Miami: Así es el día de un corredor de fondo

Miami, ciudad húmeda y donde la lluvia te asalta sin avisos.

Miami, ciudad húmeda y donde la lluvia te asalta sin avisos.

Varios amigos maratonistas  me han pedido que describa cuál puede ser mi rutina de ‘runner’.

Soy un corredor aficionado, retomé mi pasión por correr después de los 40 años, al llegar a Miami. El clima, la tranquilidad del suburbio en que vivo y el propio desafío humano me enrolaron en esta pasión que ya no puedo dejar. Este domingo se va a correr la Marathon de Nueva York, la más popular y numerosa del planeta. En Miami se va a correr una poco conocida, la de iRun Company, de solo 5k/10k. yo corro en el segundo tramo. Los 10 kilómetros son rápidos y agotadores, debido a la corta distancia y la presión que hay que poner en el paso. Así que mientras las grandes cadenas estén poniendo los ojos en la Ciudad de Nueva York, nosotros estaremos corriendo al lado de Biscayne Boulevard y la 50 calle del NW de Miami.

Tengo 46 años, soy periodista multimedia, hago un show de radio y escribo artículos para la web, también impulso los trabajos de mi equipo en las redes sociales. Igualmente debo compartir mi escaso tiempo con la Literatura: un poeta que ha aún no ha parado de escribir. Como tengo un trabajo de 8 horas, dos hijos, esposa y amigos, mi vida suele ser un apretujón de minutos, veamos cómo es una jornada regular en la que tengo que hacer una larga distancia.

Amanecer en la Ciudad del Sol

Me despierto a las 4:20 am. Bebo té negro, de Ceylán, -con alguna crema para reducir la acidez de la cafeína- y como rodajas de pan con pasta de maní. A veces lo alterno y solo es un tazón -extra largo- de café cubano bien puro, amargo, con poca azúcar. Reviso la prensa habitual que me interesa: asuntos cubanos, literatura mundial, cine o teatro y cosas humorísticas que me permitan arrancar bien y limpio. Cuando creo que la cafeína va haciendo el efecto necesario, hago 15 minutos de calentamientos lentos y bien precisos –es lo mejor para evitar una lesión que te saque del juego o te hunda ante la carestía de los servicios de Salud.

Run, run, run

Corro entre 12 0 13 kilómetros, y los reparto yendo despacio los primeros 12 o 15 minutos del trayecto. Escojo siempre un tramo rectoinicial. Después de los primeros 5 kilómetros Coral Way se hace más transitable. Luego que le tomas el pulso, el pavimento es tu mejor aliado. Suelo correr con elementos fosforescentes, como guarderas, pulsos o una camiseta que les permita ver a los choferes alocados de Miami que por la acera va gente a una velocidad distinta a sus Cadillac o Toyota.

Luego de un 5k, en Miami.

Luego de un 5k, en Miami.

Recuperar

Termino sobre las 6:00 am. Lo primero es volver a hacer estiramientos finales, parte por parte, el cuerpo siempre lo agradece. Nunca menos de 15 minutos. Y de ahí voy directo a una ducha helada, lo más fría que pueda. Vuelvo a la cocina donde no me puede faltar una taza de té verde con jengibre en polvo o un pedazo de su raíz fresca. Esto me permite levantar el ánimo por las primeras tres horas: comprobado, no falla. Lo que viene es una locura: mi esposa se encarga de nuestra hija Brenda (7) y yo de Malcom (13). Yo preparo el desayuno del chico y ellas se van a lo suyo entre pequeños rollos y pujas contra el tiempo. Leo por 15 minutos mientras él desayuna y me hace preguntas de los resultados del deporte de la noche anterior (béisbol, básquet…), y me voy a la emisora radial. Allí es donde me como dos plátano o cualquier fruta, o tostadas con mantequilla. Trabajo 8 horas haciendo o recibiendo llamadas hacia (y desde Cuba): golpizas a activistas de derechos humanos, expulsión de centros de trabajo, actividades de la sociedad civil independiente, entrevistas a escritores y artistas cubanos regados por el mundo, postear en Facebook y Twitter todo lo que produzcamos en Radio Martí, Tv Martí y Martinoticias.com, y producir y conducir un programa radial de 22 minutos… sin cortes comerciales.

Mitad atleta, mitad padre

Llego sobre las 4:40 pm a casa, como un bocado frío y llevo a mi hijo Malcom a sus prácticas de Béisbol en The Giants, at Tamiami Park. Mientras él se prepara para el entrenamiento o partido del día, yo vuelvo a las rutinas del ‘core’. Hago planchas o abdominales, estiramientos para alcanzar mejor elasticidad. Nunca paso de los 40 minutos en esto. Me siento junto a los demás padres, y alterno mi estancia conversando, leyendo ficción o dedicándome a ver el partido de los chicos.

Malcom en una sesión de entrenamiento de pitcheo con el exestelar lanzador cubano Alay Soler.

Malcom en una sesión de entrenamiento de pitcheo con el exestelar lanzador cubano Alay Soler.

Conteo final

Solemos regresar sobre las 8:00 pm, o un poco antes. Entonces me dedico a cocinar, que es mi otro ‘hobbie’ preferido. Preparo algún plato para dejar algo para el almuerzo siguiente. Esas dos horas que siguen son un enjambre, un aquelarre entre darle cariñitos a Brenda, obligar al chico a que se meta en la ducha y conversar un poco con Exilda, beber ‘algo’ para aliviar el peso del día, en fin. Termino con baño y todo sobre las 10:00 pm y escojo entre ver lo que resta de un partido de béisbol, una película o algunas decenas de páginas de un (buen) libro… o cerrar los ojos, y hundirme en el sueño.

Esta nota me la pidieron colegas corredores desde Madrid y México, para una antología que están por publicar, espero les sirva de algo a todos. Decídanse, correr es de las actividades sociales (o individuales) que he probado.

Ru, run, run.

Ru, run, run.

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