La patada de Castro y el aplauso de las ovejas

Una Dama de Blanco es cargada en peso en La Habana por mujeres oficiales del Ministerio del Interior. Foto tomada del portal Cubanet.

Una Dama de Blanco es cargada en peso en La Habana por mujeres oficiales del Ministerio del Interior. Foto tomada del portal Cubanet.

No bien han acabado de dar un bofetón y ya están dando el otro. La máquina de escupir insultos del régimen castrista se dispara de semana en semana.

Arrestos arbitrarios, mítines de repudio y golpizas milimetradas desde los edificios del Ministerio del Interior (MININT) en cada provincia. Ese arsenal de hostigamiento cuenta con la alharaca de las ovejas gritonas que no se atreven a mirar cuánto les queda de pasto en el reino verdeolivo, antes de irse de Cuba.

La mañana de este lunes 2 de mayo fue así: el cubano Daniel Llorente desafió a la turba partidista y les dijo hipócritas en la cara. Los argumentos del joven negro se enfilaron en que el día antes habían gritado consignas antiimperialistas y esa mañana recibían con algazara el primer crucero desde Miami en 56 años de encierro. Luego de una discusión en que una fidelista le hacía gestos para que se mirara el color de la piel, vino la policía y cargó con él.

Nadie se inmutó.

Los juristas cubanos discuten cada año los cuadritos de cada planilla en la mar de la burocracia, cada coma en los párrafos más fútiles y terminan ratificando a Fidel Castro como el mejor exponente de la abogacía cubana. Antes de los mojitos y croquetas de jamón son incapaces de discutir sobre la aberración legal más sonora sobre las que estrujan sus títulos universitarios: la Ley de Peligrosidad Pre Delictiva, una herramienta que ha llevado a miles de jóvenes cubanos a la cárcel hasta por mirar atravesado a un policía.

La prensa castrista es un agujero negro por el que se ha ido la historia del país. La infamia ha tocado a sus puertas y ha preferido narrar la migración de las mariposas en el Valle de Viñales. Jamás los escribidores de los libelos oficialistas han increpado a un oficial del Orden Interior de una prisión o han querido investigar una paliza propinada por las temidas Tropas Especiales del MININT.

Cuando agentes de civil embutían al joven Llorente en el auto patrullero para que no aguara la fiesta del crucero Adonia que entraba a Cuba este lunes, fue la voz de una mujer joven la que se escuchó por encima del bochorno nacional: “¡Tíralo al agua!”. Y La Habana estalló en aplausos.

El país va despacio hacia atrás, hace casi sesenta años, pero los muchachos quieren reguetón y una manguera de dinero para mantener el WiFi, y nadie los va a distraer.

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