Los chicos de bermellón

Foto/Luis Felipe Rojas


Lo que resta de año amenaza con ser un tiempo difícil para ellos. Muy pronto exprimirán las filas de lo que fue en un tiempo uno de los proyectos más publicitados por Fidel Castro: el Programa de los trabajadores sociales.
Al principio muchas personas desconfiaron de ellos pues fueron utilizados para husmear dentro los hogares cubanos bajo el pretexto de realizar un censo nacional exigiendo datos de quien recibía remesas del exterior, quien tenía una computadora o reparaba un teléfono móvil. Pero los chicos malcriados de la revolución, aquellos que una buena noche sustituyeron a todos los expendedores públicos en las gasolineras cubanas se volvieron demasiado arrogantes, caminaron por nuestras calles con una insolencia muy pocas veces permitida a un grupo social de esa edad y de un día para el otro, después de la venta de algunos televisores, refrigeradores, o ventiladores chinos dejaron por fin de lucir como lo que nunca fueron: trabajadores, y de llevar la etiqueta de sociales.
Una mañana comenzaron a lucir cadenas y sortija de oro comercial, se vistieron con tenis deportivos de marca y toda la baratija que les permitió su mal gusto.
Un número considerable de ellos pudo y logró aprovechar los privilegios de asistir a la universidad y graduarse sin mucho rigor, sin embargo otros vieron frustrada esa ocasión debido a su permanencia en “misiones” fuera de sus lugares de origen encaramados en un camión de cargar caña de azúcar, un bus que recorría el país desde la Habana hasta Guantánamo o supervisando el trasiego de aceite de comer entre una bodega y la otra.
Aunque lentamente se fue apagando su esplendor, hasta hace poco se encargaban de recomendar a alguien para una plaza laboral, una beca o gestionaban una cisterna con agua para una comunidad determinada.
Ahora andan de capa caída y algunos cedieron a la desbandada solicitando su baja y empleándose como choferes por cuenta propia, carpinteros o funcionarios del Ministerio del Interior. En semanas, a más tardar dos meses, el gobierno les reducirá sus filas en un 80 %, según les han informado en reuniones recientes.
Para entonces los veremos de vuelta a casa, sin la mínima ración de aseo personal que les prodigaba su autor intelectual, el rojo de sus camisetas cada vez más desteñido y ya sin ese lema que llevaban como un fusil a la espalda: “más cubano, más humano”

14 pensamientos en “Los chicos de bermellón

  1. Debo dejar claro, que no siento simpatia alguna por los TRABAJADORES SOCIALES, pero leyendo estos comentarios, me da la impresion que es por culpa de ellos y solo de ellos que en Cuba se vive tan mal y que los primeros que roban en Cuba son ellos, cuando en realidad esos muchachos lo que hicieron fue repetir lo que les habian enseñado, en la escuela, en la casa y en la calle, acaso se les olvida que sea revolucion la hicieron sus padres y abuelos, tenets que empezar por no confundir quien es el enemigo

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  2. Hola Luís Felipe: Hay que tener cuidado con Eliecer, podría ser un agente infiltrado, pues hay algunas incongruencias en sus declaraciones. Pregúntenle como y de qué vivía y vive él y su familia en ese largo tiempo cuando estaba desempleado, y luego verifiquen.
    Que se exponga a la represión como uds los auténticos disidentes, a ver si de verdad es un disidente real.

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  3. Disculpe Armienne; no tengo nada en contra de ustedes, al contrario, las admiro por su valentía. Y ciertamente las necesitamos en esta lucha contra la tiranía.
    Mi vocabulario es limitado a la hora de referirme a estos especímenes de la fauna policial cubana.

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  4. Para Roberto Cabreja: Sabemos que ud, como otros, intenta polemizar aquí no con la finalidad de entablar diálogos positivos, sino para, mediante algunos aparatos de espionaje que tienen (Bgans y otros) tratar de ubicar las ID de ciudadanos cubanos y sus lugares de residencia, para así ir abriendo sus hijos de puta “expedientes de fase preparatoria” y luego, cuando llegue algún cubano allá de visita, agarrarlo preso en el mismo aeropuerto. Eso es lo único que saben hacer ud y la policía hija de puta cubana: reprimir a quien no piensa ni actúa como ustedes, bola de hijos de la gran puta.
    Pero la guerra cibernética esta la tienen perdida desde antes de empezar. Sigan con su sueño guajiro, que ya les llega la hora de rendir cuentas.
    ¡Vivan las Damas de Blanco! ¡Vivan los derechos humanos pisoteados en Cuba! ¡Vivan los disidentes cubanos! ¡Abajo los Castro y toda la pandilla de ladrones!

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  5. Para Roberto Cabreja: Las Damas de Blanco ahora simplemente anunciaron ante la opinión pública una ampliación de sus objetivos sociales y políticos. Considere que es muy difícil disentir dentro de un régimen policial como el que impera en Cuba, y del cual usted forma parte. Ellas desde siempre han sido disidentes, no pretenda usted hacernos creer que solamente luchaban “por la libertad de sus familiares”.
    Contrario a lo que usted piensa, esa organización – como todas las que conforman la disidencia cubana dentro de la isla – se ha fortalecido, porque cuenta con reconocimiento internacional a su lucha, incluso por el presidente de Estados Unidos, algo suficiente para poner a temblar a toda la pandilla de ladrones que gobierna Cuba, desde los Castro hasta el funcionario de menor nivel, incluídos policías, chivatos y agentes encubiertos a sueldo como usted.

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  6. Los trabajadores sociales fueron el surgimiento y fracaso de un proyecto. Como la totalidad de los programas concebidos por el Comediante en Jefe, este proyecto prometía erradicar los problemas sociales existentes en la Cuba de los 2000. Algo nos dice la concepción de este engendro: Los gobernantes están conscientes de la cantidad y la agudeza de los problemas de la sociedad actual en Cuba, hasta se pudiera decir q el lanzamiento de esta aventura fue, de cierto modo, el reconocimiento de q la creación del tan cacareado “hombre nuevo” había fracasado. Así, este remiendo ya desde antes de sus inicios, estaría condenado al fracaso por inducción.
    La ciudad de Holguín fue escogida para construir la segunda escuela de Trabajadores Sociales más grande del país. Los holguineros observábamos atónitos las noticias de la rapidez y la eficiencia con q avanzaba la construcción del complejo inmueble de varios edificios, entre los q hay dormitorios y edificios docentes.
    En el tiempo record de 10 meses la obra fue finalizada e inaugurada con bombos y platillos, como es costumbre, ignorando indolentemente que solo a un par de kilómetros del lugar se erige el fantasma de cemento gris del nuevo hospital Clínico Quirúrgico “Lucía Iñiguez”, que en aquellos años ya cumplía dos décadas de proceso constructivo. En 20 años no hubo voluntad ni recursos para un hospital nuevo, sin embargo para el caprichito del comediante en 10 meses se movió cielo y tierra.
    Quiénes eran los selectos elegidos como futuros educandos de este centro? La frustración invadía casi todos los hogares donde había algún adolescente estudiante de preuniversitario. Uno de los requisitos para ser admitido en la escuela promesa era no tener vínculo laboral o estudiantil. Muchos padres frustrados se quejaron ante esta injusticia, la respuesta fue un rotundo NO y las relucientes aulas y cómodos albergues se llenaron de jóvenes de las más insospechadas costumbres y conducta moral. Así, no tardaron en correr los rumores de broncas (con puñaladas incluidas), pero el peor escándalo fue el de una muchacha q estaba tratando de dar a luz escondida en las duchas de uno de los albergues. La opinión pública coincidía en que seguramente intentaría esconder el bebé, y en el peor de los casos, hasta matarlo, pero para sorpresa de todos, por orden del “Comité Central” a la muchacha le regalaron una canastilla, le dieron derecho a un año de licencia docente y derecho a reincorporarse el próximo curso.
    Los rumores corrían de boca en boca acerca de la calidad de vida de estudiantes y profesores de la “Escuela de Trabajadores Antisociales” como fue bautizada rápidamente entre la población. Se decía que el la comida era buena, incluso para los obreros y profesores, que en la enfermería no faltaba lo necesario para primeros auxilios, incluso la escuela contaba (o cuenta, no puedo dar fe de ello) con un sillón de estomatología donde había hasta anestesia para extracciones.
    El programa estaba concebido para 2 cursos de estudio, culminados los cuales dichos trabajadores sociales empezaron su vida laboral con un salario de 300 pesos MN, no recuerdo si 10 CUC, uniforme de jeans y t-shirts y la orden expresa de acceso ilimitado a información, reuniones y todo tipo de antojo que se les ocurriera. Muchos fueron destinados a supervisar la venta de gasolina en los servicentros, (esos fueron los primeros en corromperse)
    Hay muchas anécdotas de estos inexpertos metiendo la cuchareta en donde no tenían ni idea de que trabajo se realizaba y cuales eran los objetivos y programas.
    Un gran grupo fue encargado de la venta masiva de electrodomésticos de la llamada “Revolución Energética” donde también “metieron la mano” sin muchos reparos, pero lo peor no fue esto, lo peor vino cuando se supo que estos semianalfabetos tendrían prioridad para optar por carreras universitarias como “Sociología”, “Estudios Socioculturales” carreras pedagógicas, turismo, etc.
    Años de estudio con el estómago vacío de cientos de estudiantes de curso regular se fueron a bolina con este nuevo libretazo, mientras poco tiempo después, Raúl Castro declaraba públicamente que Cuba no necesita de tantos universitarios, sino de obreros, sobre todo agrícolas.
    A los 2 o 3 años de creada la escuela se llegó a la conclusión de que con los graduados ya era suficiente y la escuela se lleno esta vez con alumnos venezolanos, al parecer de la misma extracción social que sus antecesores cubanos a juzgar por las quejas de los profesores que tenían la misión de hacerlos aprender a toda costa y se encontraban con alumnos que en muchos casos apenas sabían leer y escribir.
    No se en que pararon los venezolanos, del destino de la mayoría de los cubanos que pasaron por estas aulas nos da fe Luis Felipe Rojas en esta entrada. Han quedado la mayoría para chivatos y desempleados. Veremos como sigue esta historia.

    Disculpen lo extenso del comentario

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  7. Recuerdo que estando de visita una vez en La Habana, a la casa de mi familia, llegó una trabajadora social para no sé que trámite “investigativo”. En cuanto entró, me vió y notó mis ropas “diferentes” – con corte capitalista- y sintió mi perfume (muy lejano del aroma habitual de los “camellos” populares), me miró con un desdén cómo si hubiera visto a una cucaracha. Yo, en cambio, le brindé café e intenté ser amable con ella porque consideraba que estaba haciendo una labor correcta. Cuando se fue, mi hermana -quien no está en nada- me dijo: “Esa tipeja es una desconocida venida de no se sabe dónde y es la asignada a nuestro barrio. Nunca le ha resuelto nada a nadie y sólo está pendiente de TODO lo que cada ciudadno hace. La gente no la soporta y apenas saluda a nadie…” Ante semejante descripción, yo me pregunté, ?pero, no se suponía que estos trabajadores iban a ser la cara de las necesidades del pueblo ante el gobierno? Después pensé que ami familia, quizás, le tocó un mal ejemplo y la media no fuera así, pero semanas más tarde, oí diversos comentarios sobre estos “elegidos” en casa de otras amistades y éstos no fueron muy diferentes al de mi hermana. !Qué pena de proyecto fustrado! !Cuántos recursos derrochados en otra causa “revolucionaria” estéril!

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  8. ¡Qué mala suerte! Cuando apenas me estaba yendo bien! Ya había conseguido mi moto, algunas joyas, unos 2 mil cuc…pues nos van a sacar de la jugada. Así como están las cosas voy a hacer una balsa (de madera y con tanques de 55 galones, botellas plásticas cerradas,etc) para ver si puedo escapar de este infierno de país, con unos socios del barrio.
    O a lo mejor me uno a los disidentes, que se ve que luchan por cosas buenas para los cubanos, y así me voy regenerando, porque a veces me da pena para conmigo mismo todas las cosas malas que he hecho, extorsionando por ahí a la pobre gente. Parece que a esta revolución le queda muy poco. Lo malo es que no puedo estar sin trabajar, porque me aplican la ley de peligrosidad social y ahí sí se jode la cosa. Hay que sobrevivir.

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