Infierno en la carretera.


A cada rato me subo a un camión jaula que me lleva a la más oriental de las provincias cubanas, Guantánamo. Siempre voy pensando si me he acostumbrado a la pestilencia de los macutos con viandas, los animales vivos y los zapatos y ropas malolientes de los pasajeros que componen el grupo de quienes viajan. Es el camion más barato en esa ruta, por tres pesos, cubanos claro, se puede atravesar de una provincia a otra.
Entre el humo que el motor echa para adentro del camión y la gente fumando, cada tramo es un infierno. Cada cinco kilómetros hay un inspector, un policía, un funcionario que se acerca al chofer para informarle que harán un registro, luego suben al camión para revisar los paquetes de los pasajeros. Los asientos de metal, el humo del tubo de escape, mi cara tiznada, los rostros demacrados de las mujeres a mi lado, la geografia cubana que pasa como a sesenta kilometros por horas. A veces miro afuera y veo pasar los autos marca Lada, los nuevos modelos Toyota con tipos con cara de directivos y pienso en mi paciencia y la de los cubanos.
Leo la prensa oficial por respeto a Sonia que antes de bajarse en una parada me dijo “no dejes nunca de leer las mentiras que dicen ellos, ahí está la clave de todo” Pero yo no puedo encontrar esas claves que van envueltas en las disculpas “bloqueo americano, invasión imperialista o cambio climático.”

9 pensamientos en “Infierno en la carretera.

  1. Pingback: Enfer dans la route « Franchir les barbelés

  2. Lo del camión es lo único diferente entre su relato y el que podría describir un usuario del transporte público en Venezuela. Será por eso que vuestro presidente dijo antes de irse en una sus visitas a nuestro país que “Venezuela y Cuba son la misma cosa.” A veces me asustan las similitudes.

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  3. Cuba debe despedir a un millón de empleados estatales
    Las plantillas infladas pasan factura al Gobierno, incapaz de pagar los sueldos
    MAURICIO VICENT – La Habana – 01/05/2010
    Un trabajador cubano dormita sobre una carretilla… Otro, sentado en un pedrusco, se limpia las uñas con un alambre. Sólo un tercero da unos golpes de cincel en un murete, tampoco demasiados. La escena es de ayer mismo, y esta brigada estatal que trabaja a las afueras de La Habana es representativa de lo que sucede en todo el país; en la Cuba socialista uno puede comer en una cafetería de 10 mesas atendida por 20 empleados, hay empresas con tantos inspectores y vigilantes como obreros y la plantilla nacional de dirigentes supera las 380.000 personas, casi un 9% de los trabajadores estatales.
    Raúl Castro lo admitió hace tiempo: los salarios no alcanzan. Obviamente, ganar el equivalente a 15 euros al mes no estimula la productividad, pero el problema de las plantillas infladas no es menos grave. El 4 de abril, el presidente cubano reconoció que en el sector estatal sobran un millón de puestos de trabajo. Una barbaridad; esto representa uno de cada cuatro cubanos que trabaja para el Estado.
    Si durante medio siglo el pleno empleo ficticio fue un emblema de la revolución, como la educación y la salud, hoy lastra la economía y entrampa la salida de la crisis. Con 11,2 millones de habitantes y una fuerza laboral de 4,9 millones de personas -de las que más de cuatro millones trabajan en el sector estatal-, Cuba se encuentra en una encrucijada. Un millón de trabajadores sobrantes es un grave problema político, pero hacer esta reconversión es de necesidad imperiosa, advierten los economistas.
    El Gobierno ha adelantado que las soluciones del pasado no son una opción. Antes, a los trabajadores cesantes se les enviaba a casa con una prolongada garantía salarial o se les ofrecía la posibilidad de estudiar, cobrando el sueldo completo. Eso se acabó.
    Salvador Mesa, el secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, el sindicato único, afirmó que la “reubicación” se hará “con orden” y que “nadie quedará abandonado”. El país, dijo, “no dispondrá de fórmulas mágicas, los puestos de trabajo tenemos que crearlos en los municipios, como en la agricultura y la construcción”. Precisamente, este es uno de los problemas. “Mucha gente no quiere reconvertirse de oficinista en campesino o albañil. ¿Qué van a hacer?”, expone un sociólogo.
    “Si se quiere desinflar esas plantillas en las que casi todo el aire lo ha puesto la política paternalista del Estado, habrá que permitir que los que pierdan sus improductivos puestos laborales puedan hacer cualquier actividad que no sea delictiva”, opinó recientemente el escritor Guillermo Rodríguez Rivera. “Hacerlos abandonar sus empleos para echarles encima el mar de prohibiciones que existen para realizar cualquier trabajo, mandaría directamente a esa masa a delinquir”, afirmó, en un artículo publicado en la página web de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.
    La salida, según la mayoría de los analistas, es de cajón: el Gobierno debe extender la iniciativa privada y fomentar cooperativas y pymes en los sectores que el Estado es incapaz de administrar con eficiencia. Para Rivera, las “nuevas empresas empezarían a ser una alternativa laboral, a cuyos empleos podrían aspirar muchos cubanos”.
    Mordido por la realidad, el Gobierno realiza algunos tímidos experimentos en esta línea. En varios municipios de La Habana se ha entregado la gestión de las peluquerías a los trabajadores, que han de pagar un impuesto mensual de unos 34 euros al mes. También, a modo de experiencia piloto, se ha permitido a un pequeño grupo de taxistas que exploten por cuenta propia el vehículo del Estado a cambio de un impuesto, ocupándose ellos del mantenimiento.
    “El reordenamiento laboral” de un millón de trabajadores es un reto descomunal, y “lo hecho hasta ahora es irrisorio”, asegura un economista. Además, dice, está “la desconfianza”.
    “El primer objetivo es el resurgir de estas formas de producción y no crearle obstáculos que más bien parecen pretender su fracaso”, afirma Rivera, que pide “confiar en la probada diligencia del cubano para llevar adelante una empresa que de veras le importe”. Han pasado cuatro décadas desde que, en 1968, Fidel Castro acabó por decreto con la mayoría de los negocios privados. Ahora, en este 51º Primero de Mayo de la Revolución, son vistos por muchos como la salvación.
    http://www.elpais.com/articulo/internacional/Cuba/debe/despedir/millon/empleados/estatales/elpepuint/20100501elpepiint_6/Tes

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  4. Ya basta de Cuba, si este primero de mayo reunen a 100 cubanos en la Plaza hasta de mi familia renuncio ( ya casi lo he hecho pues en 10 años no les he enviado ni un centavo). Los que estan sufriendo son ellos, los que tienen que liberarse son ellos y hay dos formas: o votan con los pies o con las manos. Aparentemente con las manos no votaron, veamos si lo hacen con los pies no asistiendo a la marcha del 1ro de mayo. Si vemos miles apoyando a la “revolucion” mi mejor consejo para todos es el silencio. A vivir la vida, olvidarse de Cuba y los cubanos aun si sean familiares (ya yo he renunciado a unos cuantos) y que Dios se apiade de ellos!

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  5. lo vivi por muchos anos,y lo mas que duele lo impotente que uno se ve antes un regimen que te impone la poblesa ylos privilegiados del sistema que viven como un rey y le exigen al pueblo sacrificio,todo lo que hagas por tu cuenta(trabajo) es ilegal por lo que te ves con las manos amarradas para echar andar tus iniciativas propias.pero lo mas que me duele es como ese pueblo aguanta como carnero,aguanta y aguanta y con una doble cara apoya a la revolucion,convocan una marcha revolucionaria y ahy esta presente ,dar un a cto de repudio y ahy esta presente .no hace nada por ser libre.los pocos que se levantan en contra de la opresion son reprimido por una enorme maquinaria y ese pueblo de carnero no hace nada.

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  6. Aqui igual; no en el transporte, a Dios gracias, pero todo lo malo es la Cía, los yanquis, el imperialismo tal como dijo el diablo hace unos días: “la mesma cosa”. ¡qué triste es sembrar odio entre los seres, entre los países, entre las razas!Creo que ir al baño y tener dolor de barriga también es culpa de la Cía; aunque santos no sean, pero acabar con un país, con el hermano y la familia ¡por Dios que no es culpa de la Cía!. Menos mal que aquí todos estamos claros en esto, sólo ese grupo que se dejó inyectar de odio el cerebro, aún permanece fiel, yo diría que con interrogantes. Pero uno a uno van saliendo y desertando, aquí faltan los paredones aún, pero va a ser difícil construirlos porque cemento no hay, de ningún tipo: ni metafóricamente ni el cemento que nacionalizaron para que, justamente no haya cemento.
    LUego desde Ciudad Bolívar, un abrazo. Teresa.

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  7. A descrito lo que vivi en Cuba en el 94 en mi primer viaje a la isla infierno despues de 14 anios en New Orleans,el dia antes de regresar a Nueva Orleans donde vivo desde el 80 ,mi sobrina me invita a la playa y nos recogieron en un camion de platanos con asientos de cajas de madera ,la verdad es que la gente se ve triste y demacrada y con bastante ansiedad y casi todos estaban desnutridos ,este es el periodo especial del que todos me hablaban ,casi todos culpaban al bloqueo y no los culpo por la ingnorancia y la falta de informacion en que viven, con todas las otras cosas de que carecen que aqui en la libertad ni siquiera pensamos que es algo especial como el papel sanitario ,las lavadoras de ropa y platos,los carros,la comida etc. Un verdadero martirio es la vida de nuestros paisanos ,amigos y familia y los tiranozaurios disfrutando de todo lo que se han robado desde el 59.

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  8. Una verdadera pesadilla..la sufri en carne propia y ahora que pienso me doy cuenta lo afortunados y al mismo tiempo desafortunados que somos los Cubanos que logramos escapar de ese infierno.nunca tuvimos en Cuba un gobierno que despreciara tanto a su pueblo..lo mas hipocrita,mentiroso y bajo es para mi definicion del Castro-comunismo.

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  9. Me imagino, un calvario. Es como si los compatriotas nuestros de la isla no merecieran el más mínimo nivel de confort. A mí me da pena por ellos, rabia, impotencia, no se, es una amalgama de sentimientos inexplicables.

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