Los artefactos de la ficción

He descubierto una máquina de escupir palabras y se llama Julián Herbert. No hay diario mexicano que pueda descubrir (describir) mejor lo que pasa en el país que la sierra cortadora de ideas que es JHerbert. Ningún informe de la DEA va a dejar una huella así de perdurable como un relato de Herbert. Una pareja de adolescentes recién casados que descubre el peso de la droga en la familia, un joven que aprende cómo devolver una ‘papeleta’ para esnifar El Mal, los amores torcidos y las trampas del vicio se juntan en un libro llamado Cocaína(Manual de usuario). DeBolsillo, España, 2009. Lo descubro tarde, como me sucede a menudo con las mejores cosas (desde hace 46 años). Herbert te destroza el poco arsenal teórico que te quedaba. Nada remedia ya esta locura de leer a destiempo, cuando los libros llevan ya demasiados meses (años) en un anaquel y en nada ayudas al autor. Son los caminos sinuosos de la lectura, que muy pocas veces tienen una relación directa con esa entelequia que llaman Literatura y que equivocadamente trata de entronizar todo -por encima de las sensaciones. Lo repito aquí, para no ostentar ninguna pulcritud o síntesis venida al caso: Julián Herbert es una máquina de escupir palabras.

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