Alcohol, mandarria y literatura.


Vivimos en un pueblecito olvidado del oriente de Cuba como San Germán, en la provincia Holguín y parece que “nadie se va a dar de cuenta”.
Suponga que eso habrán pensado los gerentes de CIMEX S.A, una corporación cubana que se dedica a vender cigarros, alcohol y pacotillas a los cubanos en todos los confines del archipiélago criollo.
Sucede que en este pueblecito fue levantada una construcción sintética justamente en el lugar donde antes funcionaba la única librería del pueblo, la que fue trasladada a un apretado espacio de 5 metros de largo por 3 de ancho, con los libros apilados y mojándose cuando llueve, y con la amenaza de cierre definitivo.
En ese estanquillo donde se venden las prohibitivas cervezas nacionales por un CUC o 1,20 $ dólar norteamericano y las sabrosuras sin igual del helado Bim Bom (igual de prohibitivas) una vez se vendieron las ediciones de “Cecilia Valdés” o la de “Los hermanos Karamazov” por el irrisorio precio de medio peso en moneda nacional (la única que circulaba).
Casi una cuadra más adelante en mi diminuto San German se yergue una lustrosa y acristalada cafetería con ventas exclusivamente en divisas (Carpentier, perdóneme los ripios del idioma). Allí se vendía hace tres años un café casi imposible de tragar, a veinte centavos la tacita, pero consuelo al fin del desclasado. Ese era el ‘engaño’ de un centenar de trabajadores de la fábrica de azúcar de caña, viajeros madrugones y gente sin sueño de ningún tipo.
Un día vinieron, martillo, cemento y baldosas en mano y montaron un negocio para vender pizzas y espaguetis preelaborados en un horno de micro-wave, maltas, caramelos y leche condensada.
Los directivos de CIMEX, S.A son hace dos décadas la vanguardia afortunada de la rebatiña que está asomándose a la casa de todos los cubanos, Cuba.
Paradores para la media noche, boutiques, relojerías de lujo y discotecas en los riscos de las playas ya han sido ocupados por esta (por ahora) exitosa empresa constructora e inversionista comercial.
Como hace cincuenta años, cuando pretendieron convertir los cuarteles en escuelas, hoy pasa la avanzada totalizadora, aprovechando cada espacio para ponerse a tono con los tiempos.
Contra la vieja costumbre de comprar un libro e irse a casa, los cerebros pensantes de las nuevas empresas mixtas han impuesto, donde antes funcionó una librería, este andamio mitad metal, mitad plástico que levantaron ante los ojos ciudadanos como ofensa pública.

Un pensamiento en “Alcohol, mandarria y literatura.

  1. Luis Felipe,llegara la hora en que todas estas barbaridades tendran que responder por ellas quienes hoy,ademas de cercenar los derechos mas inhalienables de los Cubanos,cercenan tambien nuestra Cultura y tradiciones.
    Aprovecho para enviarte un abrazo,y decirte que admiro tu valentia y la de todos los blogueros Cubanos.

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