una vida consagrada al detalle minimalista que en determinada circunstancia puede ser y ha sido el detalle salvador. La gente sencilla se apoya en los detalles sencillos o minimalistas. Muchos interrogados se han salido del interrogatorio a partir de detalles como pueden ser lo que te interroguen en cuartos climatizados a muy baja temperatura y que el interrogador se ponga a buen recaudo con un pulóver ajustado bajo la camisa. Que no usa anillo para que no le veas como un humano sencillo que cuida y rinde cuentas a una esposa y como confirmación, verás la marca del anillo que no usa para la ocasión y como ese, mil y un detalles. Se trata de que sean ellos y no tú quien esté bajo la lupa. Y por supuesto, que la lupa sea tuya.

Se trata de interiorizar que quien se sienta frente a ti desde la ventaja del poder, es solo una persona vil que cumple órdenes criminales y todo su valor está dado en la pistolita que le permiten usar para intimidar a los suyos.

Si logras ponerlos bajo tu lupa y desde esa óptica verles en toda la dimensión de su cobardía, ya les ganaste. También puedes imaginarlos desnudos con sus carnes fláccidas y sus adiposidades y consolarte, entonces, pensando que pueden obligarte a morir, pero no pueden reducirte a la cobarde vileza de vivir como viven y de lo que viven.

El periodismo independiente que comenzó en la Cuba de hace décadas se pasaba en bolitas de papel para sacarlo de la prisión y en ocasiones en ‘picúas’ o pajaritas de papel; después vinieron los impresos clandestinos que trajeron consigo registros domiciliarios, ocupaciones de las inofensivas máquinas de escribir y hasta largas condenas a prisión en 2003. Al parecer la literatura independiente y contestataria terminará ocupando su espacio a modo de samizdat: ¿Crees que esto pueda ir más allá de unos curiosos lectores? ¿Qué más pudieran hacer ‘los amigos de la libertad’ para apoyar a los creadores independientes y proscritos en Cuba?

Todo depende de la veleidosa naturaleza humana. En determinado momento la humanidad se conmovió con el holocausto y con la hambruna ordenada por Stalin contra 20 millones de ucranianos. Solo que en el mejor momento –el de ocurrencia– compraron el trigo que les vendió Stalin y miraron en otra dirección para no sentir el hedor de los crematorios nazis.

Hoy existe un premio con el nombre de Andrei Sajarov, el premio llegó cuando ya dormían en sus tumbas anónimas otros disidentes soviéticos que nunca resultaron premiados.

Nadie cumple con el deber por el que optó solo por “ir más allá de unos curiosos lectores”. Los “amigos de la libertad” por apoyar a los creadores independientes y proscritos en Cuba, podrían imponerse a su “veleidosa naturaleza humana”, aunque esto sea o parezca ser mucho pedir. Podrían, si este fuera su interés y propósito, hacerlo. Sucede que no me atrevo a pedir, exigir o imponer semejante proeza, porque se trata de humanos, tan humanos como los que convivieron con el holocausto judío y el genocidio de Stalin o como los que facilitaron la vía a los nazis para que invadieran a sus vecinos.

Se trata como dije de “la veleidosa naturaleza humana” y nada más. No me siento habilitado para pedir sacrificios, aunque esté dispuesto a hacerlos. Sé tolerar y hasta convivir con la cobardía, aunque esto no quiere decir que exalte tan humana, aunque tan degradada condición.

Tú y tus compañeros de infortunio, del lado de los censurados, están fuera de las promociones culturales y literarias, sin el incentivo de los premios o el estímulo material que una vez hizo creer a algunos escritores que haciendo literatura podían malamente costearse la vida en Cuba. ¿Qué impulsa a JGF a seguir en el oficio más solitario del mundo –acaso el más ingrato?

Una tozudez que fue causa de mucho desasosiego para mis padres quienes me amaron solo por ser el niño que les llegó. También, para cada uno de los amigos que aparecieron a lo largo de esta azarosa ruta de vida, para cada una de las mujeres que amé y me amaron.

Tengo el defecto de ser tozudo o ‘atravesao’ como se dice por acá. Entonces, me complace molestar a los que molesto y especialmente a la dictadura que sufro.

Esto compensa con creces la falta de premios y reconocimientos. El conocimiento de lo que han gastado y lo que gastan para aplastarnos, es más que un estímulo para seguir y obligarles a que sigan gastando.

A fin de cuentas no tengo –y nadie tiene- conciencia de haber perdido lo que nunca se ha tenido y desde esa perspectiva, siempre gano.

¿Tienes, como lector, un libro favorito que haya burlado los cercos de la censura y la persecución política y policial? ¿Hay libros proscritos que aun así te han ayudado como ser humano?

Mis libros favoritos, nunca los determinó censura alguna. Entre ellos está en lugar cimero Ernest Hemingway. Lo son para mí, tanto sus novelas como sus magistrales relatos cortos. Por gustarme, me fascina además su periodismo, sus viñetas y el conjunto de su obra. Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, ambos. Aunque prefiero el periodismo de Márquez y la ficción de Vargas Llosa, cuestión de gustos y nada más.

El ruso –no me gusta soviético- Mikhail Bulgakov, es otro de mis paradigmas y esa visita del Diablo a Moscú, un dulce. A veces fantaseo a solas con el gato Popota. Lo imagino burlando segurosos en La Habana y la ensoñación es ¡orgásmica! El Maestro y Margarita es uno de mis favoritos. Como verás, quizás con la excepción de alguna obra de Vargas Llosa, los autores son creadores no censurados, porque sus obras han sido publicadas y tienen o tuvieron una amplia divulgación en su momento.

Y quiero concluir con una anécdota, que redondea más o menos tu pesquisa: Hace unos años, tocan a la puerta y veo ante mí a una joven y bella mujer, europea por más información. Me dice (en español) en nombre de que ONG venía y entonces, como la soga andaba muy tensa por acá (como ahora) le brindo agua fría. Cuando sin intención alguna de fisgoneo, ella vio que el refrigerador estaba lleno de pomos plásticos de agua, (única oferta) pregunta: ¿Hay problemas con suministro de agua por acá? Es que veo tantos pomos y solo eso, que…

Respondo: Verás, en determinado momento, bebo uno de estos pomos completos y es entonces que me percato de que en realidad no tenía hambre, sino sed.

La muchacha se pone roja como un camarón. Tartamudeó, luego que tocó los temas que fueron de su interés, me dio un abrazo, se despidió con sonrisa de ocasión y se fue completamente demudada.

Luego supe que, posteriormente, en una reunión sostenida allá lejos, entre factores interesados en el tema cubano, alguien entre los hermanos del exilio a cargo, manifestó que los periodistas independientes “ganaban” más que los médicos. Fue así que nuestra bella joven ripostó con los ojos enfebrecidos de creciente ¡euro indignación!

-Usted no tiene idea de lo que dice, les visité a varios y sobreviven con mucha penuria, Luis Cino vive en un lugar estrecho, oscuro y húmedo, ¡parece una madriguera! Febles en peores o iguales condiciones. ¡Esa gente pasa hambre! ¿Cuántos años hace que no visita Cuba? ¡Debía informarse mejor, sobre esas personas! Porque lo que hacen y como lo hacen da la medida de lo que son, héroes y nada menos.

No te diré quien protagonizó la anécdota, con la certeza de que te enterarás por tus medios.

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