Delación y miedo: El tesoro doméstico de Fidel Castro

Maikel R. Alfajarrín, soplón, al lado del policía 1er Tte. Alexander La ‘O Aguilera, Jefe de Sector y que luego fuera sancionado por corrupción en 2011.

Maikel R. Alfajarrín, soplón, al lado del policía 1er Tte. Alexander La ‘O Aguilera, Jefe de Sector y que luego fuera sancionado por corrupción en 2011.

¿A quién no le han pedido en Cuba que hable, que “chapee” bajito? ¿Quién no ha bajado el tono antes de hacer un comentario sobre Fidel Castro? Es la fortuna doméstica del castrismo: un soplón en cada esquina.

Cuando en 1961 el hijo triunfante del poblado de Birán anunció la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), echaba andar la aceitada maquinaria de la delación, de los hombrecitos de civil que se encargan, hasta hoy, del ‘correveydile’ entre vecinos y la temida Seguridad del Estado (G2).

Cada empresa, hospital, institución cultural, estadio de Béisbol, oficina de multas o taller de zapatería es ‘atendido’ por uno o varios agentes, en dependencia de la importancia que revista para el país, o de la gravedad del suceso ocurrido dentro de sus instalaciones.

Todos los conocen, muchos los esquivan. Estos ‘oficiales’ tienen un poder con pocos frenos. Si te marcan como “desafecto al proceso revolucionario” tardarás años para que te borren de esa lista, se olviden de ti o hagan la vista gorda con tu presencia. Si es que eso llega a ocurrir.

Dentro de las oficinas provinciales de Seguridad del Estado está el Departamento de Enfrentamiento al Enemigo. Ellos se presentan de ese modo ante opositores, disidentes, escritores y periodistas independientes, así como ante aquellos artistas que alguna vez osaron rosar el poder o la figura de Fidel Castro con sus obras, metáforas o ironías.

Desde ese nivel para abajo, los Oficiales de Enfrentamiento tienen compartimentos menos visibles y más torcidos. En las barriadas desandan aquellos Oficiales Honorarios (OH), muchas veces hombres y mujeres frustrados que vieron interrumpidas sus carreras hacia el Ministerio del Interior y hoy se consuelan con vigilar la casa de un opositor, denunciar a una viejita que vende coladas de café o al rapero que acabó de componer una canción contestataria.

En una ocasión en que estuve detenido por cinco días y dormí en el piso de un salón de reuniones de la unidad policial del pueblo, fui custodiado alternativamente por casi una decena de jóvenes Oficiales Honorarios, al servicio del G2.

Entre ellos estaba ‘Pedrito’, educador, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, acusado de robar y traficar televisores en una operación nacional del proyecto de Trabajadores Sociales. Pablo, ingeniero agrónomo y ex compañero de estudios, que no pudo responder a ninguna de mis preguntas sobre derechos humanos en Cuba y se escudó en que les tenían prohibido intercambiar con los detenidos.

Conocí a otros un poco más despreciables y despreciados, como es Maikel Rodríguez Alfajarrín, apodado “Maikel La Chispa”. Ex cantinero, ex estudiante, ex civil y que alterna su castigo a los demás como miembro de la Brigada de Intervención de la Vivienda (Desalojos, multas y procesos penales) con la de soplón.. o Chivato, como le llaman los cubanos desde la década de 1930.

Hay otros, hay muchos, no debo ser el único cubano que los ha sufrido.

Los oficiales honorarios lucen su autoridad con un carné bajo rótulo de la Seguridad del Estado y que en alguna esquina tiene estampada la famosa sigla del G2.

En el pueblo de San Germán, provincia Holguín, mi esposa hacía cola para comprar jabón en una tienda que solo vendía en dólares. Mes de mayo, y se acercaba el Día de las Madres. La cola es enorme, las mujeres pelean o conversan y llega “un seguroso”, un OH llamado Luis Pérez, y conocido por “Luis El Calvo”. La tienda solo acepta unas veinte personas dentro, los demás deben de esperar afuera, bajo el calor sofocante de ese mes. Cuando la portera se asoma para pedir que pasen los demás El Calvo le exige hablar con la Gerente: “Dígale que aquí hay un oficial de la Contrainteligencia que necesita unas bolsitas de nylon”.

Murmullos, cejijuntos que no hablan, labios fruncidos, ojos que se mueven alocados dentro de sus órbitas son las reacciones ante el anuncio del oficial honorario.

Todos integran y hasta coordinan las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR) para vigilancia, acoso y actos de repudio. Muchos les temen, muchos les odian, pocos se atreven a desafiar el lápiz rojo conque estos malos cubanos te convierten en una no-persona.

¿Por qué hacer en Cuba un periodismo de barricada?

Las respuestas es sencilla:  Porque somos un país en guerra mediática contra los ciudadanos hace casi seis décadas.

Hablar de los brotes verdes de la felicidad, en medio de las penurias y el acoso policial, es poco menos que hacer las veces del avestruz. Las dictaduras no creen en esas pinceladas, las usan a sus anchas.

Al periodismo oficialista que dirige los oídos y los ojos de la gente le salió hace rato un contrincante. Es el periodismo independiente, que se autodenomina libre, pero ha tenido que sufrir el hostigamiento del Estado, la cárcel y el exilio.

En la última fecha han aparecido los periodistas “alternativos”, que vienen del oficialismo o acaso lo esquivaron con algunas piruetas, y han dicho a voz en cuello que prefieren narrar, describir el país, hacer investigaciones antes que sumarse a la “barricada”.

Por cierto, ahora este apelativo-barricada-se suma a los improperios anteriores: “mercenarios”, “al servicio de una potencia extranjera”, “vendepatria” y otros.

Cuando escribo estas notas ya han condenado a dos años de cárcel al activista de derechos humanos Alexander Verdecia, un joven que vive a setecientos kilómetros de La Habana y ha sido acusado de poner carteles contra Raúl Castro en la localidad de Río Cauto.

En el antiguo Central Miranda, una desvencijada fábrica de azúcar de principios del siglo XX, vive Ariadna Álvarez Rensoler. Ella protestó hace un mes en favor de una mujer de su familia que a su vez hacía una huelga de hambre. Dos semanas después la citaron a un juzgado local en el municipio “J.A. Mella”, de Santiago de Cuba y le impusieron 6 meses de prisión domiciliaria.

La escena es esta: Ariadna tiene 4 meses de embarazo cuando la fiscal -una mujer igual que ella- lee apurada una sentencia escrita en un idioma casi policial. “No me dejaron buscar un abogado. No me pusieron uno siquiera de oficio”, me dijo en una conversación por teléfono.

En Palma Soriano, también en Santiago de Cuba, la policía puso entre rejas a los hermanos Geordanis y Adael Muñoz Guerrero, los acusan de lo mismo, pero los han llevado a prisión. Los condenaron ya a 1 año y a seis meses de cárcel respectivamente. Fue un juicio sumario. No les avisaron a sus familiares. No hubo ninguna garantía procesal.

Al joven católico Juannier Rodríguez lo esposaron a la espalda, le allanaron la vivienda y lo llevaron a cuatro cuarteles policiales por tres días. Rodríguez distribuía unas canastas de ayuda humanitaria para los damnificados por el huracán Matthew en su natal Baracoa, estaba ayudando a las monjitas de la orden Hermanas de la Caridad. Desde Guantánamo se lo llevaron muy lejos. Lo dejaron al pairo en las inmediaciones de Santiago de Cuba, a las diez de la noche, para que regresara por sus propios medios.

Dagoberto Valdés Hernández, un laico inquieto y sin pelos en la lengua ha sido citado dos veces a estaciones policiales en Pinar del Río, en menos de un mes.

Valdés dirige el Centro de Estudios Convivencia. Una suerte de casa para aprender a ser libres y soberanos, y eso en Cuba ya es un delito grave. Le dejaron dos citaciones policiales y las dos veces el católico y activista por los derechos humanos las publicó en su cuenta de Facebook.

La segunda vez lo amenazaron de forma directa. “A partir de ahora tu vida va a ser más difícil”, le dijo un funcionario de la policía política con rango de primer oficial. Valdés no puede defenderse, no tiene a dónde acudir con la certeza de que lo van a defender a él y no a quienes lo amenazan.

Estas acciones la realizan unos hombres vestidos de paisano, poseen carné de oficiales de la Seguridad del Estado y en la mayoría de las ocasiones se hacen acompañar de policías uniformados.

La gente no dice nada, se encoge de hombros como si algo malo hiciera la víctima, por no estarse quieto, por no bajar la cabeza, por no sonreír cuando el garrote se hunde en el cuerpo del golpeado.

Al que describe estos horrores se le llama periodista de barricada, o amarillista, y en la totalidad de los casos se le acusa de “hacerle el juego al enemigo”.

¿Por qué no hacer un periodismo que haga preguntas al victimario? Las instituciones tienen una mordaza de cincuenta y siete años de revolución verdeolivo y sus dirigentes nunca dan la cara si no es para apañar a los violadores.

¿Por qué no hacer un periodismo de barricada?

Miami: Así es el día de un corredor de fondo

Miami, ciudad húmeda y donde la lluvia te asalta sin avisos.

Miami, ciudad húmeda y donde la lluvia te asalta sin avisos.

Varios amigos maratonistas  me han pedido que describa cuál puede ser mi rutina de ‘runner’.

Soy un corredor aficionado, retomé mi pasión por correr después de los 40 años, al llegar a Miami. El clima, la tranquilidad del suburbio en que vivo y el propio desafío humano me enrolaron en esta pasión que ya no puedo dejar. Este domingo se va a correr la Marathon de Nueva York, la más popular y numerosa del planeta. En Miami se va a correr una poco conocida, la de iRun Company, de solo 5k/10k. yo corro en el segundo tramo. Los 10 kilómetros son rápidos y agotadores, debido a la corta distancia y la presión que hay que poner en el paso. Así que mientras las grandes cadenas estén poniendo los ojos en la Ciudad de Nueva York, nosotros estaremos corriendo al lado de Biscayne Boulevard y la 50 calle del NW de Miami.

Tengo 46 años, soy periodista multimedia, hago un show de radio y escribo artículos para la web, también impulso los trabajos de mi equipo en las redes sociales. Igualmente debo compartir mi escaso tiempo con la Literatura: un poeta que ha aún no ha parado de escribir. Como tengo un trabajo de 8 horas, dos hijos, esposa y amigos, mi vida suele ser un apretujón de minutos, veamos cómo es una jornada regular en la que tengo que hacer una larga distancia.

Amanecer en la Ciudad del Sol

Me despierto a las 4:20 am. Bebo té negro, de Ceylán, -con alguna crema para reducir la acidez de la cafeína- y como rodajas de pan con pasta de maní. A veces lo alterno y solo es un tazón -extra largo- de café cubano bien puro, amargo, con poca azúcar. Reviso la prensa habitual que me interesa: asuntos cubanos, literatura mundial, cine o teatro y cosas humorísticas que me permitan arrancar bien y limpio. Cuando creo que la cafeína va haciendo el efecto necesario, hago 15 minutos de calentamientos lentos y bien precisos –es lo mejor para evitar una lesión que te saque del juego o te hunda ante la carestía de los servicios de Salud.

Run, run, run

Corro entre 12 0 13 kilómetros, y los reparto yendo despacio los primeros 12 o 15 minutos del trayecto. Escojo siempre un tramo rectoinicial. Después de los primeros 5 kilómetros Coral Way se hace más transitable. Luego que le tomas el pulso, el pavimento es tu mejor aliado. Suelo correr con elementos fosforescentes, como guarderas, pulsos o una camiseta que les permita ver a los choferes alocados de Miami que por la acera va gente a una velocidad distinta a sus Cadillac o Toyota.

Luego de un 5k, en Miami.

Luego de un 5k, en Miami.

Recuperar

Termino sobre las 6:00 am. Lo primero es volver a hacer estiramientos finales, parte por parte, el cuerpo siempre lo agradece. Nunca menos de 15 minutos. Y de ahí voy directo a una ducha helada, lo más fría que pueda. Vuelvo a la cocina donde no me puede faltar una taza de té verde con jengibre en polvo o un pedazo de su raíz fresca. Esto me permite levantar el ánimo por las primeras tres horas: comprobado, no falla. Lo que viene es una locura: mi esposa se encarga de nuestra hija Brenda (7) y yo de Malcom (13). Yo preparo el desayuno del chico y ellas se van a lo suyo entre pequeños rollos y pujas contra el tiempo. Leo por 15 minutos mientras él desayuna y me hace preguntas de los resultados del deporte de la noche anterior (béisbol, básquet…), y me voy a la emisora radial. Allí es donde me como dos plátano o cualquier fruta, o tostadas con mantequilla. Trabajo 8 horas haciendo o recibiendo llamadas hacia (y desde Cuba): golpizas a activistas de derechos humanos, expulsión de centros de trabajo, actividades de la sociedad civil independiente, entrevistas a escritores y artistas cubanos regados por el mundo, postear en Facebook y Twitter todo lo que produzcamos en Radio Martí, Tv Martí y Martinoticias.com, y producir y conducir un programa radial de 22 minutos… sin cortes comerciales.

Mitad atleta, mitad padre

Llego sobre las 4:40 pm a casa, como un bocado frío y llevo a mi hijo Malcom a sus prácticas de Béisbol en The Giants, at Tamiami Park. Mientras él se prepara para el entrenamiento o partido del día, yo vuelvo a las rutinas del ‘core’. Hago planchas o abdominales, estiramientos para alcanzar mejor elasticidad. Nunca paso de los 40 minutos en esto. Me siento junto a los demás padres, y alterno mi estancia conversando, leyendo ficción o dedicándome a ver el partido de los chicos.

Malcom en una sesión de entrenamiento de pitcheo con el exestelar lanzador cubano Alay Soler.

Malcom en una sesión de entrenamiento de pitcheo con el exestelar lanzador cubano Alay Soler.

Conteo final

Solemos regresar sobre las 8:00 pm, o un poco antes. Entonces me dedico a cocinar, que es mi otro ‘hobbie’ preferido. Preparo algún plato para dejar algo para el almuerzo siguiente. Esas dos horas que siguen son un enjambre, un aquelarre entre darle cariñitos a Brenda, obligar al chico a que se meta en la ducha y conversar un poco con Exilda, beber ‘algo’ para aliviar el peso del día, en fin. Termino con baño y todo sobre las 10:00 pm y escojo entre ver lo que resta de un partido de béisbol, una película o algunas decenas de páginas de un (buen) libro… o cerrar los ojos, y hundirme en el sueño.

Esta nota me la pidieron colegas corredores desde Madrid y México, para una antología que están por publicar, espero les sirva de algo a todos. Decídanse, correr es de las actividades sociales (o individuales) que he probado.

Ru, run, run.

Ru, run, run.

Juicios exprés a disidentes en Cuba, incluida una embarazada

Un recluso permanece en la puerta de su celda, en la prisión Combinado del Este, en La Habana. Foto Archivo EFE

Un recluso permanece en la puerta de su celda, en la prisión Combinado del Este, en La Habana. Foto Archivo EFE

Son dos hombres y una mujer. Quieren callarles la boca con reclusión penitenciaria o a domicilio. No contaron con abogados imparciales, ni de oficio. Les avisaron pocas horas antes de encerrarlos en un juzgado municipal y en entrevistas para Martí Noticias develaron las irregularidades que están ocurriendo ahora mismo en el sistema jurídico cubano.

En el apartado municipio “Julio Antonio Mella”, antiguo Central Miranda en Santiago de Cuba, vive la activista Ariadna Álvarez Rensoler, el día 6 de octubre se manifestó por el maltrato a una familiar suya que estaba en huelga de hambre. Protestó contra las autoridades, gritó consignas contra el régimen castrista y ahora le quieren escarmentar.

Álvarez, de 27 años, promueve los derechos humanos, milita en la proscrita Alianza Democrática Oriental (ADO) y el pasado jueves recibió una sanción de seis meses de privación de libertad (reclusión domiciliaria) por el supuesto delito de “Desacato a la autoridad”, a pesar de tener 4 meses de embarazo.

“Me llevaron en el día de hoy para ser procesada. Todo fue tan rápido que no se me dio derecho a poner abogado, (…) el juicio se hizo a las 11:00 de la mañana porque según ellos no estaba la Presidenta (del Tribunal) pues el municipio no cuenta con un presidente”, indicó Álvarez.

La activista dice que las autoridades insistieron en celebrar el juicio, a pesar de que les planteó que ese era su día en la consulta de obstetricia, a la que final mente no pudo asistir.

Un alguacil del tribunal municipal en “Mella” le avisó en la tarde del jueves, lo que le impidió contratar un abogado, según dijo al programa Contacto Cuba, de Radio Martí, conducido por el autor de este artículo.

A Ariadna Álvarez Rensoler la presentaron junto a un agente de la seguridad del estado bajo identidad de “Triana”.

“Alegó que yo le había faltado el respeto, mencionaba palabras obscenas hacia su madre que nunca dije. Simplemente me manifesté políticamente por las cosas que yo pienso de este gobierno”, explicó.

Un grupo de opositores pacíficos del municipio San Luis, en la misma provincia, fueron detenidos el jueves en la mañana cuando pretendían asistir al juicio contra Álvarez Rensoler.

Ellos son Roberto González Feria, coordinador de la ADO en la provincia, Luis Ramírez Suárez, Yandi Núñez naranjo, José Antonio Fonseca Ordóñez, Omar Peña, Eugenio Labrada, Gabriel Torres Velázquez, Roberto Perdomo Fuentes, Roilán Álvarez Rensoler, Amaury Hierrezuelo y Boris Ramírez Leyva.

Dos bolsas de papa: Dos años de cárcel

 

Yordanis Ojeda Rosabal, condenado a 2 años de privación de libertad. Activista de UNPACU.

Yordanis Ojeda Rosabal, condenado a 2 años de privación de libertad. Activista de UNPACU.

Yordanis Ojeda Rosabal vive en El Dagame, municipio Alquízar, provincia Artemisa. Tiene una licencia para vender productos agrícolas por cuentapropia, pero es miembro activo de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), algo que le trajo roces con las autoridades.

En el mes de septiembre estaba vendiendo sus productos en La Habana y los inspectores le prohibieron vender porque “estaba fuera de jurisdicción”. Lo llevaron a una unidad policial, le confiscaron dos jabas de papas y le impusieron una multa.

Debido a la medida Ojeda Rosabal protestó con consignas contra el gobierno y ha sido acusado y sancionado por el delito de “Desacato a la autoridad”.

El pasado 18 de octubre una patrulla policial lo sacó de su casa y lo llevaron directo al tribunal de la localidad. “No se me dio ninguna citación, no se me dijo qué día sería el juicio. De los oficiales que me acusaban del supuesto desacato, no había ninguno: uno ya no trabaja como policía y el oficial Javier Reboso Pérez, el de la Seguridad del Estado que nos reprime acá, dice que de los policías que él llevó de la Brigada especial no se recuerda quiénes eran”, relató el opositor al programa Cuba Al Día, de Radio Martí y bajo la conducción de Tomás Cardoso.

Ojeda relató un pasaje que le hace pensar que todo estaba orquestado de antemano: En un receso para a deliberación, el abogado defensor y los jueces conversaban en tono de total complicidad. El activista escuchó decir al abogado defensor que había indicado a uno de los testigos que dijera algo que en el juicio no llegó a decir. “Cuando me vieron se sorprendieron, y yo caigo en cuenta que esto no es más que una trampa, un circo, algo inventado por ellos ahí”, recalcó.

De la iglesia a una celda policial

 

Carlos M. Pupo Rodríguez, activista de derechos humanos condenado a varios meses de reclusión domiciliaria.

Carlos M. Pupo Rodríguez, activista de derechos humanos condenado a varios meses de reclusión domiciliaria.

Carlos Manuel Pupo Rodríguez es gestor del Proyecto Emilia, que dirige el Dr. Oscar Elías Biscet. Pupo fue el 1ro de octubre a la misa que se celebró en el municipio de Bejucal en honor a las víctimas de esa localidad que desaparecieron en el mar, en su intento por llegar a los Estados Unidos.

Pupo fue detenido junto a los activistas Eduardo Quintana Suárez y Yuslier Lazo. A él lo incomunicaron por nueve días en la Unidad de Instrucción Policial de San José de las Lajas, donde llevó una huelga de hambre durante veinte días.

El jueves de esta semana lo han condenado a 10 meses de reclusión domiciliaria, cambiada por una petición inicial de trabajo correccional con internamiento.

Tiene 64 años de edad y difícilmente hubiera podido cumplir las obligaciones de un centro de trabajo forzado.

“Esto ha sido una gran farsa que se ha montado –yo diría que contra mí- contra toda la oposición y principalmente contra los gestores del Proyecto Emilia”, señaló Pupo al programa Cuba al Día, de Radio Martí.

Tanto Pupo como Eduardo Quintana dijeron que las autoridades se hicieron ver y llevaron una cantidad exagerada de oficiales de Tropas especiales, conocidos como “Boinas negras”, quienes se apostaron con sus camiones en los alrededores del tribunal e impidieron la asistencia de unos quince opositores pacíficos que querían presenciar el juicio.

La Seguridad del Estado llevó trabajadores de la construcción y policías vestidos de civil, para aparentar una notable asistencia de público al tribunal de San José de las Lajas.

Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Martí Noticias el viernes 21 de octubre de 2016.

La democratización de Cuba tiene un “manual conciso”

El Politologo Julio Shiling. Foto: Wenceslao Cruz Blanco. Cortesia.

El Politologo Julio Shiling. Foto: Wenceslao Cruz Blanco. Cortesia.

Las guerras más cruentas también están llenas de buenos mensajeros. En 57 años de dictadura castrista Cuba ha contado con pensadores, activistas sociales e historiadores que miran la desgracia de la isla desde todas las perspectivas para alumbrar un poco ese camino y salgamos de una vez de las sombras del autoritarismo verdeolivo. Julio Shiling acaba de publicar un libro que sirve de brújula al país de ahora y de mañana.

Se trata de “Democratización de Cuba. Un manual conciso”, (Patria de Martí, 2016). Es un texto breve, de casi un centenar de páginas, dispuestas a servir de puente a los actores de la sociedad civil, los cubanos que andan regados por el mundo y aquellos que desde la isla esperan una brecha para poner en práctica las mejores herramientas de la democracia en la vida moderna.

La experiencia le ha hecho pensar a Shiling que luego de un cruento proceso de ideologización, sangre, castigos y penurias venidas de la imposición estatal en una sociedad cerrada, la justicia tiene que atar las manos de los abusadores. Los diez puntos que expone en este “manual”, van desde la obligación de mostrar los resultados de la subversión internacional llevada a cabo por los hermanos Castro, zanjar el dilema de las propiedades confiscadas a los empresarios que se vieron obligados a huir en 1959 de la plaga comunista cubana, ajustar la Constitución al canon occidental y moderno, hasta dar los pasos concretos en la justicia transicional que lleve al menor viso de impunidad posible.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es la manera que aborda, con estilo directo y sin rodeos, lo que pudiera hacerse en materia de cimentación de la sociedad civil.

Descomunización, titula una capítulo. Debido a la sujeción que el Partido Comunista de Cuba (PCC) ha hecho de todos los estratos de la sociedad, Shiling afirma categórico que el mismo debe ser proscrito –a la manera en que lo hicieron algunos países ex socialistas. “El PCC debe ser clausurado como ente operativo, junto a todos sus apéndices. Esto recoge, naturalmente, la policía política, las organizaciones de masa, los cuerpos de inteligencia, la jefatura de las fuerzas armadas, (…) El castrocomunismo (…) fue quien escogió, formó y utilizó al PCC como su rostro motorizado y por eso es la institución más relevante y precisa para iniciar el proceso de desmembramiento y desmantelamiento en Cuba”.

Ahora que se repite como un mantra que Cuba está cambiando este libro viene a pedir cuentas de qué cambiaron, cómo lo hicieron y qué pasará con las víctimas del supuesto estatismo.

¿Qué hacer con la deuda castrista –ahora que medio mundo les perdona la maldad de los malos manejos? ¿Qué de los convenios de protección a los trabajadores, contraídos con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y al parecer perdonados una y otra vez? El libro de Shiling tiene pasos concretos a seguir en una futura transición.

Tarde o temprano Cuba, la gente cubana -que ya casi es una raza a fuerza de sobresaltos, infelicidad y heroísmo cotidiano- saldrán de la noche sofocante del comunismo. Para entonces habrá que apuntar que algunos nos apoyaron con un poco de lumbre, como lo hace hoy Julio Shiling con este breve manual para el día de mañana.

Julio Shiling es director de la organización Patria de Martí y estudió Ciencias Políticas en la Universidad Internacional de la Florida.

“Democratización de Cuba. Un manual conciso”, (Patria de Martí, 2016)

“Democratización de Cuba. Un manual conciso”, (Patria de Martí, 2016)

 

 

Dos náufragos contra la opresión castrista

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La cubana Mayda Saborit, pintora y coautora del libro “Náufragos de la libertad”, junto a un cuadro del procer Jose Marti.

Por mucho que lo intente un régimen, sus agravios no pueden abolir la memoria de los ofendidos. Por eso la pareja de cubanos de Liuver y Mayda Saborit atravesaron la mar de dificultades y escribieron un libro de testimonios. En él relatan cómo intentaron escapar de Cuba, asilarse en la República Checa y lo que vino después: Náufragos de la isla de la libertad, eso, una tabla de salvación para quienes nunca han aceptado el cepo y el látigo sobre su piel a manera de conseguir unos pocos beneficios.

Esta “novela-testimonio” cuenta con una breve introducción del ex presidente checo Vaclav Havel, que data del año 2009 donde habla de la persecución a los opositores cubanos, la pérdida de la libertad y la manera en que conoció a los autores en medio de los trámites por ser aceptados como asilados en Europa.

La narración inicia con una impronta que le será difícil olvidar a decenas de familias cubanas. La Primavera Negra de 2003 intentó arrancar de raíz a 75 voces disidentes para que callaran sus verdades, pero fue un vuelco inesperado por Fidel Castro, el mundo entero reclamó por aquella oleada represiva.

En ese periodo Mayda y Liuver consiguieron una invitación a la República Checa, lucharon a más no poder por recibir asilo, y ante la negativa, al poco tiempo se vieron obligados a regresar. Ya en La Habana son delatados por un “compañero” de trabajo en la Televisión Cubana, que explica a sus superiores que la pareja no fue por invitación de trabajo alguna, sino con la intención de quedarse de manera definitiva. Son expulsados y se ven abocados a miles de maromas para sobrevivir, hasta que logran salir nuevamente del país.

¿Parece una novela de ficción? No lo es.

El régimen cubano retuvo por más de un año a los hijos de este matrimonio, sin que pudieran tenerlos con ellos al otro lado del Atlántico. Esa odisea, los marcaría para siempre. Cuando en 2006 lograron partir hacia los Estados Unidos dejaban atrás las duras jornadas de frío en Praga y Brno. Los conflictos del emigrante y las trabas burocráticas, propias del mundo moderno, la xenofobia, y la nostalgia por los que quedan atras. La marca del exiliado.

Esta es una versión al español que ha hecho la propia Mayda, que desde su casa en Tennessee me cuenta de su otra pasión: la pintura. La que le  ha permitido exponer en varias ocasiones e intercambiar con sus colegas “de otros mundos”. Está al teléfono y me permite saludar a Liuver, atareado en sus quehaceres como miembro del Ejército de Estados Unidos, por medio del cual ya fueron a vivir tres años a Corea del Sur y estuvieron en Miami.

“Enseño pintura a niños aquí, les doy clases y atiendo también mi trabajo para las exposiciones”, explica. Mayda habla como quien ha regresado de un largo viaje sin olvidar nada. El libro está dedicado sus hijos, a sus familiares que han ido muriendo de a poco sin volver a verlos. A los presos de conciencia y a las familias que han sido separadas por tomar el camino del exilio.

Pinta y escribe sin descansar. La tarde en que entablo esta conversación, Mayda Saborit me habla de su nuevo empeño: ha traducido el libro al inglés “para que los americanos sepan de verdad lo que pasa en Cuba”. Lo dice con firmeza, pero con una voz delicada, como una mujer que sigue tejiendo un sueño a la distancia.

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Con Fidel y sin medallas

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Mario Kindelán Mesa, boxeador cubano. (Screen shot, of Justin Henningg film).

Cuando un país se va por el tragante se lo lleva todo. El doble campeón olímpico Mario Kindelán Mesa vendió sus dos medallas de oro antes que acabaran los juegos de Río 2016, así lo cuenta en un breve documental rodado en La Habana por el realizador Justin Henning.

“Yo fui el mejor boxeador libra por libra del mundo. Fui acechado por las grandes industrias del deporte (SIC) para que desertara, para que decepcionara a mi comandante”, dice un Kindelán hoy en retiro activo y entrenando a unos niños en un viejo local a punto del derrumbe.

La película pasa por unos cuadros fílmicos donde se ve el malecón habanero, unos cubanos jugando dominó y la boxeadora Namibia Flores tirando unos jabs al aire.

Kindelán explica cómo fue del fervor filocastrista en que lo formaron, hasta la decepción que lo ha llevado a vender sus medallas. “Creo en Fidel, como cualquier religioso cree en Cristo”, asegura el pugilista, mientras se pasa la mano por el rostro sudoroso.

La casa de Kindelán está enclavada en un viejo edificio de La Habana, las paredes descascaradas y llenas de retratos de Fidel Castro, el Che Guevara y Pablo Milanés. Asegura que en los Juegos de Buena Voluntad en Nueva York, en 1998, le ofrecieron 1 millón de dólares para que pasara al profesionalismo y lo rechazó: “¿Voy a traicionar a Fidel? ¿Voy a traicionar a la revolución?”, se pregunta cuando sabe que nadie más que él mismo puede responder.

En 1962 Fidel Castro prohibió el boxeo profesional en Cuba e hizo de este deporte un modo de enfrentamiento con su eterno enemigo, los Estados Unidos.

Lo que no cuenta el documental

A Kindelán le dijeron en su natal Santiago de Cuba, cuando apenas era un adolescente, que no servía para el boxeo y dos años después se coronó campeón de los Juegos Nacionales Escolares, desde Holguín, a donde lo llevó su madre a vivir. En la década siguiente había paseado la distancia de los pesos menores en el país. Entonces un día tomó Furocemida para provocarse abundante orina y no subir de peso, pero un control antidoping interno lo sacó del ring por dos años.

Se fue a vender croquetas en las calles de Holguín, a administrar los timbiriches estatales que ya no funcionaban y volvió para vencer a oponentes como el criollo Diosvelys Hurtado, el boricua Miguel Cotto y su más fiero rival, el paquistaní, ya entonces británico, Amir Khan.

Había conquistado dos oros olímpicos y tres campeonatos mudiales. Pura voluntad, nada de ideologías, pero él no lo sabe.

Kindelán está anclado en la vieja retórica de la emulación socialista de esperar que lo premien con algo que él mismo pudiera comprarse como una nevera para enfriar el agua o una ‘caja tonta’ para ver la televisión.

Él cree que Fidel es un dios y espera un milagro.

La Lucha (The Struggle) from Justin Henning on Vimeo.

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