Estaciones intermedias.


Tenía que llegar hasta la Habana y ya lo iba a intentar cuando me informaron de la reclusión domiciliaria. Para evitar tropiezos pospuse el viaje hasta ayer. Cometí el suicidio de subirme a un tren de servicio llamado “regular” en Cuba. Fueron dieciocho horas desde San Germán a La Habana que pensé no terminarían nunca.
Entre los mosquitos, cucarachas y el calor de más de treinta grados volví a pasar el mar por el fondo.
A los que no vivimos en estaciones terminales sino en las intermedia, no nos venden boletos a La Habana casi nunca ya que sólo asignan una decena por cada viaje. Si a eso le sumamos que en esta ocasión venían dos vagones llenos de militares del MININT y las FAR para sus escuelas, y otro más con deportistas a la Olimpiada del deporte que el estado se ha inventado para sí, las posibilidades de llegar a tu destino son dos: o esperas a que pasen las “transportaciones masivas” o te subes a expensa de cualquier cosa:
En este caso opté por la segunda. Me subí, pagué el pasaje con recargo (el doble del importe), pero ni modo, no conseguí asiento por cien pesos. Entonces me senté en el piso como muchos más en cada vagón y entre dormitando y apartando los mosquitos pasé algunas de las dieciocho horas más infaustas de mi vida.
En este tren no hay agua, por eso incluí en mi mochila una botella plástica para por si acaso. Los alimentos que venden han sido elaborados como promedio diez horas antes y para colmo el viaje se vuelve un tropel de vendedores furtivos huyendo de la policía ferroviaria o los inspectores.
Por cada minuto que se atrasa en cada estación donde tiene parada, habrá que esperar luego a darles cruce y prioridad a otros. Quise encontrar una cara de ejecutivo, hombre de negocios o ‘cuadro del partido comunista’ pero no la hallé, los que viajamos apretujados en tren somos lo que eufemísticamente alguien llamó “el hombre nuevo”. Somos ese estorbo para la sociedad que nos tiene que subvencionar incluso una aventura en tren, como la que les cuento, nosotros los que no sabemos vivir, como han dicho los del discurso nacional, sin “Papá Estado”.
Este, mi viaje a la Habana fue la mejor manera de estrenar al nuevo Ministro de Transporte, alguien que ni soñando se subiría un minuto al calvario de un tren de servicio regular. Estoy seguro.

9 pensamientos en “Estaciones intermedias.

  1. Pingback: Gares intermédiaires « Franchir les barbelés

  2. el problema de las demoras no esta en la cantidad de kilometros si no en los tropiezos que se presentan, digamos que lo normal entre Holguin Habana sean cinco horas, pero si el tren por alguna razon se atrasa unos minutos en un lugar ya pierde su itinerario normal por eso es que el dice ” Por cada minuto que se atrasa en cada estación donde tiene parada, habrá que esperar luego a darles cruce y prioridad a otros, y lo normal en Cuba es que por cualquier boberia el tren pierde el horario de marcha.
    En Cuba el transporte ferroviario siempre ha sido el peor de los peores.

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  3. Comprendo las terribles horas que pasaste en ese tren porque a mi tambièn me tocò un viaje de La Habana a Santiago de Cuba que durò 30 horas, en aquel vagòn cerrado y con los cristales tan sucios que era imposible ver nada hacia el exterior. Fue en un mes de diciembre y el calor era irresistible, asì que considero en esta època del año, hacer un viaje en esas condiciones, la tortura tiene que haber sido aùn mayor.
    Que doloroso resulta para todos y cada uno de los cubanos, el gran porciento del tiempo de nuestras vidas que hemos malgastado haciendo colas, esperando algo que nos transporte de un lugar a otro, esperando que nos restablezcan el servicio elèctrico, que llegue algo a la bodega o la carnicerìa, esperando un tràmite para salir de ese infierno y esperando…….., siempre esperando, que llegue el dìa en que podamos sentirnos liberados del yugo que nos ha impuesto la dictadura castrista.
    Lo peor de todo es que el tiempo que se nos ha ido esperando, jamàs lo vamos a recuperar.

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  4. Es sencillamente la manera de sobrevivir el sistema que ha acabdo con todo tipo de econimia, hay que robar e inventar para poder comer, es una verguenza ver en que condiciones hay que que viajar, pero ya queda poco, estan desesperados y no pueden con ustedes, ustedes se aputna una batalla, arriba Luis Felipe,
    Cuidate y si Dios quiere, nos vemos pronto.

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  5. Pingback: Penúltimos Días

  6. No acabo de entender como es posible que vendan mayor número de billetes que de asientos.

    Claro que vivo en el Primer Mundo y alguién me dirá que lo que cuentas puede pasar en cualquier país del Tercer Mundo.

    Las fotos son valiosísimas. Una imagen vale por mil palabras.

    Espero que el acoso de la policía contra tí se vaya suavizando. Querido Luis, no acabo de entender el ensañamiento de la policía contra tí. Podrás ser un peligro para quienes gobiernan cuba, pero jamás para los cubanos.

    Además el hecho de que se molesten en hostigarse tanto justamente demuestra que piensan que eres un peligro para ellos. Con ello calculan que tienes un poder muchos mayor que el que te imaginas. Eso debería de halagarte.

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