Jóvenes por siempre libertarios.


Me impresionaron las fotos de los muchachos imberbes lanzando piedras a los carros cisternas de la policía en mayo del 68, se me alumbró el amor pero el pecho lo tuve como un nudo años después cuando pude ver imágenes de la masacre contra los estudiantes en el Tiananmen y en esta lista podría anotar muchas imágenes más.
Como siempre tendré el recuerdo de las fotos de José Antonio Echeverría tendido en un charco de sangre en la calle 27 aledaña a la Universidad de la Habana en marzo de 1957 o las notas escuchadas por radios extranjeras donde hablaban hace apenas unos meses de la muerte de la iraní de 19 años Neda Agha Soltani.
Los pájaros volanderos de la era digital me twittearon ayer 280 caracteres donde supe de los nuevos atropellos de la policía chavista contra los estudiantes venezolanos que se manifestaron en desacuerdo por el cierre de RCTV Internacional una de las voces disidentes contra el petro-comunismo ramplón del ALBA .
El encarcelamiento de jóvenes en Guantánamo, la golpiza de fin de año contra los plantados en Holguín y las deportaciones diarias de jóvenes anónimos desde la capital cubana hacia el oriente del país son parte de la hoguera que la vejeztocracia de la junta militar gobernante preparan contra ellos mismos.
Una mar de jóvenes siempre será indetenible. Be careful.

6 pensamientos en “Jóvenes por siempre libertarios.

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  2. Decir la verdad no representa una amenaza para la integridad fisica del Presidente o de un regimen,al menos si expresa una posible agresion hacia su persona.





    eso es parte de la libertad de expresion

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  3. Como siempre la verdad de lo que pasa en Cuba y fuera de alli les llega a cuentagotas. Menos mal existe la opcion del twitter para informarse un poco. 140 caracteres ayudan bastante para decir murieron dos jovenes en Venezuela debido a la represion de Chavez, o en Cuba expulsaron a una joven de la universidad por renunciar a la ujc.Viva el twitteo.

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  4. Cuba: una catástrofe en ciernes
    January 28th, 2010
    Por KENNETH A. CHANDLER, The New York Post, 27 de enero de 2010
    Mucho se ha escrito con posterioridad al devastador terremoto en Haití sobre la condición de Estado fallido de ese país. Pero muy cerca, al oeste de Haití, otra catástrofe humana se está gestando: la de la Cuba de Fidel Castro.
    La Habana es una ciudad que da pena: la que fuera una capital elegante y próspera, ha sido arrastrada a la ruina por 51 años de negligencia deliberada y aislamiento. Un país que ha sido saqueado por una sucesión de potencias extranjeras, dictadores vernáculos y mafiosos importados de Estados Unidos, languidece ahora en un extraño limbo temporal donde poco ha cambiado en más de medio siglo.
    Su gente desempeña las rutinas diarias privada de bienes de consumo, alimentos nutritivos, puestos de trabajo significativos o una vivienda apropiada; la mayoría nació después de la revolución que catapultó a Castro al poder en 1959. Ahora, gracias a una rígida censura, se ven en buena medida condicionados a aceptar su empobrecida cotidianidad.
    Prosperidad es la última palabra que viene a la mente cuando uno ve a los cubanos vestidos con prendas que hace años pasaron de moda. Hasta los zapatos se lavan y se cuelgan en las tendederas, junto con las camisas y los pantalones.
    Si uno escucha a los cómplices de Castro —aquellos entre la élite política y empresarial cuya lealtad es asegurada con beneficios no disponibles para los cubanos de a pie— la situación económica de la isla es únicamente culpa del embargo que EE UU impuso después de la revolución.
    Cubanos más reflexivos ofrecen discretamente una explicación diferente: ellos culpan a los irresponsables experimentos de Fidel con el comunismo: su confiscación inicial de propiedades de ciudadanos cubanos valoradas en 25.000 millones de dólares, y la nacionalización de todas las empresas, medidas que obligaron a la clase media a huir a Miami; también, su insensata decisión de enviar a 300.000 cubanos, de una población de sólo 11 millones, a combatir en las guerras africanas en las década de 1970 y 1980; o su alianza durante la Guerra Fría con los rusos, quienes una vez que se derrumbó la Unión Soviética dejaron al país en quiebra y abrumado de tecnología anticuada.
    Todo el mundo sabe en Cuba que este statu quo no puede durar. Pero nadie sabe cuándo ni cómo terminará. La estructura política, como los carcomidos edificios de La Habana, parece sostenerse por la fuerza de la costumbre y poco más.
    La maltrecha salud de Fidel lo ha confinado a vivir a la sombra de la vida pública. Su hermano Raúl es ahora “el Hombre”: luchando por mantener a la familia pegada al poder, según la técnica de dos pasos adelante y uno atrás. raúl ha permitido el uso de teléfonos celulares y el acceso a Internet a aquellos pocos que pueden pagarlos. (Pero no trate de conectarse con la guarida de los imperialistas ni con muchos otros sitios; son inaccesibles).
    “La Revolución” es invocada sin cesar en los canales de televisión, que de tan aburridos rayan en la frivolidad. Un segmento reciente en un programa matutino de noticias dedicó seis minutos a la recién finalizada cosecha de limones, la cual encomiaba como “un triunfo de la cooperación entre los trabajadores socialistas”.
    No hay publicidad en Cuba —a menos que se cuente como tal la propaganda, omnipresente en la televisión y pintada en las paredes, que convoca a las masas con consignas estalinistas que harían sonrojarse a un norcoreano. Vallas en las carreteras proclaman el aniversario 51 de “La Revolución”, con glamorosos retratos de Che Guevara y otros “combatientes por la libertad”, todos responsables en diversos grados de poner a Cuba de rodillas.
    Mientras tanto, el habanero medio continúa su mundanal vida, haciendo cola en tiendas cuyos estantes suelen estar vacíos, esperando en largas filas por los autobuses de fabricación china que nunca parecen llegar, o tratando de adelantar en autos americanos de los años 1950 que eructan humo negro, contribuyendo a la asfixiante calidad de un aire que deja la ciudad cubierta de hollín.
    En las zonas densamente pobladas de la Habana Vieja, menos de la mitad de las viviendas tienen conexión al alcantarillado urbano. La mayoría de los edificios están tan erosionados que su reparación se ha vuelto imposible.
    El gobierno afirma que el 96 por ciento de los cubanos son propietarios de sus viviendas. Se refiere a los estrechos apartamentos donde los miembros de varias generaciones de una misma familia se ven obligados a convivir. Aun si esa cifra fuera cierta, nadie parece saber quién es el dueño de las áreas exteriores de esos antaño majestuosos edificios, de modo que nadie asume la responsabilidad por su mantenimiento.
    Muchos temen que, cuando este régimen finalmente se derrumbe, una ola de exiliados regrese de Miami a reclamar las propiedades que Castro les robó.
    Cuba vive en un limbo: su ruinosa economía centralizada es por ahora sostenida por el otro dictador delirante de América Latina. Hugo Chávez envía a la isla petróleo a cambio de los médicos cubanos despachados a Caracas.
    Para las calamidades de Cuba el día del juicio se está acercando. Se necesitará un esfuerzo internacional para poner de nuevo a este país sobre sus pies.
    Kenneth A. Chandler es el presidente de Chandler Regan Strategies y ex editor y director del New York Post.
    [Traducción: Rolando Cartaya]
    http://www.penultimosdias.com/2010/01/28/cuba-una-catastrofe-en-ciernes/

    Cuba: A catastrophe in waiting
    Comments: 6
    By KENNETH A. CHANDLER
    Last Updated: 7:01 PM, January 27, 2010
    Posted: 1:16 AM, January 27, 2010

    Much has been written about Haiti being a failed state in the wake of its devastating earthquake. But just to its west lies another human catastrophe in the making — Fidel Castro’s Cuba.
    Havana is a city of sorrow — a once elegant and prosperous capital brought to despair by 51 years of deliberate neglect and isolation. A country that has been plundered by a succession of foreign powers, homegrown dictators and mobsters imported from America now languishes in a bizarre time warp where little has changed in more than half a century.
    Its people go about their daily routines bereft of consumer goods, nutritious foods, meaningful jobs or adequate housing — most of them born after the revolution that swept Castro to power in 1959 and now, thanks to rigid censorship, largely conditioned to accept their impoverished lot.
    Prosperity is the last thing that comes to mind as you watch the Cuban people wearing clothing that went out of style years ago. Even shoes are washed and hung on the laundry line along with shirts and pants.
    To listen to Castro’s cronies — those among the political and business elite whose loyalty is secured with perks unavailable to ordinary Cubans — the economic situation is solely the fault of the US embargo imposed after the revolution.
    More thoughtful Cubans discreetly offer a different explanation: They blame Fidel’s feckless experiments with communism — his initial seizure of $25 billion worth of private property from Cubans and the nationalization of all businesses, forcing the middle class to flee to Miami; his bizarre decision to send 300,000 Cubans out of a population of only 11 million to fight wars in Africa in the 1980s; his Cold War alliance with the Russians that left his country bankrupt and saddled with antiquated technology when the Soviet Union collapsed.
    Everyone in Cuba knows the status quo can’t last. But no one knows how or when it will end. The political structure, like Havana’s crumbling buildings, seems to be held up by force of habit and little else.
    Fidel’s failing health has cast him into the shadow of public life. His brother Raul is now the man — struggling to maintain the family’s grip on power by taking two steps forward and one step back, permitting cellphones and Internet access to those few who can afford them. (But don’t try logging on to that den of imperialists, Facebook — it and many other sites are off-limits.)
    “The Revolution,” is invoked endlessly on TV channels that are so dull they make C-Span look frivolous. A recent segment on a morning news show devoted six minutes to the just-completed harvest of limes, praising it as “a triumph of socialist workers’ cooperation.”
    There’s no advertising in Cuba — unless you count the pervasive propaganda on TV and painted on walls rallying the masses with Stalinist-style slogans that would make a North Korean cringe. Roadside billboards proclaim the 51st anniversary of “La Revolucion” with glamorous portraits of Che Guevara and assorted other “freedom fighters” — all responsible in varying degrees for bringing Cuba to its knees.
    Meanwhile, the average citizen of Havana goes about his mundane life, lining up at stores whose shelves are often empty, waiting in long lines for Chinese-made buses that never seem to come or trying to hitch rides in 1950s-era American cars that belch black fumes and contribute to the choking air quality that leaves the city covered in grime.
    In Havana’s densely populated, older sections, less than half the homes are connected to city sewers. A majority of the buildings are decayed beyond repair.
    The government claims that 96 percent of Cubans own their own homes — referring to the crowded apartments where generations of families are forced to live together. Even if that figure were true, no one seems to know who owns the outsides of their once-majestic buildings — so no one takes responsibility for maintaining them. Many fear that, when this regime eventually collapses, a wave of exiles will return from Miami and lay claim to the properties that Castro stole from them.
    Cuba is in limbo, its creaky, centralized economy sustained for now by Latin America’s other delusional dictator Hugo Chavez — who sends oil in return for Cuban doctors dispatched to Caracas.
    The day of reckoning for Cuba’s calamity is approaching. It will take an international effort to put this country back on its feet.
    Kenneth A. Chandler is president of Chandler Regan Strategies and a former editor and publisher of The Post.

    http://www.nypost.com/p/news/opinion/opedcolumnists/cuba_catastrophe_in_waiting_2mxc47ygRRAlGKEw0myEUM

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