Ángel Santiesteban: “Soy una mirada social de mi tiempo”

El escritor Angel Santiesteban Prats.

El escritor Angel Santiesteban Prats.

Solo unos días después de Ángel Santiesteban Prats enviar esta entrevista a Martí Noticias, fue llevado intempestivamente al cuartel general de la Seguridad del Estado, Villa Marista, pero ya sus respuestas estaban a salvo. Él también.

El narrador que obtuvo el Premio UNEAC con el conjunto de relatos Sueño de un día de verano (1995), El Premio César Galeano 1999, el Casa de las Américas 2006, con Dichosos los que lloran, luego abrió el blog Los hijos que nadie quiso donde expuso al mundo sus ideas sobre los Derechos Humanos en Cuba y no paró hasta la cárcel. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía y hoy responde estas preguntas desde una celda improvisada en una unidad de Guardafronteras del Ministerio del Interior, en Jaimanitas, La Habana.

¿En qué momento se fundió el Ángel Santiesteban narrador y el personaje?

Podría asegurar que comenzó desde los inicios, a finales de la década de los 80, y es que considero que la necesidad de escribir, comunicarme, trasmitir mis sentimientos, fue una medida de compromiso, precisamente, por el dolor que sentía dentro de mí. Recuerda que mi primer pensamiento literario surgió a los 17 años cuando me encontraba preso en la Fortaleza de la Cabaña, por el “delito” de acompañar hasta la costa a mi familia, con el ánimo de despedirla, como ocurrió, y fueron luego sorprendidos en altamar, por lo que se me acusó de “encubrimiento”, pero el día del juicio, el tribunal consideró, según las leyes vigentes, que ese delito no incurría en mi persona, porque entre padres y hermanos se consideraba lógico. Es decir, me procesaron porque según el fiscal, yo debía haber denunciado a mi familia por abandonar clandestinamente el país, lo que se considera una traición al proceso del régimen totalitario. No obstante permanecí catorce meses en presidio. Por lo que considero que antes de ser un escritor ya era uno de mis personajes, lo que aproveché para compartir mi dolor personal con los personajes que a partir de ese entonces comencé a construir. En cada personaje creado por mí, está mi dolor, o el de mi familia, los amigos, los vecinos. Soy una mirada social de mi tiempo, y ahí está el compromiso conmigo, con mi madre, la historia y mi tiempo, sin importar las consecuencias que esa postura me conlleve.

Sufro con cada palabra que escribo, sangro por cada pasaje que represento. Muero y vivo con mis personajes; pero siempre creo ante todo, a través del arte genuino y sin compromiso.

¿Hasta dónde tus demonios narratológicos se fundieron en tus ánimos sociales?

Juro que no fue una meta, tampoco un compromiso y menos la intención de epatar y llamar la atención, es más creo, que de esa forma no se logra el arte. Mi semilla creativa surgió a partir de la inconformidad y el miedo social. Personas que escondían su animadversión al proceso político y fingían, y fingen, ser simpatizantes con la dictadura, y ese reflejo de mi tiempo me convirtió en una voz, una alternativa, y se representó inconsciente, porque el fundamento de mi visión artística es aquello que me lacera, golpea o preocupa, y luego intento plasmarlo de la mejor manera, según mis herramientas literarias.

Cuando descubro un pensamiento de un pasaje personal o escucho una anécdota sugerente, se dispara un dispositivo en mi interior, y un pálpito diferente me avisa que debo intentarlo, y casi siempre está ligado a una consecuencia social.

Has asumido el sentido trágico de la vida. Como Severo Sarduy, Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, has armado una literatura que se vuelve denuncia. ¿Qué procesa o escribe Ángel Santiesteban Prats desde este encierro?

Ante todo, reconocer que en cualquier arista que se me compare con esos tres grandes escritores cubanos –ya para mí es de orgullo, y te agradezco la noble herejía literaria porque siempre asumiré las distancias entre ellos y yo– a quienes respeto por su obra y vida, el sufrimiento que izaron como bandera, a partir de la opción de emigrante, buscando esos “tres tristes tigres”, que fueron ellos, al ser voces discordantes con el sistema político.

Con Angel el 20 de enero 2010 en la habana-cuba

El autor de esta entrevista con Angel Santiesteban, 20 de enero de 2010 en La Habana-Cuba.

Tengo experiencias semejantes con Reinaldo Arenas, en cuanto al presidio y a la marginación cultural que sufrió; pero coincido con ellos tres en la emigración, solo que en sus casos hubieron de desplazarse fuera del archipiélago, en el mío, vivo esas mismas consecuencias pero desde el interior, dentro de la isla; por ello hoy escribo sobre la realidad que me circunda; la injusticia que vivo. Una vez escribí en un post que el último lugar al que debió enviarme la dictadura fue a este; donde he tenido que crecerme como ser humano, artista y disidente. He escrito un libro de cuentos desde el dolor, pero que a mi consideración y la de mis amigos, aún está muy a flor de piel y debo distanciarme de la experiencia para retomarlo y restar una intención política que, inevitablemente, se refleja en ese conjunto de relatos. También escribí una novela extraña, con temática carcelaria, que supongo poder revisar a mi salida. Comencé una novela Premios y castigos, de corte más biográfico.

Mi experiencia de vida es trágica. He vivido un guión trágico que afecta la sociedad, por caprichos políticos de los dictadores. Es conocido que “los escritores nos alimentamos de carroña humana”, y este sistema es muy dado a ensuciarnos con las sangre de sus víctimas.

Tus personajes aparecen transidos de dolor como si no hubiera nada más allá en el horizonte. ¿Dónde surge esta elaboración, esas piezas de cambio en cada relato?

A veces es en una palabra, una imagen, o el reflejo de una angustia. Cuando percibo que alguien sufre, tengo la necesidad de asistirlo. Creo fervientemente en que un escritor si no ayuda a cambiar, a curar esa realidad, al menos tiene el deber de reflejarlo como espejo de su tiempo, en función social, y, a veces, hasta buscamos alternativas de respuesta anémicas para esos sufridos, cuando ven en los personajes, su realidad más inmediata. Tenemos la posibilidad, como algo propio de la propia creación, de sustituir, mejorar, brindar, reemplazar, trocar, los destinos e inventarnos algo mejor. Las variantes pueden ser múltiples, en la medida de la capacidad de talento del escritor y sus necesidades artísticas. Siento que soy el reflejo de mi tiempo y de esa manera intento plasmarlo en mi obra.

Si apelamos a los datos que aportas en El verano en que Dios dormía, tu novela es la reconstrucción de una época. Describir la vida en el mar, de seres que no son precisamente pescadores, la circunstancia exacta en que deciden lanzarse a la vida o la muerte y los desenlaces que se funden con lo que conocemos hoy como “la crisis de los balseros”, nos pone ante una novela histórica ficcionada. ¿Cuáles fueron tus herramientas, la historiografía, la sociología o el cabal conocimiento de estas técnicas narratológicas que ostentas hace tiempo?

Cuando abordo un tema que no he vivido, que ni siquiera se encuentra en libros que se puedan consultar, comienzo un estudio de terreno, en mi caso, según mis temas, con los soldados que participaron en las guerras africanas, los balseros que decidieron regresar desde la Base de Guantánamo, o personajes marginales que sobreviven a través del delito. Siempre hago grabaciones de sus experiencias. En algunos casos tuve que apagar el equipo de grabación, a petición del entrevistado, cuando se comprometían en sus testimonios, y el temor los obligaba a protegerse, al revelar los hechos delicados sobre, por ejemplo, pésimas órdenes de un alto militar en Angola, y por la que se producían víctimas inocentes; o hechos cometidos por ellos mismos y de los que se avergüenzan.

Tengo la necesidad de cuando comienzo un tema saber cada hecho, historia, cultura, el color de la tierra, olores, vegetación, detalles que me ayudan a transportarme y vivir en mi imaginación, recrear, hacer regresar el tiempo y ver, palpar lo que narro.

La mayoría de los personajes de mi novela El verano…, son familia o amigos. Manolo es el esposo de mi hermana menor. Es cierto que estuvo en la conflagración bélica en África, que fue zapador, que se jugó la vida en el Estrecho de la Florida sobre una balsa con otros familiares, y que luego cruzó el campo minado para regresar con su familia en La Habana. En él, ese personaje, hay agregados muchos personajes; entrevisté a cuanto balsero he conocido, cientos de horas en casetes, que era lo que se utilizaba a mediado de los noventa, y en cada uno recogí el dolor que afloraba en sus palabras, gestos y silencios.

Hay un tiempo de “doloroso aprendizaje”, al decir de C.A. Montaner. ¿Por qué tus narraciones están cargadas de víctimas?

Estoy convencido que cada cubano, participante en los procesos políticos, no solo desde 1959, sino desde antes, son víctimas de los caprichos, ambiciones y malas entrañas de esos mandatarios que han arribado al poder de la nación. En lo particular me baso en la experiencia, el sufrimiento de las generaciones desde la de mis padres hasta hoy, y los considero víctimas directas del régimen. No solo las de aquellos que se opusieron, también agrego a los que fueron engañados, los que como mi tío Pepe, apostaron por un país mejor, democrático y humanista, hasta que descubrieron que fueron engañados, pero ya no tenían la edad o el valor para enfrentarlos, y decidieron quitarse la vida por la vergüenza de ser partícipes de este engendro que ha gobernado por más de medio siglo, y que para lograrlo han fusilado, encarcelado, asesinado a través de sus órganos represores y de inteligencia.

Los que emigran, los que permanecen dentro de la isla con temores, aunque sea uno solo; los que alguna vez han necesitado fingir para no ser reprendidos ni castigados; los que han mentido o mienten y traicionan sus verdaderos pensamientos, criterios sobre la realidad que los circunda, todos son víctimas del sistema.

Siempre repito que la única ambición que he tenido en la vida es entender a las personas. Entenderlos aunque no comparta su lógica, pero al menos saber la causa, el sentimiento que los acompañó en el momento de ejercer un acto, positivo o negativo. No siempre lo logro con los seres humanos; pero sí con mis personajes. Me tienen que ser transparentes a la hora de contarlos. Entender sus acciones, pensamiento y obrar.

Soy una víctima de mi tiempo, acompañado por mis personajes que reflejan ese sufrimiento humano.

Al parecer te ubicas entre las piezas de Carlos Montenegro y las almas perdidas de Reinaldo Arenas. Los protagonistas de tu novela y relatos se mueven entre la perdición de la noche y la desilusión de los días en La Habana. ¿No temes acabar relatando una Habana contada y vuelta a contar?

Como la de Montenegro es mi experiencia personal, y ya sabemos que la realidad nos supera. Es tan rica en matices, múltiples tonos inagotables que garantizan la salud de ese abordamiento en la ciudad y sobre la ciudad. Siempre existe un indicio no abordado, una nueva forma de contar sobre lo mismo, compartir temáticas inextinguibles. Ni siquiera una foto repetida ipso facto, puede captar lo mismo porque sus colores cambian constantemente.

Sí, temo repetir esos paradigmas de la literatura cubana; pero no creo que se pueda parecer, imitar a esos grandes y especiales escritores, porque existen múltiples formas de ver, maneras de contar esta Habana, esta Cuba, por momentos tan querida, o tan odiada.

Ángel. Prisión Unidad de Guardafronteras, Jaimanitas, La Habana.

2 pensamientos en “Ángel Santiesteban: “Soy una mirada social de mi tiempo”

  1. Gracias, Pablo, amigo de siempre, es así de triste, y esto lo menos que podemos hacer: darle voz a Anglito, para que las fuerzas de su creatividad no languidezcan en ese horror.

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  2. Una entrevista que refleja un desgarrador testimonio de lo que cualquier ciudadano se juega en Cuba al exponer su verdad. El régimen no admite ni admitirá un pensamieno contrario a su ideología. De ahí que Ánel Santiesteban se encuentre injustamente encarcelado.

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