Gibara, un pedazo de luz echado al mar

 

Foto/Luis Felipe Rojas

A finales de este marzo supe de la infausta noticia: los amantes del cine perdíamos el Festival de Cine Pobre “Humberto Solás”. Un desacuerdo entre las partes convocantes de Holguín y La Habana nos dejaba al desamparo a los que nos asomábamos a un cine desprejuiciado y con menos pretensiones que los portadores de tendencias comercializadoras o posturas de trascendencia que algunos creadores le quieren impregnar a cada momento que viven.
A este festival venían hacedores con ganas de enseñar la frescura y el rigor en otras esencias, otros discursos, en un cine más democrático y participativo sin dejar de entretener. Solás ayudó a esa magia, muchos en Holguín lo ayudaron, otros tantos le sembraron el camino de nimiedades para hacerlo tropezar a cada rato. Entre la burocracia y el provincianismo ramplón le hubieran quitado las ganas al autor de “Lucía” en un par de años más.
Lo que ocurre ahora, se veía venir. Por fin, entrada la primavera se dio el conato (por lo menos público en la provincia) entre las opiniones y decisiones de Alexis Triana (Director Provincial de Cultura) y Sergio Benvenuto Solás (sobrino de Solás y presidente del Comité Organizador del festival).
Primero fueron algunos correos electrónicos, dicen, y después la publicación local La Luz puso en manos de un mínimo número de holguineros las razones de Triana. Como pocos tenemos acceso al correo electrónico tendremos que conformarnos con lo que argumenta este acerca de la posición de Benvenuto. Lo cierto es que el festival será anual, pero en la capital del país.
Gibara, uno de los paraísos cubanos del Atlántico Norte, se había afilado los dientes. Un enjambre de hombres y mujeres prepararon sus casas para ofrecerlas en alquiler a visitantes extranjeros y nacionales. Bebidas, pescados y mariscos ya regaban su olor por encima de los techos rojos que identifican a esta villa recostada al mar. Mario es un amigo mío de la infancia. Desde hace tres años venía buscándose el sustento de varios meses en solo una semana de jaleo cinematográfico: ‘la gente compra y busca de todo, desde libros viejos, obras de arte, maderas preciosas, corales, pescado para llevar, todo. El festival era el momento’, me dijo con pesar.
A principios de marzo estuve en Gibara y he podido ver la desazón. Gibara tenía para mí dos motivos de emoción muy distintas: allí conocí el descanso de fin de semana en los años ‘90, era la escapada desde la ciudad hasta ese paraíso que creíamos. Después, en el año 2006, recibí el peor acto de repudio de que tenga noticia. La sesión de odio la preparó el entonces capitán Abel Ramírez. Estábamos en casa del disidente Alexander Santos y pusieron a las turbas a ladrar contra nosotros. Después había vuelto con un poco de escozor, no era para menos.
El pasado sábado día 2 de abril distribuyeron el periódico La Luz, órgano de divulgación de Cultura provincial, y parece haber sido peor el remedio que los males. Como no hay a quien echarle la culpa, la gente no cree en los dislates de un Benvenuto que solo viene una vez al año, al director provincial de Cultura tampoco le aceptan mucho su diatriba.
Las justificaciones no valen al parecer cuando se trata de un evento que ponía al pueblo en la mira del país por unos días, alimentaba a decenas de familias con los alquileres de habitaciones, autos y triciclos, con la degustación de la comida recién pescada y con una fiesta cinematográfica llena de sangre joven.
Comí en casa de dos nuevos amigos, estuve una tarde entre el café y la buena conversación y el tema recurrente era el festival. Todo indica que la mayoría hubiera preferido un diálogo entre las partes, salvar la sede gibareña de la fiesta de cinéfilos a toda costa. Si la supuesta torpeza no viene por mandato ideológico del Partido Comunista no hay razón para no haber encontrado un arreglo. Un concierto de Carlos Varela o X Alfonso, una exposición de arte contemporáneo y debates encendidos (yo los gocé varias veces) que acompañaban la muestra y competencia del celuloide bien valían sentarse a la mesa para debatir la permanencia del certamen en esta tierra carcomida por el salitre. Traduzco el sentir de varias caseras y me creo en el derecho a reprobar que se abandonaran las armas del diálogo fructífero, aunque el citado funcionario provincial haga mención en su artículo a ‘una nueva ronda habitual de paranoia anticubana’. El festival era mío también, y aunque un edicto invisible dictado hace cuatro años me ha dejado fuera de los debates, las lecturas públicas y las posibilidades de publicar, hubiera puesto mi firma a favor de salvar esa fiesta que se nos apagó entre las manos. Dondequiera que se encuentre, Humberto Solás debe de estar que arde.

 

Foto/Luis Felipe Rojas

9 pensamientos en “Gibara, un pedazo de luz echado al mar

  1. Gibara embruja con su aire de mar, su gente dulce y maravillosa. El huracan IKE se ensaño en ese pedacito de costa q fue el primer escenario cubano visto desde el mar por Colon y sus navegantes, sin embargo encima de no permitirles la ayuda internacional a las victimas les privan de la posibilidad de ganarse 4 honrados pesos y atraer la atencion del mundo a ese pedacito de Cuba tierra de mis abuelos.
    Gibara se cae ladrillo a ladrillo, la segunda ciudad amurallada de Cuba, el Teatro mas importante quizas deOriente en peligro de derrumbe, el Museo de Historia Natural, unico q posee un caracol zurdo en su coleccion, el Museo Colonial, muestra de la opulencia con q vivian los primeros hacendados hoy es una ruina.
    Hace unos dias converse con algunos gibareños q aun tienen esperanzas de q la decision sea revocada. Ojala y no vuelva a ser del todo olvidada la Villa Blanca.

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  2. No veo en el articulo las “razones” que dices expusieron las partes en conflicto. Pero de todas maneras debio primar el salvar al festival … y en Gibara. Porque Solas tuvo esa genial idea y la impulso bien … un festival de Cine Pobre para que en un municipio “pobre” en actos culturales significativos, se alimente en todos los sentidos.

    Pero bueno … como bien dice Danilo … el centralismo ahoga !!!

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  3. Mas de lo mismo, este malgobierno no le importan sus ciudadanos (o esclavos?), ese centralismo que ahoga y desbarata la creatividad y la prosperidad de un municipio ha sido la constante del modelo disfuncional Castro-Comunista.
    El verbo principal es permitir, te pido permiso, me das permiso, todo ciudadano cubano siempre es inferior al sistema, cada paso es un cruzar las alambradas o cocinarte el hígado, amargarte la vida.

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  4. En eso pierden el tiempo, persiguiendo, vigilando, marginando y encarcelando a quienes piensan diferente y se atreven a manifestarlo. Para eso sí hay dinero, recursos; ni hablar de reducción de personal en la policía; no importa que el pueblo esté pasando mil necesidades.
    Y los campos “donde no debe haber ni un metro de terreno sin cultivar” -¿recuerdan-? los campos están llenos de marabú y sin que a nadie le interese trabajar la tierra, por los míseros sueldos que pagan de 12-15 dolares mensuales. Viendo algunos países de economía paupérrima, donde a decir de los economistas la mayoría de la población subsiste con menos de 1 dolar al día…pues entonces están mejor que Cuba

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  5. Tríptico de Gibara
    para Rosario Fernández
    I

    El mar está en los ojos de los niños
    Los ojos del maldito no poseen
    el misterio que ultrajan
    los ojos sin misterio de la ciudad
    En los ojos de los niños
    la noche enciende las aguas
    Sus voces de pájaros
    anuncian la mañana y los barcos
    que traen la alegría
    y los colores
    labrados por el mar
    para sus ojos sin pervertir aún

    II

    No es Rimbaud el maldito del poema
    ni Ulises el marinero griego
    que me despierta
    mi primo
    Es el mar de Gibara
    verde azul como un demonio
    que trafica su sexo enrojecido
    con el sueño de mi carne hermafrodita
    para que yo despierte tarareando ante el lomo
    renegrido del mar que me injuria
    mi primo
    No es Rimbaud el maldito del poema
    ni de Ulises el semen marinero
    donde se cuajan los ojos de pescado
    de mi sangre maldita

    III

    Los ojos de los niños se han cerrado
    con la luz de la orina y de la fiebre
    con el cáncer de sal de la pared
    cetrina
    Como peces dormidos
    los ojos de los niños se han vaciado
    de mar
    de alegría
    de colores
    Los ojos muertos de los niños
    descansan en el mástil de la noche

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  6. Marina
    a Gibara

    El mar dejó de ser
    la casa de madera
    donde irrumpía el verano con vocerío de niños
    Bajo el cielo limpio del patio
    sus ávidos cuerpos eran enjuagados
    con agua dulce
    y almorzaban el rico manjar
    de la alegría
    No entendían los oscuros signos
    que iban asomando en las paredes
    Para sus ojos
    era aquel un sitio levantado
    con la espuma del juego y de la dicha
    Como un mal lento arrojado por el mar
    la sal fue devorando la ciudad
    El sol resbaló por la cúpula desnuda de la iglesia
    y se hizo de noche

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  7. En los actos de repudio se aprecia una vulgaridad y una falta de respeto ciudadano, que a simple vista descalifica la calidad humana y la educacional más elemental de todos ellos. Es como si el gobierno tuviera que acudir a la vociferación y a los gestos groseros para reprimir a unas señoras que caminan en silencio por las aceras vestidas de blanco con una flor en la mano. Y a esas señoras el MININT dedica horas y horas de trabajo para vigilarlas y desacreditarlas.

    Con la misma bajeza con que se manifiestan en esos actos de repudio, la tv cubana presentó a un grupo de agentes infiltrados que, curiosamente, han estado trabajando meses y años sin poder detectar alguna ilegalidad dentro de estos grupos, ya que todo ese trabajo no condujo ni a una detención ni a un solo juicio. Valga destacar que dentro de las leyes cubanas es condenable el que ejerce funciones de mercenario, pero a pesar de ser considerados así, todos siguen en libertad.

    Tanto los mítines de repudio como la divulgación de estos actos de infiltración presentados en la televisión cubana, revelan una falta de calidad humana y de malgasto innecesario asombroso. Prácticamente no necesitamos saber qué defienden unos y qué defienden otros para que cualquier observador imparcial tome partido por los que protestan en silencio y por los que fueron vigilados y no fueron encarcelados.

    En un país donde los niveles de corrupción y de mercado negro son asombrosos, donde el comportamiento político se manifiesta de forma vulgar e intolerante, donde la doble moral y la hipocresía están generalizados, donde existen altos índices de prostitución, alcoholismo y suicidios, donde la población contrae matrimonio por tal de adquirir algunos artículos y después se divorcia como lo más natural del mundo…, no se entiende que hablen del hombre nuevo, de la conciencia revolucionaria y de los logros de la educación. Y es que el fracaso va mucho más allá de lo económico. Han inculcado un nacionalismo tan demagógico y falso, tan ruin, desesperanzador y mezquino, que han hecho que a lo único que aspiran los jóvenes hoy día, sea a emigrar.

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