Elisa Tabakman: La edición, la cerámica y la vida

Sus amigos le decimos Elisa, así de sencillo. Es una escritora, editora y ceramista argentina que se involucró de tal manera en el caso del escritor cubano Ángel Santiesteban que terminó rediseñando el blog Los hijos que nadie quiso, escribió a Amnistía Internacional lo mismo que a las oficinas de Reporteros Sin Fronteras: todo con tal que visualizaran las irregularidades en un proceso varias veces desmontado a fuerza de razones, pero que llevó a Santiesteban a la cárcel a inicios de 2013.

Entre esa fecha y su liberación en 2015 -a la par que posteaba la cartas y artículos del novelista cubano en “Los hijos…”-, Elisa Tabakman iba cociendo a fuego lento animales y bichos raros y bonitos junto a pedazos de cristal y alambres. Cuando subía la temperatura del horno salían gatos y peces que hoy celebran la vida.

Esos seres de ojos grandes le enviaban un mensaje de aliento al escritor encarcelado por hablar de frente a Raúl Castro. La conocí por medio del colega Amir Valle y desde entonces voy a su muro de Facebook y a su blog Elisa Tabakman Metal y Piedra. Allí compruebo que los golpes y los calabozos no dejaron en solitario a mi amigo y hermano Ángel Santiesteban.

Háblame de tu formación, ¿cómo llegas a esta mixtura de técnicas?

Soy artista del fuego, todas, o casi todas, las técnicas que trabajo están abarcadas en lo que conocemos como artes del fuego: cerámica, vidrio, herrería, joyería. Todos los materiales implicados pasan por el fuego, porque incluso en mis mosaicos participa el fuego, ya sea en vitromosaicos o en figuras de hierro o plata. Casi te diría que si transitas por el camino del fuego es inevitable involucrarte con todas sus artes y técnicas posibles.

El fuego es mágico, el fuego purifica, el fuego transforma. El fuego es el que convierte a las técnicas en alquimia. Cuando te atrapa el fuego, ya nunca jamás lo puedes abandonar. De hecho, comencé a los 8 años a estudiar cerámica, luego a partir de los 14, largos años de formación en la Escuela Nacional de Cerámica, algunas experiencias en vitrales en aquella época, hasta que hace unos años me acerqué al fuego directo con el soplete haciendo joyería contemporánea, luego retomé el camino de vidrio pero investigando y experimentando en técnicas escultóricas y en la vitrofusión. Y nuevamente se abrazaron las técnicas porque la joyería que confeccionaba con plata y piedras semipreciosas me pidió vidrio…. y eso es lo que trabajo actualmente, paralelamente a las obras que sigo haciendo y exponiendo. La formación de un artista no se acaba jamás, ya sea tomando seminarios de especialización o experimentando, pero es un proceso sin fin.

¿Por qué el motivo central son animales? Qué te mueve a llevarlos hasta la creación artística?

Amo a los animales por sobre todo; no entiendo la vida sin los animales. Ellos son lo mejor que nos pudo pasar e irónicamente, somos lo peor que les puede pasar a ellos. El amor y la comunicación con los animales nos humanizan. De ellos aprendemos a respetar al prójimo, su espacio vital, sus tiempos y necesidades. Pero por sobre todo, de los animales aprendemos que el amor incondicional existe, que la lealtad existe y que una relación auténtica es para toda la vida.

De los animales no podemos esperar maldad, interés ni egoísmo. Nosotros podemos fallarles a los animales porque solemos ser con ellos como somos con nuestros congéneres pero ellos jamás lo harán con nosotros. Y como yo tengo una perspectiva muy idealizada del ser humano, represento los valores que quisiera para nosotros con animales. Hasta de los temas más terribles tengo una visión positiva y optimista, visión que en la vida real se da de bruces con la realidad. Pero el arte pretende expresar sentimientos, ideales, crear conciencia… así que no es que me proponga construir mis mensajes con ellos, simplemente brotan de mí. Y lo siento como un reconocimiento a ellos. Si lo miras con detenimiento, los dramas más horrendos que padece la humanidad, los padecen los animales, ya sea porque los tenemos viviendo con nosotros y también mueren de hambre, en atentados, inundaciones o en balsas o en las guerras… y los que están en sus medios naturales también son víctimas de la crueldad humana, ya sea porque les destruimos su hábitat o porque los cazamos sin piedad.

Los animales son tan maravillosos que a ellos también les debo el haber encontrado mi camino para expresar lo que siento o intento expresar.

El uso del vidrio y el metal te hace volver a los orígenes, máximo cuando tus motivos son figurativos. ¿No te llama el arte conceptual y abstracto, que cada vez se pone “de moda”?

Honestamente, creo que el Arte es abstracto; el arte es siempre una representación, más o menos apegada a la imagen real de lo representado. No hay arte sin abstracción, siempre es una elaboración intelectual y emocional a la vez. En mi caso, el arte “abstracto” no me sirve como lenguaje expresivo, no veo cómo representar el drama de un campo de concentración o el drama de los refugiados, cualesquiera sean ellos, si no es con elementos “figurativos” de alto valor simbólico. Y no se trata solo de cómo uno use ese lenguaje para expresar; creo que es fundamental que obras que tienen un fuerte compromiso social, sean “accesibles” a la lectura de los “espectadores”; si no, podemos hacer “objetos” más o menos bonitos (el gusto es siempre relativo) pero no estaremos haciendo aquello que yo entiendo que es arte. Lo demás, por cierto, siempre respetable, si no permite el diálogo con el espectador y no le moviliza sentimientos, y solo le despierta una apreciación estética, es “arte decorativo”, al que yo le huyo siempre. Me cuesta mucho hacer objetos utilitarios, me cuesta horrores, en ellos vuelco técnica y diseño pero no expresión; por eso sé que ese no es mi camino aunque desde el punto de vista económico, claro que debería optar por ese lado.

Tu obra está a medio camino entre la edición literaria y el activismo por los DDHH. ¿Qué haces para combinar esto?

Llegué al mundo de la edición porque siempre fui una fanática lectora y la devoción por los libros y el culto al “objeto” libro me llevaron a cursar un posgrado de edición y trabajar muchos años en importantísimas editoriales. No hay trabajos más gratos que aquellos que nos permiten disfrutar con lo que hacemos, y ese era mi caso.

La lectura es un disparador fundamental en la creación artística, nada como leer para despertar nuestra imaginación. Lo mismo le pasa a un escritor que jamás puede dejar de leer la obra de otros para enriquecer su propia producción. Lo que en el mundo intelectual se conoce como “intertextualidad”, también existe en el mundo de la plástica; somos producto hasta de la memoria genética de nuestra especie. En cada artista hay un germen de los que pintaron las cuevas de Altamira, de las expresiones artísticas de todos los pueblos del mundo, y más recientemente, de artistas individuales. Todos, a lo largo de la historia tuvimos las mismas necesidades de expresar, de pedir, de agradecer; comenzamos en las paredes de las cuevas, continuamos hoy con infinidad de técnicas y materiales, pero la necesidad humana fue, es y será la misma.

En mi caso, por múltiples razones y experiencias personales, mi necesidad expresiva se decantó por el tema de los derechos humanos, de la dignidad humana. Pero no se redujo a ello sino que se retroalimentó con un fuerte compromiso con ello y eso es lo que llevo años haciendo, no sin dificultades, sacrificios, injusticias e incomprensiones. Pero, consciente de estar en el lado justo de la Historia, he resistido todo, no sin dolor, pero he resistido todo.

Siempre pensé que mi lugar era de privilegio, por estar luchando por los que necesitan ayuda y no ser quién la necesitaba. Así que cada vez que creí quebrarme, pensé en los que me necesitaban, y la conclusión era siempre la misma: si hay quienes soportan lo insoportable y a ellos debo mi compromiso, ¿cómo yo puedo no soportar afrentas, insultos y amenazas? Cada vez que sentía que no podía más, pensaba en la realidad de los que enfrentan prisión, tortura, persecución y falta total de libertad y garantías. Y salía crecida de cada episodio desagradable, y curiosamente, de cada momento de esos, surgieron mis mejores obras.

Me siento privilegiada de poder hacer arte comprometido pero más aún de acompañarlo con un compromiso real con las víctimas de lo que denuncio. Mi única pena es no poder hacer más; estos años de lucha me hicieron también tomar conciencia de lo limitados que somos por más que nuestro empeño sea infinito. Pero como dice el Talmud: “quien salva una vida, salva a la humanidad”. Y ese es el principio rector de mi vida. En el caso de Ángel Santiesteban, también ayudo a que la humanidad siga teniendo a un excelente escritor, que de tan comprometido con su arte, lo pagó con su libertad, y peor aún, pudo pagarlo con su vida. Cuidando a Ángel, cuido a un ser humano y a un gran artista.

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