Una feria, una furia

foto/Luis Felipe Rojas


Hace apenas unos días termino en Holguín la vigésima edición de la Feria del Libro, proveniente de La Habana, con su carácter inter internacional, allá, pero con carácter reducido a un montón en provincias.
Cuando pasé por los pequeños espacios donde se exhibían los libros para vender, parecía que había dos ferias, dos países, dos provincias. En la TV nacional se estaban promocionando a todo bombo los libros de testimonios de militares en sus guerras por el África, los discursos, escritos y otros documentos de FCastro. Por la pantalla pasaban las jolgorios de las editoriales del Ministerio del Interior, las novelas policiacas donde siempre capturan a los bandidos y otras lindezas más.
Pero a la feria que se le echa de menos es aquella donde había verdaderas novedades literarias, de carácter político o social. Eran los días en que se colaban libros, que aunque molestaran un poco a los ojos vigilantes del aparato ideológico del PCC, terminaban de todos modos en las manos de los lectores. Los debates francos y abiertos antes del radicalismo de última hora, ese que prefiere aupar una llamada Colección del Bicentenario (de la Independencia americana) antes que sacar a la luz algunos textos clarificadores del pensar social de hoy mismo.
Me resultó risible lo que en Holguín vi: Una carpa donde se mostraban libros y algunos parroquianos felices y expectantes con una cuadrilla de policías y uniformados del MININT detrás. Me pregunté ¿Qué cuidaban, qué buscaban, qué defienden? Todavía en una de las cerveceras a granel, las llamadas “Perreras” donde los cubanos van a vaciar sus penas a través de aquel caldo fermentado, va y hace falta alguna autoridad para calmar los ánimos (nunca a bastonazos, eh?)pero en una estantería de libros…
Con la reducción de los presupuestos se volvieron a presentar libros que hacía meses andaban rodando por las más oscuras librerías de toda la isla, pero son exhibidas como novedades literarias. Aquella vieja costumbre de ir cada semana o cada mes a la librería y encontrar, siempre, alguna publicación reciente, se ha perdido de una buena vez. Son dislates, apremios de una feria que va para menos en cada ocasión, como la euforia, que al instante vuelve a bajar.

6 pensamientos en “Una feria, una furia

  1. Hay que ver lo que escribes y los comentarios que te dejan ( y los nombrecitos que se ponen, por Dios) Pero digas lo que digas, y es lo que te duele, la Feria del Libro es un acontecimiento cultural que el pueblo agradece y la presencia de la policía solo inquieta a personajes con cara de carterista como tu. En todas partes del mundo la policía tiene la misión de garantizar la tranquilidad ciudadana, y que esten presentes garantizan al ciudadano que personas como tu no los afectarán durante su diversión.
    Sufre, pendejo!!!!

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  2. Un día los libros tuyos serán publicados en Cuba sin la censura ni los dislates del régimen. La justicia a tu obra será infinita, además haremos un gesto con el medio ambiente: publicaremos tus libros con toda la celulosa que reciclemos de los libros del castrismos que (no vamos a quemar ni destruir) serán desahuciados por parte del pueblo cuando abra los ojos

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  3. Los policías los ponen ahí porque hay muchos y hay que ubicarlos en algún lugar. Detrás de la gente, ya que piensan que alguien puede llevarse un libro escondido…es que son tan brutos que solo eso se les ocurre pensar.
    En mis tiempos dentro de la chivatería mis misiones eran más interesantes, sobre todo fisgonear cuadra por cuadra para averiguar donde vendían carne de vaca. Ahí llegaba, me daban mi parte, y luego pasaba a la estación a soltar el chivatazo.
    Cuando ya me sentí muy “quemado” pedí mi jubilación y me dieron de retiro el equivalente a 10 jabas de plátano y jabón.
    Ahora espero a que alguna vez vendan buenos libros en las librerías, a ver si elevo mi nivel cultural y me consigo un puestecito dentro de la policía secreta.

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  4. Una situación penosamente patética, estimado Luis Felipe. Espero que pronto no sólo tengan una buena feria del libro, sino libros de verdad y no panfletos obsoletos y, para colmo, vigilados.

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