El gesto ciudadano

Foto/Luis Felipe Rojas

Con setenta y cinco años a sus espaldas Leslie Chan nunca imaginó que fuera a dar con sus huesos a una estación policial. Hace apenas una semana estaba sentado en un banco público esperando a sus amigos para charlar un rato como hace todas las mañanas desde que está jubilado, pero un policía le interrumpió la jornada.
Los gendarmes que requirieron de Leslie practicarían un registro domiciliario a una familia que vivía muy cerca de donde estaban los septuagenarios sentados y necesitaban de la presencia de un testigo. Me contó que lo abordaron sin preámbulos y que primero se negó rotundo. ‘No quiero’ le dijo firme al policía y le agregó ‘yo no soy un chivato’.
Cuando fue interpelado y le explicaron que esa era su ‘obligación ciudadana’ volvió a la carga y añadió que está retirado, que padece de la presión y esgrimió otro pretextos más para no ser lo que él considera ‘cómplice’ de aquel registro. El policía le pidió su carnet de identidad y le espetó que lo fuera a buscar a la estación policial del pueblo.
Soy testigo de que durante cuatro días asistió ayudado por su hermana también septuagenaria al cuartel policial a buscar el documento de identidad. Todas las veces en la carpeta le explicaron que era cierto que en su reclamo tenía la razón y hasta el jefe del puesto militar le dijo que cuando el uniformado regresara sería amonestado.
Hasta ahora desconoce si en realidad hubo sanción pero está seguro de lo que sí conoce muy bien y es que según el código penal cubano nadie está obligado a asistir como testigo de un registro domiciliario a menos que sea una cuestión de vida o muerte’. Y en ese caso solo se trataba ‘buscar unos billetes en divisas CUC’ en la casa de un revendedor por lo que no aplica con esta persona de setenta y cinco años
Leslie se negó de plano, como Rosa Park se aferró a su verdad. Como mismo ella lo hiciera agarrada a los tubos del asiento del ómnibus, Chan se negó a cooperar con un absurdo policial. Es un gesto, una acción pequeña como las que provocan cualquier revolución social.
‘Me devolvieron el carnet a los cuatro días’ me dijo, pero ya saben que conmigo no pueden contar jamás.

 

14 pensamientos en “El gesto ciudadano

  1. Ola de cambio en el mundo islámico – Revuelta popular en Libia
    El ejército de la represión
    El régimen recurre a mercenarios de Níger, Chad, Ghana o Sudán para sofocar la revuelta – El tirano ha organizado a los militares según las divisiones tribales
    AGENCIAS / J. M. MUÑOZ – Trípoli / Madrid – 23/02/2011

    Muamar el Gadafi siempre ha debido ser consciente de que el Ejército de Libia -un país dominado por las castas tribales- no obedecería órdenes tan trascendentales como las de disparar a la población. O que no seguiría ciegamente al líder. Ya en 1980, Gadafi fundó una milicia a la que se pertrechó con armamento soviético: la Legión Panafricana, que se embarcó en la década de los años ochenta en la guerra de Chad. La formaban mercenarios de Sudán, Egipto, Túnez, Malí y Chad. Ahora vuelve a recurrir a matones extranjeros. “Durante los últimos 10 días varios aviones han aterrizado en la capital libia con cientos de mercenarios de varios países africanos a bordo”, aseguraba al diario The New York Times un vecino de Trípoli.

    El régimen libio se resquebraja

    Muamar el Gadafi

    A FONDO
    Nacimiento: 1942 Lugar: Sirte
    Libia
    A FONDO
    Capital: Trípoli. Gobierno: República Popular Socialista. Población: 6,173,579 (est. 2008)

    La noticia en otros webs
    webs en español
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    Cobran “entre 1.000 y 2.500 dólares al día por matar”, dice uno de ellos
    Prevalecen hoy otras nacionalidades -Ghana, Níger…- entre los miembros de la guardia pretoriana de Gadafi que mata a ciudadanos en Bengasi, Tobruk, Al Baida o Shahat. Porque, aunque la opacidad informativa reina en Libia, se sabe que varias unidades han desertado, se han pasado a las filas de los insurgentes y que el jefe del Estado Mayor está en arresto domiciliario. “Los soldados son libios y no podían soportar ver a extranjeros matando a sus compatriotas. Por eso se movieron para situarse junto al pueblo”, destacó ayer Ali al Esaui, el embajador de Libia en India que ha renunciado al cargo.

    En las jornadas más violentas de la revuelta tunecina -las que siguieron a la fuga del dictador el 14 de enero- mucho se comentaba en Túnez sobre el respaldo que Gadafi había ofrecido al depuesto Zine el Abidine Ben Ali. Y más se hablaba del miedo que infundían los mercenarios a las órdenes del coronel libio. Temían los tunecinos que Gadafi los enviara para sofocar el alzamiento. No parece que fuera el caso. Todo apunta a que el dictador libio -sabedor de que las órdenes de disparar contra civiles inermes se toparían con el rechazo de los militares- reservaba fuerzas.

    “No sabemos de dónde son. No son libios. Son africanos, mercenarios. Están disparando indiscriminadamente a la gente, que trata de defenderse en Tobruk, Bengasi, Al Baida y Dranah”, aseguraba a Reuters un ciudadano egipcio que cruzó ayer la frontera de vuelta a su país.

    “Queremos”, aseguró un vecino de la segunda ciudad del país, “que los medios internacionales vean lo que han hecho en Bengasi. Quemaron a gente viva. Cuando el Ejército rechazaba disparar contra sus hermanos, los mercenarios se encargaban de ello”. Un abogado añadió que los comités de seguridad organizados por los ciudadanos han detenido a 36 mercenarios de Chad, Níger y Sudán. “Encontramos sus pasaportes en el armamento de Al Fadil Benamer”, afirmó el letrado. Un juez, que les interrogaba ayer, escuchó a uno de ellos decir que les pagaban “entre 1.000 y 2.500 dólares al día por disparar y matar manifestantes”. Testimonios similares expresaron otros libios que hablan de mercenarios que “hablaban francés” en las ciudades de Shahat y Al Baida.

    Libia es muy diferente a Túnez y a Egipto. En estos dos países, el Ejército disfruta del respeto de la población y en ambos Estados los mandos militares se negaron tajantemente a abrir fuego contra los civiles. En El Cairo es el Ejército el que dirige la transición. En Túnez, las Fuerzas Armadas tuvieron un comportamiento ejemplar, a decir de los más furibundos antimilitaristas. En Libia es muy diferente. Gadafi ha explotado las históricas disputas tribales para mantenerse en el poder desde 1969, y ha organizado el Ejército en base a esas divisiones tribales. Ahora, las Fuerzas Armadas no pueden ejercer el papel de mediador y de garante de cierta estabilidad. Es más, no existe institución que pueda garantizar ese objetivo.

    El Ejército cuenta con 50.000 soldados (la mitad de ellos reclutas de reemplazo) y 40.000 reservistas. Además, la Fuerza Aérea dispone de 18.000 uniformados y la Marina, de 8.000. No son unas fuerzas muy fogueadas, y lo que resulta peor para su adiestramiento: la inversión en material militar ha caído en picado en los últimos años.

    El Ejército se abastecía de armas hasta 1990 en la Unión Soviética. La URSS colapsó y los mercados de los países occidentales, especialmente Francia e Italia, donde Libia nutría su arsenal, se cerraron a mediados de la década de los ochenta, en plena tormenta política entre Gadafi y los países occidentales. La inversión se desplomó paulatinamente. En 1998, el Gobierno todavía destinaba al presupuesto de defensa el 5,3% del producto interior bruto. En 2007, solo alcanzaba el 1% del PIB.

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  2. TRIBUNA: JUAN GOYTISOLO
    El Estado soy yo

    A mediados de los ochenta del pasado siglo, charlaba con mis amigos músicos de la plaza de Marraquech en la peluquería en la que trabajaba uno de ellos cuando entró un desconocido de una treintena de años cuyo acento nos intrigó. No era magrebí ni egipcio ni de Oriente Próximo. Mientras se sometía a las tijeras y el peine del barbero, le preguntamos de dónde procedía. De Libia, dijo. Curioso como soy, le pedí su opinión sobre el Líder Máximo. “Es mi padre”, dijo. “Bueno, el padre de todos los libios”. Su singular sistema de gobierno, insistí, ¿funcionaba bien? Como una seda, repuso. La gente, ¿vivía satisfecha? Satisfecha, no, feliz. Le comenté que la perfección que nos pintaba no existe en nuestro triste mundo. Todas las sociedades del planeta tienen problemas, pequeños o grandes, pero problemas. El desconocido pareció reflexionar y su letanía de las bondades del sistema se trocó en lamento. Sí, había un gran problema, el de la dote. Casarse era muy caro, no estaba al alcance de todos los bolsillos. El tono de su voz cambió también de la autoafirmación a la angustia. Había venido precisamente a Marruecos en busca de una novia. En Casablanca le hablaron de una muchacha virgen y quien la conocía le prometió concertar una cita con ella, pero necesitaba hacerle un buen regalo antes de los preliminares del trato, él confió 2.000 dirhams al intermediario y a la hora fijada para el encuentro en la sala trasera de un café del centro, no aparecieron ni él ni la prometida, le habían engañado y se sentía deshecho, aquella era su última oportunidad, nos preguntó si conocíamos a alguna joven casadera, aunque no fuera entrada en carnes o tuviera algún defecto, a él no le importaba, quería volver a su tierra casado y con los papeles en regla… La visión beatífica de la yamahiriya de Gadafi se había convertido de golpe en una mezcla de desesperanza y quejío flamenco. Ignoro si alcanzó su objetivo o regresó a Libia con las manos vacías.

    Poco después, con motivo de uno de esos matrimonios interestatales efímeros a los que el coronel es tan aficionado, decenas de millares de marroquíes emigraron a Libia en busca de trabajo. Gadafi había proclamado la Unión Árabe con Marruecos y los emigrantes confiaban en ser recibidos por sus hermanos con los brazos abiertos. El sueño de tan bella hermandad no duró. El regreso a cuentagotas primero y masivo después reflejaba un total desengaño. Los que confiaron en las promesas del Líder sufrieron un régimen cuartelero, su contacto con la población local estaba sometido a la estrecha vigilancia de los comités de defensa de la Revolución y la existencia bajo el “gobierno de las masas populares” expuesto en el Libro Verde era infinitamente peor que en la del país que habían abandonado. Mencionar a Gadafi y su yamahiriya era mentarles la bicha. Fueron ellos quienes adaptaron a su manera el chiste que oí en Estados Unidos sobre un concurso cuya recompensa consistía en un viaje a Filadelfia. Primer premio, tres días en Libia; segundo, tres semanas en Libia; tercero, tres meses en Libia. El humor marrakchí era su válvula de escape.

    Un diplomático español que fue cónsul general en Trípoli me refirió también por estas fechas una anécdota muy reveladora del edén gadafiano. Un día fue convocado a la Comisaría Central de la ciudad: un compatriota nuestro había intentado violar a una mujer libia. Al personarse en el lugar, la lectura del acta de acusación le llenó de perplejidad: la tentativa de violación se había llevado a cabo a la luz del día en la céntrica plaza Verde. Si se tiene en cuenta el número de viandantes que la cruzan a diario, la acusación resultaba inverosímil. Cuando tras mucho papeleo y protestas pudo acceder a la celda del acusado, este -marino de un buque que había hecho escala en Trípoli- le confesó el crimen: ¡Le había guiñado el ojo! La supuesta agraviada pertenecía a la guardia personal del Líder Máximo y, como tal, formaba parte de la alta jerarquía en el poder. Las negociaciones para liberar al culpable concluyeron de forma insólita. Según el abogado de la defensa de oficio, este debía declararse homosexual y demostrar así que en el guiño dirigido a la guardaespaldas no había intención lujuriosa alguna. Maldiciendo su suerte, el marino firmó su para él afrentosa condición de marica y quedó en libertad.

    Mientras ocurrían esas cosas y cosillas, la figura del Líder era celebrada en una universidad madrileña como la del genio visionario de una “tercera teoría universal”, cuyo Libro Verde abría al mundo árabe y no árabe la llave del futuro. Se organizó así una videoconferencia en la que Gadafi se dirigió al estudiantado reunido simultáneamente en nuestra alma máter y en Trípoli. Cada una de sus frases proferidas con una voz espesa y átona, iba seguida de una salva de aplausos que solo cesaban cuando el homenajeado indicaba con una señal del dedo que quería seguir desgranando su rosario de perlas de sabiduría. La ensalada compuesta de socialismo, panarabismo y un vago ingrediente religioso siguió suscitando con todo el entusiasmo asambleario: en fecha mucho más reciente, leí en un folleto impreso en España que 700 especialistas venidos del mundo entero se habían reunido durante tres días en la capital libia para estudiar el contenido doctrinal de la obra del Jefe. ¿Por qué no, pensé de inmediato, 7.000 especialistas durante tres meses? ¿O, mejor aún, 700.000 durante tres años? El absurdo hubiera sido el mismo y la maravilla aún mayor.

    Las inmensas reservas de hidrocarburos del país de su propiedad -las mayores de África- explican tanta obsequiosidad, compadreo y falta de principios. Desde su alineación con los presuntos Estados árabes moderados, esto es, opuestos al terrorismo islamista, todo le fue perdonado: no solo su demagogia y sus soflamas contra el imperialismo norteamericano, sino también cuanto se cocinaba en las cloacas del poder: la represión sangrienta de cualquier conato de oposición; la desaparición entre muchas otras, sin dejar huella, del padre del novelista Hisham Matar; la participación de sus servicios secretos en el atentado de Lockerbie en 1988, en el que perecieron 270 pasajeros; el repugnante proceso de las desdichadas enfermeras búlgaras acusadas de propagar el sida a fin de ocultar las carencias del sistema sanitario libio… Su desmesurada afición a los disfraces y escenarios de “autenticidad beduina” era en verdad única. Gorra de plato, librea, medallas, charreteras, uniformes de almirantazgo o de húsar del imperio austrohúngaro, feces otomanos, turbantes tribales, túnicas azules en juego con birretes del mismo paño, capas majestuosas de todos los colores del arcoíris (tal vez por lo de “una buena capa, todo lo tapa”), enmarcaban un rostro cada vez más inexpresivo y acartonado, con la mandíbula desdeñosamente alzada al estilo de Mussolini. El frenesí exhibicionista le acompañaba en todos sus viajes o en los actos de pleitesía que le tributaban los déspotas africanos. Instalaba así su jaima portátil en Roma, París, Madrid y Londres, recibía los abrazos de Berlusconi, Sarkozy y de los primeros ministros español y británico, respondía a la afrenta de la policía de Ginebra que detuvo a su hijo por maltrato físico a sus servidores, no solo con la retirada de todos sus fondos de los bancos suizos, sino también con la original propuesta de que la Confederación Helvética fuera borrada del mapa y repartida conforme a sus distintas lenguas entre Alemania, Francia e Italia.

    El “gobierno de las masas populares” es él. Gadafi acapara todo el poder en un país sin Constitución, Parlamento ni partidos políticos y su endiosamiento carece de límites. Por eso, el espectáculo de los últimos días, con docenas de miles de manifestantes que, como en Teherán, salen valientemente a la calle desafiando los disparos de la policía y de los matones a sueldo, llena de euforia a quienes conocen su régimen opresor al servicio de su megalomanía. Frente a las declamaciones de quienes se dan golpes de pecho y se manifiestan dispuestos a derramar su sangre por el Líder Máximo (mientras derraman entre tanto las de sus compatriotas), los gritos de júbilo de quienes pisotean en Bengasi su odioso retrato, tienen algo de iniciático y liberador. Sea cual fuere el resultado inmediato de esta matanza de sus amados súbditos, Gadafi forma parte ya de la trinidad de los ídolos caídos en el muladar de la historia con Ben Ali y Mubarak. Confiemos en que el próximo sea Ahmedineyad.

    Juan Goytisolo es escritor.

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  3. amigo, al final he conseguido que Reina entre en las noticias de un canal de MADRID, en VEO-TV y también le harán una entrevista a otro disidente que denunciará otra vez al regimen…por eso no te llamé el viernes ..

    al final misión cumplida, un barazo y cuidate.

    la pina

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  4. Mi querido Luis Felipe, no se nada de como utilizar estas cosas, pero hago el intento al sentir la necesidad de compartir contigo mi parecer. Eres una persona realmente muy valiente, te mereces el respeto no solo de quienes compartimos contigo la misma idea, sino tambien de aquellos que difieren en nuestra lucha, pues ellos no se atreven a manifestarse libremente. Solo te pido que no pierdas la sensibilidad ni la pasion, teniendo como centro de tu vida y de tu lucha, el amor, la esperanza y la fe. Aunque todos te abandonen, te juzguen y condenen, nunca estaras solo. Te acompano desde la distancia y rezo siempre por ti, por Exilda, por Malcom y por Brenda. Un abrazo.

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  5. Leslie Chan demostró que posee dignidad y no compactua con abusos. Lo que está aconteciendo por el mundo árabe es un ejemplo de lucha por la democracia. Kadafi es el tirano de la vez. Acuado por las manifestaciones, ha usado de la fuerza militar para reprimir. 233 manifestantes ya fueron muertos y solo hoy 163 fueron muertos por la aviación. Pero las manifestaciones continúan.

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  6. Te deseo un felíz cumpleaños y de regalo recibas la alegría de que la gente salió por lo menos en La Habana a protestar y si no…paraque tu día no te lo echen a perder debes saber que acá afuera hay montones de cubanos que se sienten orgullosos de la posición de ustedes y de este señor que no dejó que lo cogieran para sus juegos sucios.Viva Cuba Libre!!!Dios quiera puedas celebrar tu cumple en una Cuba libre y democrática.Un abrazo.

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  7. Hay que proceder con dignidad, aunque a veces esas posiciones conlleven hasta un encarcelamiento, como lo hacen en los países totalitarios. Si no cambiamos el miedo y el temor por la dignidad, siempre estaremos sojuzgados por el poder. Un saludo a ese señor que bien se lo merece, desde Venezuela: Teresa Coraspe.
    PD: Es impío ser sapo.

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  8. Hola Pollo, es increble todo esto, ya quieren obligar a la gente a que actuen como chivatos tambien.
    Luis Felipe, no olvides de poner los nombres de los policias, los tengo un una lista negra.
    FELICIDADES POR TU CUMPLE, YA SE QUE HOY CUMPLES AñOS.
    que lo pases bien y cuidate mucho en estos dias que se acercan.

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  9. No estoy de acuerdo con usted polloedieta, en Cuba se necesitan muchos chivatos. Han existido siempre, desde las tiranías de Machado y Batista. Cuando nos vemos en la penosa necesidad de retirarnos, cuando peligra nuestro pellejo, lo hacemos con dolor, con un nudo en la garganta.
    Por eso se necesitan nuevos chivatos, muchos, para cubrir las vacantes que vamos dejando. Al pueblo hay que mantenerlo vigilado y controlado permanentemente, para eso servimos.
    Ahora recuerdo con nostalgia aquellas jabitas con comida y jabón que recibía puntualmente cada mes por mis chivaterías. Si acaso no llegaba a fin de mes, me llegaba doble al mes siguiente, siempre y cuando le llevara una buena chivatada a la policía.

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  10. Como si no tuvieran ya suficientes chivatos.
    Pobre pueblo de Cuba,un viejo ke era pa ke estuviera disfrutando de su pension y no en la jodedera esa. Hasta cuando Dios mio?

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