Dos náufragos contra la opresión castrista

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La cubana Mayda Saborit, pintora y coautora del libro “Náufragos de la libertad”, junto a un cuadro del procer Jose Marti.

Por mucho que lo intente un régimen, sus agravios no pueden abolir la memoria de los ofendidos. Por eso la pareja de cubanos de Liuver y Mayda Saborit atravesaron la mar de dificultades y escribieron un libro de testimonios. En él relatan cómo intentaron escapar de Cuba, asilarse en la República Checa y lo que vino después: Náufragos de la isla de la libertad, eso, una tabla de salvación para quienes nunca han aceptado el cepo y el látigo sobre su piel a manera de conseguir unos pocos beneficios.

Esta “novela-testimonio” cuenta con una breve introducción del ex presidente checo Vaclav Havel, que data del año 2009 donde habla de la persecución a los opositores cubanos, la pérdida de la libertad y la manera en que conoció a los autores en medio de los trámites por ser aceptados como asilados en Europa.

La narración inicia con una impronta que le será difícil olvidar a decenas de familias cubanas. La Primavera Negra de 2003 intentó arrancar de raíz a 75 voces disidentes para que callaran sus verdades, pero fue un vuelco inesperado por Fidel Castro, el mundo entero reclamó por aquella oleada represiva.

En ese periodo Mayda y Liuver consiguieron una invitación a la República Checa, lucharon a más no poder por recibir asilo, y ante la negativa, al poco tiempo se vieron obligados a regresar. Ya en La Habana son delatados por un “compañero” de trabajo en la Televisión Cubana, que explica a sus superiores que la pareja no fue por invitación de trabajo alguna, sino con la intención de quedarse de manera definitiva. Son expulsados y se ven abocados a miles de maromas para sobrevivir, hasta que logran salir nuevamente del país.

¿Parece una novela de ficción? No lo es.

El régimen cubano retuvo por más de un año a los hijos de este matrimonio, sin que pudieran tenerlos con ellos al otro lado del Atlántico. Esa odisea, los marcaría para siempre. Cuando en 2006 lograron partir hacia los Estados Unidos dejaban atrás las duras jornadas de frío en Praga y Brno. Los conflictos del emigrante y las trabas burocráticas, propias del mundo moderno, la xenofobia, y la nostalgia por los que quedan atras. La marca del exiliado.

Esta es una versión al español que ha hecho la propia Mayda, que desde su casa en Tennessee me cuenta de su otra pasión: la pintura. La que le  ha permitido exponer en varias ocasiones e intercambiar con sus colegas “de otros mundos”. Está al teléfono y me permite saludar a Liuver, atareado en sus quehaceres como miembro del Ejército de Estados Unidos, por medio del cual ya fueron a vivir tres años a Corea del Sur y estuvieron en Miami.

“Enseño pintura a niños aquí, les doy clases y atiendo también mi trabajo para las exposiciones”, explica. Mayda habla como quien ha regresado de un largo viaje sin olvidar nada. El libro está dedicado sus hijos, a sus familiares que han ido muriendo de a poco sin volver a verlos. A los presos de conciencia y a las familias que han sido separadas por tomar el camino del exilio.

Pinta y escribe sin descansar. La tarde en que entablo esta conversación, Mayda Saborit me habla de su nuevo empeño: ha traducido el libro al inglés “para que los americanos sepan de verdad lo que pasa en Cuba”. Lo dice con firmeza, pero con una voz delicada, como una mujer que sigue tejiendo un sueño a la distancia.

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