Murmullo con frijoles y cañones.


A cada rato los perdonavidas del Consejo de Estado de Cuba zarandean la casa sólo para ver qué sucede. Hace unos días haciendo la fila para un camión que me sacaría de Marcané para llegar a San Germán me enteré de la nueva atrocidad en la cartilla de racionamiento alimenticio, ese documento de identidad que nos golpea a los cubanos desde que nacimos.
Hace unos meses eliminaron las pocas onzas de chíncharos que le vendían a los censados por la cartilla de racionamiento y comenzaron a venderlos de manera liberada razón por la que terminó desapareciendo de los puestos públicos pues sirvió lo mismo de alimento humano que animal.
Ahora han vuelto a racionalizarlos otra vez, pero este febrero no han vendido las diez onzas de frijoles bayos que exportaban desde Europa y Canadá y vendían como si los estuvieran regalando. Las caseritas han pegado los chillidos en el cielo pero la algarabía a pasado a ser un leve murmullo.
Desde la histórica frase del general Raúl Castro aludiendo a que eran más importante los frijoles que los cañones hasta la fecha los racionadores en jefe le han dado para atrás y para alante a la palanca del racionamiento hasta partirla.
Los cañones de poco sirven ante la embestida de los que con la anuencia de todos saquean los almacenes estatales para abastecer el mercado subterráneo. De poco está resultando ese nuevo arsenal militar comprado a Rusia frente a la decisión de un puñado de paisanos plantados en un parque público para exigir sus derechos.
Los pequeños agricultores empujan poco a poco los víveres hacia la mesa de familia, entre tropiezos burocráticos, negativas de la junta militar que ahora gobierna y el desinterés por el cubano de última fila se va abriendo una brecha para que suceda lo definitivo la explosión de ánimos, los deseos de rehacer un país que yace entre ruinas.
Apenas ha transcurrido un mes del nuevo año. Solo falta que aparten el sonido machacón de los discursos, la tibieza a la hora de soltar las producciones y que me bajen los cañones de la frente. Los ciudadanos no somos el enemigo, el peligro para el régimen esta en las torcidas maniobras que cada día practica contra sí.

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