Rafael Vilches: “Aunque me descueren vivo, no dejaré de disentir”

Rafael Vilches, escritor cubano.

Rafael Vilches, escritor cubano.

Después de estar varios años en medio de la promoción de editoriales, instituciones culturales y espacios oficiales, el escritor Rafael Vilches Proenza (El cero de las mil nueve, Vado del Yeso, provincia Granma, Cuba, 1965) emprendió el camino de las publicaciones alternativas.

En esta entrevista para Martí Noticias da las claves de por qué se cree un hombre libre; habla de la censura y también de las manos amigas en el campo editorial en España, Alemania y Estados Unidos.

Estás cercano a la decena de libros publicados, si los armamos en un todo percibimos que vas en busca de la palabra, pareciera que tu obsesión es fundirte con el lenguaje, cada vez tus textos son más breves (incluyendo tu narrativa). ¿Cuál es el canto de sirena que te brindó la literatura?

Ya no creo en cantos de sirenas, son cancerberas travestidas, con antifaces, carros de policías; prefiero cantar con mi propia voz, no me importa experimentar ningún artificio palabrero.

Por la literatura descubrí, en las mismas proporciones, amor, desamor, traición, miseria humana, dolores, humillaciones; pero la palabra me salvó de hundirme en el foso profundo, tenebroso, que abrieron ante mis ojos los que me parametraron. Por ella supe de la suciedad del universo político. Por ella estoy cerca de Dios, la familia, los amigos que existen, y de besar, digo, versar a la muchacha que estoy a punto de amar, como si hubiera retornado a mis quince diciembres, y ella a sus diecisiete mayos.

Miro a un lago que descubro junto a los ojos de esta muchacha, me abandono en la suave hierba de la tarde con un sol que se conjuga en el agua con la luna, junto a un rinoceronte de metal que nos mira con ojos mansos mientras ella lo besa en la mejilla dura de cariño. Siento eso, lo vivo, y es lo que quiero decir, y lo escribo para que lo lean mis posibles lectores, y acaricien con las manos de mi muchacha al rinoceronte que impasible nos observa en su pradera, y respiren en sus cabellos la luz que en sus ojos arde, cuando ella sabe que le finjo que me duele, y me duele.

Sé, amo a mi patria, Dios me puso en ella para alguna misión, y ahí voy.

Tu narrativa, la novela Ángeles desamparados (Novela, Ediciones Bayamo, 2001, www.elbarcoebrio.com, España, 2012) es bastante testimonial, lo mismo que tu último poemario, Café amargo (NeoClub Ediciones, 2014). ¿Cuántos Vilches hay detrás de todas estas máscaras?

Detrás de esas máscaras están todos los Vilches posibles, y hasta los impasibles; toda mi literatura va testimoniando algo que vi, viví, sufrí, y un poco de la felicidad que padezco, y me acontece.

Ángeles desamparados, mi novela, es estancia mía en el infierno, herida que no sana. No hay un solo día que despierte y no recuerde el abismo abierto en mi vida, la memoria, el trance tremebundo entre infancia y adolescencia que persisten en salvarme de no ser carne del costal de los gobernantes.

Volvamos a tu novela, el tema de las becas ya había sido –aparentemente- limado por las generaciones literarias anteriores a la tuya. Esa novela breve ya tiene más de 10 años, la mayoría de las escuelas en el campo han desaparecido, pero siguen vivos los flagelos que allí anuncias y denuncias. O te adelantaste en el tiempo o se te quedaron cosas por narrar.

La novela pudo ser más gruesa, pero preferí contar, cortar, como quien pela de los hueso del corazón toda carne, y las hecha a arder en el fuego del Hades. Eso es lo que siento hoy.

No sé si me adelanté, me atrasé. Quería sacarme del alma el Diablo que me clavaron en el cuerpo a muy temprana edad. Los momentos más tristes de un millar de infantes regados por la isla como fichas de ajedrez, marionetas del poder.

Me costó mucho que una editorial en Cuba se interesara por ella. La terminé de escribir en 1996 y se publicó en una tirada de 600 ejemplares en 2001, que se agotaron de un tirón entre La Feria Internacional del Libro de La Habana, y la de Bayamo en 2002; quizás llegaron a alguna librería uno o dos ejemplares. Antes fue censurada, y hasta le quitaron un premio en un concurso literario en Holguín, en 1999, nuestro caro Michael H. Miranda, sabe la historia del premio.

Esa historia de unos cuantos niños abandonados en campos de concentración por todos los rincones de Cuba aún me parte-raja la memoria, sangra en un recuerdo vivo. En el libro la ficción es pura realidad. Quizás todos los avatares de la beca me prepararon para esta estancia por la vida que he sufrido.

Entras a publicar en Cuba a partir de los años 2000, aunque ya escribías desde varios años antes. A tus colegas narradores y líricos les ha interesado más experimentar casi contra el lenguaje, mientras tú apuestas por retomar la palabra, meterte en los campos del lenguaje para intentar comunicar mejor. ¿No tienes miedo de repetirte, de quedar en una lista enorme de escritores, pudiéramos decir, descriptivos?

Comencé a escribir a finales de los 70 del siglo pasado, y no me arrepiento de ninguno de los libros que he publicado, creo que cada uno es independiente, un ser individual, que cuenta lo que quise en ese momento.

Mira, nos pasamos la vida demeritando la obra y vida de José Ángel Buesa, y hoy está ahí, como un clásico de la literatura cubana, y hasta lo nominaron al Premio Nobel de Literatura en 1980.

No le temo a nada, estoy testimoniando un tiempo, una realidad, no sé si pasado, presente, futuro, se juntan, pero ahí está lo que digo, pienso, y siento, en las páginas de mis libros. He tenido una vida tan rica en experiencias, felices, tristes, desafortunadas, de todas salí más limpio, reconfortado, con más deseos de vivir. He sido un viajero incansable, empedernido, crónico, por los caminos de la isla. No creo me vaya a repetir en ninguno de mis días, siquiera en mis amores pasados, presente, futuros.

Si he hecho algún experimento con el lenguaje es para que mi lector, quien sea, tenga un diálogo con mi dolor, y el del país, con el acontecer luminoso que acabo de deshojar en un parque junto al tren blindado en Santa Clara, donde he visto amanecer enero de 2015 sin héroes ni mártires, en los ojos más bellos de una muchacha, y la experiencia se multiplique, porque es eso lo que he querido escribir, decir.

No me importa en la lista que quede, ya estoy en la lista negra del Gobierno, y eso sabe a gloria, no me importa la inclusión en otra, si me borran, si voy a quedar entre los que avancen hacia la posteridad, ya eso no me pertenece. Escribo para desnudarme en público, que me vean, digo que me lean. Lo demás lo dejo a Dios, a mis posibles, pacientes lectores.

Lo único que sé es que la novela Ángeles desamparados, y el libro de poesía Café amargo, los escribí con muchos dolores-heridas en el alma, y al final han resultado dos libros agradecidos. Críticos, amigos, lectores, han sido muy generosos con ellos y conmigo.

Pasemos a un tema que, desgraciadamente, te ha dado a conocer dentro y fuera de Cuba, la censura, la represión. ¿Cuándo, cómo y por qué rompes con las autoridades culturales cubanas, con su política de exclusiones?

Pero no fue hasta mi estancia bayamesa, holguinera, santaclareña que comencé a sufrí en carne propia la censura, la exclusión, la persecución, todo lo que se desprende de ellas. Sería 1999, Zoelia Frómeta desde México nos mandó al poeta Miguel Ramírez que ahora vive en Canadá y a mí, por correo electrónico, textos de Cabrera Infante, Vargas Llosa, Borges, Octavio Paz, Carlos Fuentes, y otros autores prohibidos en Cuba.

Yo fui a parar a una oficina del PCC con el ideólogo que “atendía” Cultura, y Migue fue echado del Centro del Libro de Granma donde laboraba como informático.

Luego fue la cacería de brujas cuando sacamos, tú, Michael Hernández, el Padre Olvier Hernández Carbonell, y yo la revista que más escándalo ha armado en la ciudad de los parques, Holguín, la revista Bifronte. Todos fuimos a parar a alguna oficina de la Seguridad del Estado, y no sería la única vez que nos pusieran una pistola cargada sobre la mesa por haber publicado en revistas y periódicos prohibidos a los escritores cubanos residentes, o reincidentes, en Cuba.

Luego la payasada que armaron en la UNEAC de Holguín al escritor Manuel García Verdecia y a mí. Me echaron como miembro de sus filas y como obrero de la entidad, se lo dejé a Dios, y en menos de tres meses botaron por ladrones a los culpables, al pintor y entonces Presidente de la UNEAC en la provincia, Jorge Hidalgo Pimentel, y a Sarah su secretaria ejecutiva, por ladrones, no fueron a prisión porque resultaron ser dos chivatos de la policía.

La lista de mis tropiezos con los políticos, y la policía política, es larga. El paso definitivo lo di cuando los dirigentes de cultura provincial en Villa Clara me dejaron en la calle, “sin este centavo” para sobrevivir en una ciudad que es mágica, angelical, con algunas magas, y pocos ángeles. Todo por haber publicado en la revista independiente Cuadernos de Pensamiento Plural.

Deambulé de un lado a otro como un apestado, sopesando si dormir en terminales, parques, iglesias o bajo puentes. A partir de ahí sentí paz, solo Dios sabe. Seguidamente me censuraron en la Editorial Capiro mi libro de poesía Salón del reino, aún permanece inédito, y mi libro Casa de aguas fue retirado del concurso literario Premio Fundación de Santa Clara, junto a uno de Sergio García Zamora. Ahora esperan por editoriales foráneas que se decidan a arriesgarse con ellos; desde entonces yo no existo como escritor en mi país, y no me preocupa para nada ser el fantasma en el que me han convertido.

Soy un escritor independiente, me gano la vida con lo que escribo, sobrevivo en mi patria como puedo, como amo.

¿Cuánto ha mellado en ti el hecho de estar hoy en los márgenes, de escribir desde la orilla de la isla y no desde el centro de sus mecanismos de promoción?

Yo tengo patrones, amigos que disfrutaron la paz de saber qué es sentirse en libertad, la de ser uno mismo; fueron encarnizadamente humillados, y salieron iluminados del calvario, Guillermo Vidal, Zoelia Frómeta, Amir Valle, Rafael Alcides, Carlos Manuel Pérez, Francis Sánchez, Luis Pérez de Castro, Ángel Santiesteban, Jorge Olivera, Víctor Manuel Domínguez, Raúl Rivero, María Elena Cruz, Michael Hernández, tú mismo, y tantos; lástima la extensión del listado en el que se pueden incluir muchos más nombres: hoy sé que todos fueron, y son, unos adelantados de la patria que queremos, soñamos, para los cubanos dentro y fuera de la isla.

Ya no me duele no ser incluido en cuanto evento se hace en el país, como en los años en que mi nombre estaba entre los primeros recordados para formar las listas de invitados, mucho antes de haber publicado mi primer poema. Ya me sané del “eventismo”. Ahora siento lástima de los conocidos que huyen de mí porque no les conviene que los vean en mi compañía. La película se repite, es una noria, un tíovivo, el círculo vicioso del cubano.

No he dejado de asistir a los lugares que me interesan, no me resigno a dejar de amar, no he anulado al ser que soy, y que no dejaré de ser, aunque me descueren vivo, no me curaré, no dejaré de disentir. Y me digo: aun después de tus tropiezos y zancadillas, publicaste en Miami, a través de Neo Club Ediciones. Al parecer siempre hay una puerta abierta para los creadores libres.

Me alegra que las puertas de las editoriales se abran a mis libros, que mi condición actual sea de un creador libre, independiente. Respirar la libertad me ha hecho todo el bien que Dios ha deseado que respire, vea, sienta, escuche, viva.

 

Rafael Vilches Proenza, Vado del Yeso, Cuba, 1965. Lic. Educación Artística en Artes Plásticas. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, 2004, El único hombre, poesía, Ediciones Orto, 2005; y 2010, País de fondo, Ediciones Orto, 2011. Premio Nacional de Poesía, De la Ciudad, 2005, Trazado en el polvo, Ediciones Holguín, 2006. Premio Nacional de Poesía, La Enorme Hoguera, 2006. A ambos lados la sombra, inédito. Mención Nósside Caribe, 2005. Mención Premio Poesía UNEAC Julián del Casal, 2007. Premio Nacional de Poesía, Centenario de Emilio Ballagas, UNEAC, 2008. Tiro de gracia, Ediciones Holguín, 2010. Otros libros: Ángeles Desamparados, novela, Ediciones Bayamo, 2001, http://www.elbarcoebrio.com, España, 2012. Dura silueta, la Luna, poesía, Ediciones Bayamo, 2003. Lunaciones, Editorial Independiente LetrAbierta, La Habana, 2012. Café Amargo, poesía, Editorial Neo Club Ediciones, Miami, EEUU, 2014. Textos suyos han aparecido en España, Italia, New Zealand, Alemania, Puerto Rico, México, Honduras, Brasil, Chile, Canadá, Argentina, EEUU y Cuba.

Entrevista publicada en el portal de asuntos cubanos Martí Noticias.

Defender la voz de “los que no tienen voz”

Luis Felipe Rojas. Foto: JOsh Siegel.

Luis Felipe Rojas. Foto: Josh Siegel.

Reportaje del periodista Josh Siegel. The Daily Signal, Febrero10, 2015.(Fragmento).

(…)

Recientemente refugiado, el cubano Luis Felipe Rojas, reportero en los Martís, agradece la oportunidad de poder informar sobre las noticias libremente.

Rojas, un hombre bajo y serio con un rostro cansado y una argolla como pendiente, hizo un blog de noticias que ahora tiene un impacto de unas 250.000 personas siguiéndolo dentro (y fuera) de Cuba (Cruzara las alambradas).

“El gobierno se esforzó mucho para detenerlo”, dice Rojas, traducido por (Natalia) Crujeiras desde su Español al Inglés.

En los últimos dos años antes de venir a los Estados Unidos, dice Rojas que fue sometido a más de 20 detenciones arbitrarias y malos tratos físicos a manos de la Seguridad del Estado, todo por hacer un trabajo que pocos se atreverían a intentar.

“Yo tenía que hacerlo, de lo contrario nadie querría”, dice Rojas. “Yo pensé que tenía que hacerlo”

Luego me decidí a solicitar los beneficios del programa de refugiados después de darme cuenta de que me estaba convirtiendo en un blogger y periodista independiente menos eficaz. [En los últimos tiempos sólo en raras ocasiones] tuve la oportunidad de tomar fotos o participar [como periodista] en eventos relacionados con la sociedad civil o recoger datos relacionados con violaciones de los derechos humanos por parte del régimen cubano”.

Rojas se trasladó a los Estados Unidos el 25 de octubre de 2012, en virtud de un programa de refugiados que el gobierno de Estados Unidos ofrece los cubanos que son perseguidos por su opinión, acciones de la resistencia pacífica o por sus preferencias religiosas.

Rojas había estado trabajando con Radio Martí desde 2006, de manera independiente, pero asumió un papel a tiempo completo después de mudarse a Miami.

Hoy en día, es el anfitrión de un programa de radio de conversación y con salida diaria llamado Contacto Cuba y escribe para el sitio web martinoticias.com

Ahora, cuando informa sobre las personas que viven en Cuba, se siente como si estuviera contando su propia historia.

“La gran diferencia ahora es que escucho a nuestra audiencia y las personas que son los protagonistas de las noticias de la sociedad civil, y puedo ayudar a distribuir y amplificar su voz”, dice Rojas. “Eso era antes mi voz. Siempre debemos defender a los que no tienen voz”.

Puede encontrar el artículo completo en Inglés AQUI.

Jorge Olivera Castillo contra la soledad y aspereza de los carceleros

Jorge olivera Castillo, escritor cubano.

Jorge olivera Castillo, escritor cubano.

Autor de siete libros de poesía y cuento, traducidos a varios idiomas, pero están proscritos en Cuba. El escritor fue sancionado a 18 años de cárcel en la Primavera Negra de 2003, pero los rigores de la prisión no le robaron las ganas de hacer literatura.

J orge Olivera Castillo (La Habana, 1961) es un persistente poeta y periodista independiente que, antes, fue soldado en Angola y editor de la televisión cubana. Sus ideas lo han llevado al ostracismo, la cárcel y la censura sin que ninguna de las tres condenas públicas haya mellado su búsqueda de la belleza.

Los poemas que escribió en las noches de la tenebrosa Prisión Provincial Combinado de Guantánamo, donde estuvo preso por “atentar contra la seguridad nacional”, en la causa conocida como la Primavera Negra de 2003, le han servido hoy para describir cómo un hombre se aferra a la vida por encima de las calamidades a que lo someten los que detentan el poder.

Por si el periodismo y la literatura que crea desde su propia cueva en la Habana Vieja no le bastaran, Olivera Castillo es Presidente del Club de Escritores de Cuba, un espacio que creó junto a sus colegas a fuerza del ninguneo oficial y donde lo mismo comparten las lecturas del Premio Nobel de Literatura Czeslaw Milosz y de Reinaldo Arenas, que reciben a escritores de provincia, hastiados ya de los premios y las editoriales atiborrados de comisarios culturales.

En esta entrevista que concedió a Martí Noticias, el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba (2014) conversó sobre los cuentos escritos y sacados de la prisión para defender que la creación literaria es una manera de empujar el carro de la libertad.

Voy a empezar casi por lo que me atrevería a decir ha sido el capítulo más sensible de tu vida y obra literaria: ¿Cómo es que después de una condena de 18 años, vejámenes, presiones psicológicas y todas las prohibiciones, has podido seguir escribiendo aunque cumpliste menos de dos cuando la Primavera Negra de 2003?

Aunque parezca contradictorio, paradójico, la chispa literaria derivó en un gran fuego durante mi etapa de cautiverio. En mi encierro en una celda de aislamiento, durante más de nueve meses, fue que las musas me visitaron con mayor asiduidad. No podría explicar el porqué de esto. Son los misterios de la vida. Hechos hasta cierto punto a ubicar en la antípodas de la lógica.

El acto de escribir resultó una especie de refugio. A casi 11 años de haber sido excarcelado, mediante una Licencia Extrapenal por motivos de Salud, una especie de libertad condicional, no tengo dudas de que escribir, sobre todo poemas, en una esquina del camastro o sentado en el piso, pues nunca tuve la dicha de tener una mesa ni silla, fue un remedio contra la soledad y la habitual aspereza de los carceleros. Anteriormente había escrito algo, poesía y cuentos, específicamente en la segunda mitad de la década del 90, pero te repito la cárcel fue el impulso definitivo para convertirme en huésped permanente de la creación literaria.

Desde el retorno a mi hogar, y a pesar de los peligros que me acechan, por continuar ejerciendo el periodismo independiente y la escritura al margen de las instituciones oficiales, no he perdido la facultad de crear historias de ficción o versificar los temas que me conmueven. Quizás en circunstancias menos hostiles no hubiese podido desarrollar una producción literaria tan feraz. Ya son ocho libros. Espero que la inspiración no me abandone. Todavía me quedan muchas cosas por decir. Ojalá y Dios me conceda salud y tiempo para hacerlo.

¿Qué se lee o se puede leer en prisión? ¿Cómo se piensa en la creación artística desde una celda? ¿Qué te ha servido de aquel extrañamiento que viviste? ¿Recuerdas alguna obra en particular que te haya ayudado es casi un eufemismo a pasar las noches o los días?

En realidad, la censura no fue tan exhaustiva. A menudo quienes revisaban los libros y revistas eran personas de muy bajo nivel cultural. Tenían que descubrir algo muy explícito para impedir la entrega. Tengo que decirte que solo podía leer mientras hubiera claridad. En la noche los enjambres de mosquitos y la escasa iluminación hacían imposible la lectura. Con la llegada del crepúsculo, obligatoriamente tenía que cobijarme bajo el mosquitero.

La prisión sólo sirvió para estimular algo que estaba ahí…

Respecto a la creación, desde pequeño tuve la sensibilidad para captar las claves del arte sobre todo de la música y la literatura. O sea, la prisión sólo sirvió para estimular algo que estaba ahí. Ante el desafío del cautiverio, el ser humano debe darse a la tarea de construir mundos alternativos en su mente. Es la única manera de escapar del tedio y del sufrimiento que traen esos días que parecen semanas, esos meses que parecen años. Quien no lo haga, cada quien a su manera, podría fácilmente terminar en la locura.

Lo que vi en mis casi dos años tras las rejas jamás podré olvidarlo. Fui testigo de escenas dignas de los mejores exponentes de la literatura que recrea al hombre frente a situaciones límites, algunas alucinantes que sólo las concebía en un libro, una película, pero nunca en tiempo real, frente a mis ojos. Todo lo que leí o releí me sirvió como alimento creativo y para salir de lo que sin lugar a dudas definiría como una parcela del infierno.

Cortázar, Borges, O’Henry, Maupassant, Chéjov, Huidobro, Neruda, Hemingway, Whitman, por solo mencionarte algunos, fueron escudos contra la tristeza y el dolor de estar a más 900 km de mi lugar de residencia en La Habana, en la mayor prisión de la ciudad de Guantánamo, recluido en aquella celda de tres metros de largo por dos de ancho.

Un libro que jamás olvidaré y que me impactó sobremanera fue la autografía de Nelson Mandela, El largo camino de la libertad. Es admirable la capacidad de resistencia de este hombre ante situaciones tan duras. Un ejemplo de lo que es la convicción y el coraje. Un paradigma del sacrificio y de la esperanza de que el bien al final se impone sobre el mal.

¿Cómo pasaste de ser un soldado internacionalista y trabajar en un medio tan asfixiante como la controlada televisión cubana a escribir denuncias y opiniones desde el periodismo independiente, libre, temerario casi?

El desencanto fue gradual. Un proceso de toma de conciencia, de preguntas que me hacía sobre los diversos problemas sociales, políticos y económicos creados por el sistema, todavía presentes y que explican el desastre nacional. Participé en la guerra de Angola como un simple soldado desde 1981 hasta 1983. Allí pasé el servicio militar obligatorio. Fue otra experiencia muy difícil. Imagínate vivir en trincheras durante 26 meses, tomando agua contaminada y con la compañía permanente de ratas o serpientes venenosas. Allí conocí, en dos oportunidades, lo que es un bombardeo aéreo. Después del regreso, pude formarme como editor de televisión. Fueron 10 años en este trabajo en que participé en la realización de múltiples programas dramáticos, infantiles, humorísticos e informativos. Era uno de los que contribuía a elaborar un producto audiovisual marcado por la censura.

Durante mi estancia en los servicios informativos, donde se realizan los noticieros fue que pude conocer los entresijos de la manipulación en beneficio de la ideología gubernamental. Llegó un momento en que tuve la necesidad de definirme. No podía continuar bajo las coordenadas de la doble moral. Di el paso y me convertí en uno de los fundadores de la prensa independiente. Ya son 20 años entregados a la causa de la libertad de expresión sin interrupciones.

Tus cuentos de la cárcel, con el horror vivido allí, se mezclan con tus deseos por pulir la poesía, la palabra, como si fueran joyas muy valiosas. ¿Qué te ha impulsado a salvar la belleza a toda costa?

La belleza es unas de las tablas de salvación en este mundo tan convulso. No se puede vivir sin ella, hay que buscarla en los entresijos del dolor y te digo que se encuentra. Junto a las sombras de la vida debe haber al menos la tenue llama de una vela y eso depende mucho de nuestra actitud. Hay que buscarle sentido a la existencia y aunque parezca un exceso de optimismo, siempre hay puertas que conducen a mejores destinos.

Es cierto que mis cuentos de la cárcel retratan el espanto y la animalización del ser humano, pero no toda mi obra tiene el sello de la aflicción y el desánimo. Tanto en la prosa como en la poesía que hago está el reflejo de todos los estados de ánimo que nos visitan. No siempre podemos tener una sonrisa a flor de labios, ni tampoco un sentimiento de derrota clavado en la psiquis desde que amanece hasta la noche. Somos una suma de sentimientos, a veces contradictorios, pero con los que hay que lidiar.

Considero que en cada poema debe estar presente la belleza, independientemente del tema. Este género exige de quien lo cultiva un olfato único para detectar las esencias del objeto o sujeto sobre el cual se escribe. La poesía debe comunicar un mensaje sereno, atractivo, conmovedor. Nada que ver con el mal gusto.

Llevas más de 20 años denunciando y dando opiniones sobre lo mal que va tu país. Algunos pudieran tildarte de reiterativo. ¿No estás cansado? ¿Hay alguna fórmula para mantener la constancia de un par de columnas semanales apuntando al mismo sitio que cuando empezaste?

De veras que, pese a los 22 años que llevo en estas lides, dos en el sindicalismo y 20 en la prensa, no estoy cansado. Por supuesto que no es lo mismo. Trabajar en estas condiciones durante tanto tiempo tiene sus consecuencias. Recuerda que se trata de un régimen de corte totalitario, donde la impunidad y el rigor represivo no es cualquier cosa.

Yo he pasado por todo: Arrestos temporales, actos de repudio, amenazas, campañas de desprestigio, condena a prisión. Han hecho todo lo posible por destruirme, pero aquí estoy. Pude acogerme al destierro en el 2010, pero rechacé esa opción. Espero poder ver los resultados de mis esfuerzos. Aspiro a que algún día se legitimen los derechos fundamentales en Cuba, entre ellos la libertad de prensa, una de las principales razones que me dan fuerzas para continuar.

Considero que no existen fórmulas definitivas para mantenerse escribiendo por mucho tiempo desde las filas del periodismo independiente, sin caer en repeticiones ni otros fallos que afectan la profesionalidad. Hay que ser creativos, esforzarse por pulir el estilo, evitar el panfleto y hacer énfasis en la objetividad.

Está comprobado que nunca fuiste bien visto en las editoriales oficialistas cubanas. ¿Cómo te hiciste de las manos extendidas de tus amigos para publicar casi 10 libros en estos géneros de los que hemos hablado si tenemos en cuenta que estos libros salieron desde España, República Checa, Polonia, Estados Unidos y Argentina?

Te confieso que he tenido mucha suerte en la publicación de mi obra y sobre todo que haya sido traducida a varios idiomas. En esto han contribuido muchas personas a las cuales reitero mis agradecimientos. No quisiera mencionar a entidades o personas, por temor a dejar fuera a alguien. En el verano saldrá mi octavo libro. Gracias a la existencia de internet, con todas las dificultades que se suscitan en Cuba, en cuanto a precios, lentitud y censuras, es que he podido realizar los contactos para viabilizar las respectivas publicaciones.

Me gustaría dedicarme por entero a la Literatura, pero sé que es un deseo que raya en la utopía. El periodismo me consume casi todo el tiempo y las energías.

En el 2014 recibiste el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba. ¿Qué crees que se haya premiado, tu obra o tu posición vertical frente al régimen y el consiguiente ostracismo al que has sido condenado? Esto pudiera levantar ronchas en el gremio de escritores

Como bien se estipulaba en la convocatoria, no sólo se tendría en cuenta el valor cualitativo de la obra sino la trayectoria en la lucha por la libertad de expresión. Fue una votación transparente y tuve la suerte de obtener la mayor cantidad de votos. Así de sencillo.

Creo que, salvo honrosas excepciones, los escritores, artistas e intelectuales del gremio estatal no han estado a la altura de los tiempos. Han sido excesivamente fieles al silencio cómplice, han apoyado con su firma hechos abominables, sin retractarse, y una parte de ellos en la actualidad son las piezas de un juego donde se pueden criticar ciertas cosas, siempre con la consabida aclaración de mantener su lealtad al proceso que, desafortunadamente, continúan tildando de revolucionario y socialista. En fin, un verdadero fraude.

Obras de Jorge Olivera Castillo:

Confesiones antes del crepúsculo (Poesía. Ed. Proyecto de Bibliotecas Independientes, Miami-2005), Huésped del infierno (Cuento, Ed. Aduana Vieja, Cádiz, España, 2007) En cuerpo y alma (Poesía. Praga, R. Checa, 2008), Cenizas alumbradas (Poesía. Fundación Lech Walesa. Varsovia, Polonia 2010, editado en polaco y español), Antes que amanezca y otros relatos (Cuento. Fund. CADAL. BsAs, Argentina 2010), Sobrevivir en la boca del lobo (Poesía. Ed. Hispano Cubana. Madrid, España 2012), Tatuajes en la memoria (Poesía, Praga, R. Checa 2013). En el 2010 se reeditó En cuerpo y alma, en francés y español.IMG_3926

 

Víctor Domínguez explica cómo se zafó de la hoz y el martillo de Armando Hart

Víctor Domínguez. Foto: @alambradas

Víctor Domínguez. Foto: @alambradas

Víctor Manuel Domínguez (Bayamo, 1955) escribe desde una “barbacoa” en Centro Habana. Cuando se asoma a la calle y se asegura que un día la ciudad se puede desplomar del todo, empina un vaso de ron (“cuando aparece”), fuma largo y quedo y se vuelve a meter en esa cueva: A escribir poesía, a hacer periodismo para criticar a opositores y dictadores. Dice que no puede dejar de leer un solo día de su vida y que en raras ocasiones contesta entrevistas, como ésta que le puso Martí Noticias en el buzón hace unas semanas.

Después de más de veinte años escribiendo narrativa te apareces con un poemario Café sin Heidy frente al mar (NeoClub Ed., 2014). ¿Un giro en el lenguaje? ¿Una búsqueda formal o un sin remedio de casi todos los escritores?

En parte tienes razón. Fueron más de 20 años de escrituras sin tener esperanza de publicar. Pero el orden de los géneros fue al revés. Comencé escribiendo poesía. Mi poema “Que nadie me diga vine”, ganó el premio municipal, provincial y el segundo en el Encuentro Nacional de Talleres Literarios celebrado en el Hotel Jagua, Cienfuegos, bajo la hoz y el martillo cultural de Armando Hart.

Portada del libro Café sin Heydi frente al mar, de Víctor Domínguez.
Portada del libro Café sin Heydi frente al mar, de Víctor Domínguez.

Comencé en los tiempos de la entonces Brigada Hermanos Saíz de Escritores y Artistas Jóvenes, el Contingente Cultural Juan Marinello y el Movimiento de la Nueva Trova, que luego se fusionaron en la que es hoy Asociación Hermanos Saíz (AHS). También fueron tiempos de La Brigada Artística 4 de Abril, que reunía a los creadores “más destacados” de cada provincia del país, bajo la égida de la tenebrosa Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

En esa época, mi poemario Puntos de vistas, ganó el Premio Mangle, con derecho a publicación, mil pesos y un viaje a un centro recreativo provincial, con una acompañante. Pero por mis ideas políticas, mi comportamiento social contestatario y otras flores del mal de mi condición humana de no aguantar imposiciones de nadie y siempre decir la verdad, al menos la mía, no me dieron ni una ni otra cosa. Mi venganza fue que dos años más tarde gané mención de poesía en el Premio Caimán Barbudo.

Ahí fue cuando comencé a escribir narrativa, cuentos fundamentalmente. El color de los muertos, un remedo de realismo socialista enmascarado en el realismo mágico y en el estilo del Manuel Cofiño de Y un día el sol es juez, me llevó a otro evento nacional otra vez. Aunque por similares causas absurdas volví a quedar fuera del pastel. Ahí rompí con todo lo gubernamental.

En cuanto al giro en el lenguaje, es real. No sólo entre la lírica y la narrativa, pues aquellos poemas de entonces, tenían menos elementos, experiencia y corazón que Café sin Heydi frente al mar. De ahí nace un sí a tu doble pregunta ¿Una búsqueda formal o un sin remedio de casi todos los escritores? Fueron 20 años que invertí en leer de todo, escribir, y sobre todo aprender.

20 años de periodismo independiente publicando la columna Crónicas de Nefasto en Cubanet afloraron en Revolución a la carta. ¿Cuánto te ayudó el periodismo? ¿Cuánto hay de Víctor Domínguez en Nefasto?

El periodismo es una escuela para cualquier escritor. Y no hay que ser Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway o Mario Vargas Llosa para confirmarlo. El poder de síntesis, la rápida descripción, el verbo como un martillo y tantas cosas más que, sin embargo, en exceso, tienden a secar el caudal de humanizar imágenes para todos los gustos. Deja la palabra en la piel.

En cuanto a Nefasto, si Gustave Flaubert dijo que Madame Bovary soy yo, puedo considerar lo mismo y, salvando las distancias, de Nefasto. Él está hecho de mis vivencias y carácter. Juzga y vive con mi temperamento. No teme decir la verdad, usar la ironía y el sarcasmo. Respeta a quien merece respeto, pero tritura a cuanto farsante, hecho o situación presuma de lo que no es.

Nuestros bufos del siglo XIX, Eduardo Abela, Aníbal de Mar, Núñez Rodríguez, Guillermo Álvarez Guedes, Marcos Behemaras, Héctor Zumbado y demás parece te abrieron las puertas de casa. ¿Te sientes cómodo en la finca del humor? ¿Qué interacción has tenido con los destinatarios de tus crónicas humorísticas habaneras?

No hay dudas que todos esos maestros del humor que mencionas me ampliaron las puertas, pues desde niño comencé a empujarlas hacia el humor asomado a su ventana. No me considero simpático, pero siempre me han considerado ocurrente, cómico –qué palabreja– y muchos que me quieren bien, un humorista natural. A veces, al verlos reír sin ton ni son con mis cosas, me lo creo.

En verdad, me siento súper cómodo. Es algo que llevo dentro como el corazón, y me fluyen sus latidos con naturalidad, y aún más cuando siento taquicardias, es decir, estoy inspirado. La interacción es muy buena. Desde que Nefasto asomó un ojo en el semanario DDT y lo censuraron, Rosa Berre le abrió las puertas de Cubanet y lo promocionó, al igual que Juan González Febles en los últimos siete años en Primavera Digital, sólo me ha dado satisfacciones, incluidas las torcidas de ojos. Los seguidores de Nefasto son más de los que imaginaba, y no sólo dentro del país. Muy gratificante.

¿Cómo es escribir por años sin la esperanza de volver a publicar? ¿Sobre qué resorte estuviste para no desfallecer?

Te dije que soy testarudo e independiente hasta para conversar. Y cuando uno hace algo (en mi caso la escritura) y sabes que lo haces bien, o al menos no peor que los demás, pero te impide llegar la falta de sumisión, no ser adaptable ideológicamente, no dar el piojito a nadie y menos a un pelafustán con ínfulas de mando y sensibilidad de mandril, te crecen fuerzas para esperar por años. Esos resortes, más mi vocación de escribir a prueba de impublicable, me hicieron resistir.

Codiriges el Club de Escritores Independientes de Cuba, una especie de Pen Club. ¿Cómo funciona? ¿Qué hacen?

Soy el vicepresidente del Club de Escritores Independientes de Cuba. Lo preside mi hermano y colega Jorge Olivera Castillo. En cuanto a su funcionamiento, básicamente se centra en debatir las obras, luchar espacios, impartir talleres sobre todos los temas literarios a los integrantes, realizar trabajos comunitarios con los interesados, hacer campañas de lecturas, prestar libros, ayudar a quien necesite alguna orientación o corrección literaria. En fin, vivir y difundir la literatura.

Es enrevesado el camino de la censura. Los Estados totalitarios sorprenden a veces porque crean estigmas donde hay una válvula de escape. ¿Cómo definirías y describirías el proceso de lastrar la creación que ha existido en Cuba por más de 56 años?

Lo defino, como bien tú señalas, inherente al sistema totalitario. Según expresara el Premio Nobel de Literatura, el nigeriano Wole Soyinka, durante una intervención en la Casa de Las Américas: “Lo primero que hace un régimen totalitario es atacar a la intelectualidad“. Y eso es lo que ha pasado en Cuba por más de medio siglo. Y lo dijo en medio de los comisarios, censores, correveidiles, burócratas culturales y otras pulgas del perro comunismo disfrazado de política cultural de la revolución cubana. Algo aberrante en un mundo abierto a la intercomunicación.

Si alguien desea ejemplo, ahí están en el olvido el suplemento cultural Lunes de Revolución, los negros y homosexuales de las Ediciones El Puente, los académicos de la Revista Pensamiento Crítico, las víctimas del Quinquenio Gris y de la parametración, los firmantes de la Carta de los Diez, los autores de Paideia, Bifronte, Cacharro(s), entre otros proyectos que llegarían al infinito, con sus dignos animadores condenados a la cárcel, al exilio o a la marginalidad cultural en Cuba.

Definitivamente los esfuerzos personales o los de pequeños grupos se han impuesto para que tú y tus colegas proscritos vuelvan a ver sus letras publicadas.

Gracias a personas como Darsi Ferrer, Idabell Rosales y Armando Añel; Joaquín Gálvez, Angelito Santiesteban, Alex Fonseca –recientemente fallecido–, Ángel Cuadra y otros que nos abrieron los brazos y las posibilidades cuando en el 2013 logramos al fin salir al exterior, hoy el Club… se visualiza, alcanza esplendor, renueva la fe.

Gracias a quienes ya mencioné y a otras manos amigas, el Club de Escritores muestra en sus vitrinas el Premio Nacional de Literatura Independiente de Cuba Gastón Baquero” –otorgado en 2014 al escritor y ex preso político Jorge Olivera Castillo–, y unos cuantos libros publicados por Neo Club Ediciones, Aduana Vieja, Cadal y Fra, entre otras editoriales con sede en el exterior. Y gracias a ti por todo.

Siete pasos para matar a Orlando Zapata Tamayo

Orlando Zapata Tamayo.

Orlando Zapata Tamayo.

Este post lo publiqué a pocos días de aquella muerte innecesaria. Ahora denuncio y mantengo las mismas ideas de entonces. Es mi homenaje a mi hermano Orlando Zapata tamayo.

Estoy aún bajo los efectos del dolor por esa muerte evitable y la impotencia por no asistir a las honras fúnebres debido a la impedimenta policial, pero eso no me ha limitado para decir que de todas maneras esto que aquí expongo me parecen los siete pasos finales por los que avanzó la maquinaria represiva para matar a Zapata.
1-Armar ese teatro parajurídico que llegó a imponerle 63 años de condena de cuatro iniciales por desacato.

2-Las golpizas continuas acompañadas de palabras obscenas e insultos a su raza y región donde vivía (negro de m…, guajiro de m…).

3-La ubicación en cárceles tan distantes de la vivienda de su madre (Prisión Kilo Cinco y Medio en Pinar del Río, Prisión Kilo 8 en Camagüey).

4-Las golpizas de noviembre del 2009 en la cárcel de Holguín cuando lo derribaron de un cabillazo en una pierna, le dejaron la huella en la rodilla y que hoy ha podido ver de nuevo su madre cuando abrió el féretro allá en su casita de Banes y también descubrió que había otras marcas de los tonfazos que seguramente recibió meses atrás.

5-.El traslado forzoso a Camagüey y el robo de sus pertenencias el 3 de diciembre donde le confiscaron los únicos alimentos que él comía en la prisión. Esto fue el hecho que lo determino a declararse en huelga de hambre.

6-Retirarle el agua por 18 días en medio de la huelga aún cuando el había declarado que se declaraba en huelga de hambre pero que solo tomaría pequeñas cantidades de agua.

7-La maniobra de llevarlo de un hospital de Camagüey a una sala de penados en el Oeste de la Habana, sala que no tiene condiciones para albergar presos en estado de gravedad.

Me falla el poder de análisis en este caso, pero por favor no sigan diciendo que al gobierno se le fue la mano. La orden de ejecución estaba dada desde la oficina del general Raúl Castro Ruz.

Luis Cino: “siempre fiel a la verdad, aunque duela decirla”

Luis Cino Alvarez.

Luis Cino Alvarez.

A Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956) no le importa vivir a un costado de la capital cubana; Arroyo Naranjo es su cueva natural para reportar la vida desde el periodismo independiente hace 16 años. Desde allí escribe para su blog Círculo cínico, hace entregas periódicas a Cubanet e integra el Equipo de Redacción del semanario Primavera digital.

Cino celebra la fiesta de todo escritor: Después de casi dos décadas de prohibición y censura, acaricia ahora Los tigres de Dire Dawa (Neo Club Ediciones, 2014).

Melómano jazzista y ‘enfermo’ al rock and roll prohibido en Cuba alguna vez, Cino se apasiona en discusiones sobre los que se creen infalibes ya sean disidentes o personajes de la oficialidad. Su experiencia como profesor de inglés, constructor y peón en la agricultura, ha macerado su oficio de escritor de todos los días. Este hombre está aferrado a la literatura como un acto de fe.

Martí Noticias intercambió con él brevedades que confirman que la creación artística puede saltar todos los muros.

Es extraño hacer una entrevista sobre un solo libro, pero en Los tigres de Dire Dawa se resumen La Habana que se cae a pedazos y la muerte lenta del individuo: marginado, sin asideros. ¿Cómo vas al realismo, en busca de una herramienta para contar o por pura metástasis de la sociedad en que vives?

Un poco de las dos cosas. Y, como tiene mucho que ver con tu segunda pregunta, te amplío la respuesta en ella.

En varios años de hacer el periodismo entre prohibiciones, tus personajes acaban pareciéndose a esa gente de la vida real que le da vida a tus nostalgias, análisis y denuncias. ¿Cómo explicas esa autofagia entre periodismo y literatura?

Mucho se ha discutido si el periodismo lastra o beneficia a la literatura. Yo creo, teniendo en cuenta casos como los de Hemingway y Tom Wolfe, que es más beneficioso que perjudicial, pero en muchos aspectos siempre deja sus daños colaterales.

Los tigres de Dire Dawa. Portada.

Los tigres de Dire Dawa. Portada.

En mi caso, parece que luego de tantos años de hacer periodismo en estas circunstancias tan particulares, no puedo evitar que mis personajes de ficción se parezcan a los de la realidad, a los que he conocido y a los que veo todos los días en la calle, en esta vida que nos ha tocado, con sus penas y frustraciones, que a veces comparto. En varios de esos personajes hay mucho de mí, o de amigos míos. Varios de los cuentos se basan en historias reales, historias que viví, me han contado o en las que he estado involucrado de alguna manera. Los otros personajes, los casos extremos, están en la calle, en la vida diaria en Cuba, son dolorosamente reales, y lo que más duele es la falta de soluciones para ellos, porque el tiempo y la vida no vuelven, y ya nadie les puede devolver lo que perdieron por el camino.

No creo que a mucha gente les consuele pensar que fueron víctimas de un proceso histórico. En todo caso, que se conozcan también sus pequeñas historias. Con todas ellas se conforma the big picture. Y qué lástima o qué bueno si es realismo sucio y no tiene los ribetes épicos que algunos prefieren y de los que tanto se ha abusado.

Tengo la impresión de que personajes como El Pata, Chamba y El Pelú, aunque son seres frustrados tienen un nivel de resistencia que los hace sobrevivir a su misma vida miserable. ¿Es el Rock un antídoto en ellos o un grito tuyo como narrador marginado y tocado por la censura?

En circunstancias como las que se viven en Cuba, cada cual se busca sus antídotos. Si no fuera así, habría muchos más casos de suicidios e infartados. Más de los que hay. En mi caso, mis antídotos son la literatura y la música, no solo el rock, sino también los blues y el jazz.

Tu literatura, como la de tus colegas censurados en 56 años de revolución se desarrolla al margen de la crítica especializada, de las promociones literarias y los incentivos extra literarios de los que viven muchos escritores alrededor del mundo. ¿Puedes enumerar cuáles son tus resortes, de qué aliento te nutres para seguir e insistir?

A veces me falla la fe y cojo unas depresiones de campeonato, pero lo que me anima es la certeza de que la razón está de nuestra parte y algún día se hará la luz y la verdad vencerá.

Volvamos a tu manera de hacer periodismo, que tiene mucho de lo punzante de la narrativa. He visto tus artículos de opinión tensando la cuerda de la política oficial o lanzando tus misiles contra caras conocidas de la sociedad civil independiente. ¿No te ha acarreado esto último ningún problema, alguna cara larga? ¿Cómo asumes el periodismo alternativo que se hace hoy desde Cuba?

Me he buscado malas caras, enemistades y acusaciones de todo tipo. En el campo pro democracia también han arraigado fuerte los vicios del sistema. Sobre todo la intolerancia. Por eso hay que señalar los errores y las malas actitudes, para que no sigan cogiendo fuerza y haciendo daño. Al burro hay que darle los palos donde se cae, no la semana que viene. ¿O por aquello de “no darle armas al enemigo” vamos a repetir la misma historia que ya conocemos? El periodismo independiente debe librarse de los vicios que arrastra del Granma y el resto de la prensa oficialista: El teque, el panfletismo, el triunfalismo, la complacencia, el tremendismo, la prosopopeya, la sacralización de determinados temas y figuras… Y, por supuesto, ser responsable y ser siempre fiel a la verdad, aunque duela decirla.

Muchas veces he querido hacer esta pregunta para respondérmela yo mismo: ¿Qué hay de tus lectores?  ¿Cómo te retroalimentas si has escrito tantos años a ciegas si tenemos en cuenta el tiempo que has escrito para Cubanet y los que lo has hecho para Primavera de Cuba?

Es bastante frustrante no poder llegar plenamente a tu público natural, el cubano de acá, pero no son tan pocos los que nos leen a los periodistas independientes. A veces te asombras cuando gente que tú no sospechas que te leen, te comentan algunos de tus trabajos.

Acuérdate que las memorias flash, los CD y algún que otro impreso circulan de mano en mano entre gente ávida de información sin censura.Y tenemos también la retroalimentación que nos llega a través de los comentarios que te hacen llegar cubanos que están regados por el mundo entero y para los cuales lo que tú escribes también es uno de sus asideros a su tierra, y por eso opinan con una pasión y una cercanía que impresiona.

El mundo está de vuelta de casi todo, y tú (como tus colegas Jorge Olivera Castillo, Víctor Domínguez, Juan González Febles y otros) te asomas a esta ventana y encuentras por primera vez un texto tuyo publicado íntegramente. ¿Cuánto pesa ser un escritor disidente desde esa Habana festinada del siglo XXI?

Da una inmensa satisfacción ver que al fin tus libros salen del cajón y son publicados. Compensa todo lo que has tenido que sufrir y soportar, y no te lo voy a contar porque de eso, colega, tú sabes tanto o más que yo.

Ángel Santiesteban: “Soy una mirada social de mi tiempo”

El escritor Angel Santiesteban Prats.

El escritor Angel Santiesteban Prats.

Solo unos días después de Ángel Santiesteban Prats enviar esta entrevista a Martí Noticias, fue llevado intempestivamente al cuartel general de la Seguridad del Estado, Villa Marista, pero ya sus respuestas estaban a salvo. Él también.

El narrador que obtuvo el Premio UNEAC con el conjunto de relatos Sueño de un día de verano (1995), El Premio César Galeano 1999, el Casa de las Américas 2006, con Dichosos los que lloran, luego abrió el blog Los hijos que nadie quiso donde expuso al mundo sus ideas sobre los Derechos Humanos en Cuba y no paró hasta la cárcel. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía y hoy responde estas preguntas desde una celda improvisada en una unidad de Guardafronteras del Ministerio del Interior, en Jaimanitas, La Habana.

¿En qué momento se fundió el Ángel Santiesteban narrador y el personaje?

Podría asegurar que comenzó desde los inicios, a finales de la década de los 80, y es que considero que la necesidad de escribir, comunicarme, trasmitir mis sentimientos, fue una medida de compromiso, precisamente, por el dolor que sentía dentro de mí. Recuerda que mi primer pensamiento literario surgió a los 17 años cuando me encontraba preso en la Fortaleza de la Cabaña, por el “delito” de acompañar hasta la costa a mi familia, con el ánimo de despedirla, como ocurrió, y fueron luego sorprendidos en altamar, por lo que se me acusó de “encubrimiento”, pero el día del juicio, el tribunal consideró, según las leyes vigentes, que ese delito no incurría en mi persona, porque entre padres y hermanos se consideraba lógico. Es decir, me procesaron porque según el fiscal, yo debía haber denunciado a mi familia por abandonar clandestinamente el país, lo que se considera una traición al proceso del régimen totalitario. No obstante permanecí catorce meses en presidio. Por lo que considero que antes de ser un escritor ya era uno de mis personajes, lo que aproveché para compartir mi dolor personal con los personajes que a partir de ese entonces comencé a construir. En cada personaje creado por mí, está mi dolor, o el de mi familia, los amigos, los vecinos. Soy una mirada social de mi tiempo, y ahí está el compromiso conmigo, con mi madre, la historia y mi tiempo, sin importar las consecuencias que esa postura me conlleve.

Sufro con cada palabra que escribo, sangro por cada pasaje que represento. Muero y vivo con mis personajes; pero siempre creo ante todo, a través del arte genuino y sin compromiso.

¿Hasta dónde tus demonios narratológicos se fundieron en tus ánimos sociales?

Juro que no fue una meta, tampoco un compromiso y menos la intención de epatar y llamar la atención, es más creo, que de esa forma no se logra el arte. Mi semilla creativa surgió a partir de la inconformidad y el miedo social. Personas que escondían su animadversión al proceso político y fingían, y fingen, ser simpatizantes con la dictadura, y ese reflejo de mi tiempo me convirtió en una voz, una alternativa, y se representó inconsciente, porque el fundamento de mi visión artística es aquello que me lacera, golpea o preocupa, y luego intento plasmarlo de la mejor manera, según mis herramientas literarias.

Cuando descubro un pensamiento de un pasaje personal o escucho una anécdota sugerente, se dispara un dispositivo en mi interior, y un pálpito diferente me avisa que debo intentarlo, y casi siempre está ligado a una consecuencia social.

Has asumido el sentido trágico de la vida. Como Severo Sarduy, Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, has armado una literatura que se vuelve denuncia. ¿Qué procesa o escribe Ángel Santiesteban Prats desde este encierro?

Ante todo, reconocer que en cualquier arista que se me compare con esos tres grandes escritores cubanos –ya para mí es de orgullo, y te agradezco la noble herejía literaria porque siempre asumiré las distancias entre ellos y yo– a quienes respeto por su obra y vida, el sufrimiento que izaron como bandera, a partir de la opción de emigrante, buscando esos “tres tristes tigres”, que fueron ellos, al ser voces discordantes con el sistema político.

Con Angel el 20 de enero 2010 en la habana-cuba

El autor de esta entrevista con Angel Santiesteban, 20 de enero de 2010 en La Habana-Cuba.

Tengo experiencias semejantes con Reinaldo Arenas, en cuanto al presidio y a la marginación cultural que sufrió; pero coincido con ellos tres en la emigración, solo que en sus casos hubieron de desplazarse fuera del archipiélago, en el mío, vivo esas mismas consecuencias pero desde el interior, dentro de la isla; por ello hoy escribo sobre la realidad que me circunda; la injusticia que vivo. Una vez escribí en un post que el último lugar al que debió enviarme la dictadura fue a este; donde he tenido que crecerme como ser humano, artista y disidente. He escrito un libro de cuentos desde el dolor, pero que a mi consideración y la de mis amigos, aún está muy a flor de piel y debo distanciarme de la experiencia para retomarlo y restar una intención política que, inevitablemente, se refleja en ese conjunto de relatos. También escribí una novela extraña, con temática carcelaria, que supongo poder revisar a mi salida. Comencé una novela Premios y castigos, de corte más biográfico.

Mi experiencia de vida es trágica. He vivido un guión trágico que afecta la sociedad, por caprichos políticos de los dictadores. Es conocido que “los escritores nos alimentamos de carroña humana”, y este sistema es muy dado a ensuciarnos con las sangre de sus víctimas.

Tus personajes aparecen transidos de dolor como si no hubiera nada más allá en el horizonte. ¿Dónde surge esta elaboración, esas piezas de cambio en cada relato?

A veces es en una palabra, una imagen, o el reflejo de una angustia. Cuando percibo que alguien sufre, tengo la necesidad de asistirlo. Creo fervientemente en que un escritor si no ayuda a cambiar, a curar esa realidad, al menos tiene el deber de reflejarlo como espejo de su tiempo, en función social, y, a veces, hasta buscamos alternativas de respuesta anémicas para esos sufridos, cuando ven en los personajes, su realidad más inmediata. Tenemos la posibilidad, como algo propio de la propia creación, de sustituir, mejorar, brindar, reemplazar, trocar, los destinos e inventarnos algo mejor. Las variantes pueden ser múltiples, en la medida de la capacidad de talento del escritor y sus necesidades artísticas. Siento que soy el reflejo de mi tiempo y de esa manera intento plasmarlo en mi obra.

Si apelamos a los datos que aportas en El verano en que Dios dormía, tu novela es la reconstrucción de una época. Describir la vida en el mar, de seres que no son precisamente pescadores, la circunstancia exacta en que deciden lanzarse a la vida o la muerte y los desenlaces que se funden con lo que conocemos hoy como “la crisis de los balseros”, nos pone ante una novela histórica ficcionada. ¿Cuáles fueron tus herramientas, la historiografía, la sociología o el cabal conocimiento de estas técnicas narratológicas que ostentas hace tiempo?

Cuando abordo un tema que no he vivido, que ni siquiera se encuentra en libros que se puedan consultar, comienzo un estudio de terreno, en mi caso, según mis temas, con los soldados que participaron en las guerras africanas, los balseros que decidieron regresar desde la Base de Guantánamo, o personajes marginales que sobreviven a través del delito. Siempre hago grabaciones de sus experiencias. En algunos casos tuve que apagar el equipo de grabación, a petición del entrevistado, cuando se comprometían en sus testimonios, y el temor los obligaba a protegerse, al revelar los hechos delicados sobre, por ejemplo, pésimas órdenes de un alto militar en Angola, y por la que se producían víctimas inocentes; o hechos cometidos por ellos mismos y de los que se avergüenzan.

Tengo la necesidad de cuando comienzo un tema saber cada hecho, historia, cultura, el color de la tierra, olores, vegetación, detalles que me ayudan a transportarme y vivir en mi imaginación, recrear, hacer regresar el tiempo y ver, palpar lo que narro.

La mayoría de los personajes de mi novela El verano…, son familia o amigos. Manolo es el esposo de mi hermana menor. Es cierto que estuvo en la conflagración bélica en África, que fue zapador, que se jugó la vida en el Estrecho de la Florida sobre una balsa con otros familiares, y que luego cruzó el campo minado para regresar con su familia en La Habana. En él, ese personaje, hay agregados muchos personajes; entrevisté a cuanto balsero he conocido, cientos de horas en casetes, que era lo que se utilizaba a mediado de los noventa, y en cada uno recogí el dolor que afloraba en sus palabras, gestos y silencios.

Hay un tiempo de “doloroso aprendizaje”, al decir de C.A. Montaner. ¿Por qué tus narraciones están cargadas de víctimas?

Estoy convencido que cada cubano, participante en los procesos políticos, no solo desde 1959, sino desde antes, son víctimas de los caprichos, ambiciones y malas entrañas de esos mandatarios que han arribado al poder de la nación. En lo particular me baso en la experiencia, el sufrimiento de las generaciones desde la de mis padres hasta hoy, y los considero víctimas directas del régimen. No solo las de aquellos que se opusieron, también agrego a los que fueron engañados, los que como mi tío Pepe, apostaron por un país mejor, democrático y humanista, hasta que descubrieron que fueron engañados, pero ya no tenían la edad o el valor para enfrentarlos, y decidieron quitarse la vida por la vergüenza de ser partícipes de este engendro que ha gobernado por más de medio siglo, y que para lograrlo han fusilado, encarcelado, asesinado a través de sus órganos represores y de inteligencia.

Los que emigran, los que permanecen dentro de la isla con temores, aunque sea uno solo; los que alguna vez han necesitado fingir para no ser reprendidos ni castigados; los que han mentido o mienten y traicionan sus verdaderos pensamientos, criterios sobre la realidad que los circunda, todos son víctimas del sistema.

Siempre repito que la única ambición que he tenido en la vida es entender a las personas. Entenderlos aunque no comparta su lógica, pero al menos saber la causa, el sentimiento que los acompañó en el momento de ejercer un acto, positivo o negativo. No siempre lo logro con los seres humanos; pero sí con mis personajes. Me tienen que ser transparentes a la hora de contarlos. Entender sus acciones, pensamiento y obrar.

Soy una víctima de mi tiempo, acompañado por mis personajes que reflejan ese sufrimiento humano.

Al parecer te ubicas entre las piezas de Carlos Montenegro y las almas perdidas de Reinaldo Arenas. Los protagonistas de tu novela y relatos se mueven entre la perdición de la noche y la desilusión de los días en La Habana. ¿No temes acabar relatando una Habana contada y vuelta a contar?

Como la de Montenegro es mi experiencia personal, y ya sabemos que la realidad nos supera. Es tan rica en matices, múltiples tonos inagotables que garantizan la salud de ese abordamiento en la ciudad y sobre la ciudad. Siempre existe un indicio no abordado, una nueva forma de contar sobre lo mismo, compartir temáticas inextinguibles. Ni siquiera una foto repetida ipso facto, puede captar lo mismo porque sus colores cambian constantemente.

Sí, temo repetir esos paradigmas de la literatura cubana; pero no creo que se pueda parecer, imitar a esos grandes y especiales escritores, porque existen múltiples formas de ver, maneras de contar esta Habana, esta Cuba, por momentos tan querida, o tan odiada.

Ángel. Prisión Unidad de Guardafronteras, Jaimanitas, La Habana.

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