¿Por qué hacer en Cuba un periodismo de barricada?

Las respuestas es sencilla:  Porque somos un país en guerra mediática contra los ciudadanos hace casi seis décadas.

Hablar de los brotes verdes de la felicidad, en medio de las penurias y el acoso policial, es poco menos que hacer las veces del avestruz. Las dictaduras no creen en esas pinceladas, las usan a sus anchas.

Al periodismo oficialista que dirige los oídos y los ojos de la gente le salió hace rato un contrincante. Es el periodismo independiente, que se autodenomina libre, pero ha tenido que sufrir el hostigamiento del Estado, la cárcel y el exilio.

En la última fecha han aparecido los periodistas “alternativos”, que vienen del oficialismo o acaso lo esquivaron con algunas piruetas, y han dicho a voz en cuello que prefieren narrar, describir el país, hacer investigaciones antes que sumarse a la “barricada”.

Por cierto, ahora este apelativo-barricada-se suma a los improperios anteriores: “mercenarios”, “al servicio de una potencia extranjera”, “vendepatria” y otros.

Cuando escribo estas notas ya han condenado a dos años de cárcel al activista de derechos humanos Alexander Verdecia, un joven que vive a setecientos kilómetros de La Habana y ha sido acusado de poner carteles contra Raúl Castro en la localidad de Río Cauto.

En el antiguo Central Miranda, una desvencijada fábrica de azúcar de principios del siglo XX, vive Ariadna Álvarez Rensoler. Ella protestó hace un mes en favor de una mujer de su familia que a su vez hacía una huelga de hambre. Dos semanas después la citaron a un juzgado local en el municipio “J.A. Mella”, de Santiago de Cuba y le impusieron 6 meses de prisión domiciliaria.

La escena es esta: Ariadna tiene 4 meses de embarazo cuando la fiscal -una mujer igual que ella- lee apurada una sentencia escrita en un idioma casi policial. “No me dejaron buscar un abogado. No me pusieron uno siquiera de oficio”, me dijo en una conversación por teléfono.

En Palma Soriano, también en Santiago de Cuba, la policía puso entre rejas a los hermanos Geordanis y Adael Muñoz Guerrero, los acusan de lo mismo, pero los han llevado a prisión. Los condenaron ya a 1 año y a seis meses de cárcel respectivamente. Fue un juicio sumario. No les avisaron a sus familiares. No hubo ninguna garantía procesal.

Al joven católico Juannier Rodríguez lo esposaron a la espalda, le allanaron la vivienda y lo llevaron a cuatro cuarteles policiales por tres días. Rodríguez distribuía unas canastas de ayuda humanitaria para los damnificados por el huracán Matthew en su natal Baracoa, estaba ayudando a las monjitas de la orden Hermanas de la Caridad. Desde Guantánamo se lo llevaron muy lejos. Lo dejaron al pairo en las inmediaciones de Santiago de Cuba, a las diez de la noche, para que regresara por sus propios medios.

Dagoberto Valdés Hernández, un laico inquieto y sin pelos en la lengua ha sido citado dos veces a estaciones policiales en Pinar del Río, en menos de un mes.

Valdés dirige el Centro de Estudios Convivencia. Una suerte de casa para aprender a ser libres y soberanos, y eso en Cuba ya es un delito grave. Le dejaron dos citaciones policiales y las dos veces el católico y activista por los derechos humanos las publicó en su cuenta de Facebook.

La segunda vez lo amenazaron de forma directa. “A partir de ahora tu vida va a ser más difícil”, le dijo un funcionario de la policía política con rango de primer oficial. Valdés no puede defenderse, no tiene a dónde acudir con la certeza de que lo van a defender a él y no a quienes lo amenazan.

Estas acciones la realizan unos hombres vestidos de paisano, poseen carné de oficiales de la Seguridad del Estado y en la mayoría de las ocasiones se hacen acompañar de policías uniformados.

La gente no dice nada, se encoge de hombros como si algo malo hiciera la víctima, por no estarse quieto, por no bajar la cabeza, por no sonreír cuando el garrote se hunde en el cuerpo del golpeado.

Al que describe estos horrores se le llama periodista de barricada, o amarillista, y en la totalidad de los casos se le acusa de “hacerle el juego al enemigo”.

¿Por qué no hacer un periodismo que haga preguntas al victimario? Las instituciones tienen una mordaza de cincuenta y siete años de revolución verdeolivo y sus dirigentes nunca dan la cara si no es para apañar a los violadores.

¿Por qué no hacer un periodismo de barricada?

Un pensamiento en “¿Por qué hacer en Cuba un periodismo de barricada?

  1. Mi solidaridad con todas las víctimas de la dictadura más cruel y represiva que jamás imaginamos podría doblegar a nuestro oprimido pueblo.
    Con cuanto dolor y luto, atónitos y silenciados hemos visto cernirse sobre los cubanos la mas abyecta de las traiciones de aquellos que prometieron que nunca más una madre iba a llorar por un hijo muerto o encarcelado injustamente y que la libertad y la democracia secuestrada por la otrora dictadura era el fin últimos de la Revolución
    Se que morirá el dictador y su vil pandilla sin recibir el castigo que merecen en vida, pero el mundo si verá y oira el testimonio de un pueblo ultrajado y abandonado al que casi todo el mundo le dio la espalda y se puso del lado de los victimarios

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