Rafael Alcides ‘in continuum’

Rafael Alcides, poeta, periodista y novelista cubano, fallecido el 19 de junio de 2018 en La Habana, Cuba. (Web screen shot).

Rafael Alcides, poeta, periodista y novelista cubano, fallecido el 19 de junio de 2018 en La Habana, Cuba. (Web screen shot).

Solo ha pasado un mes de la muerte física del poeta cubano Rafael Alcides y ya un grupo de amigos nos vimos en la sombra confusa de los abrazos para hablar de él desde Miami… para Cuba y el mundo.

El IX Festival Vista, bajo el empuje de los incansables Armando Añel e Idabell Rosales me invitaron a que coordinara una ronda conversatoria sobre el Alcides escritor. Yo hablé del niño Alcides que se fue a pie por los caminos de Barrancas y fue a dar a La Habana.

La noche del sábado hablé del Alcides incendiario que hubiera quemado otra vez Bayamo para sentarse a llorar sobre sus cenizas -me hubiera gustado que me invitara a estar con él.

Menos mal que no estuve solo.

Nos acompañaron en una sala repleta y hacia la que entraban los ruidos conversacionales del exterior, las voces de los que iban a discursar luego, a leer poesía o presentar libros y proyectos. Así es Vista.

Estuvieron allí -están aquí- la viuda de Alcides, su siempre novia la bloguera y periodista independiente Regina Coyula, autora del blog Mala Letra. Y de seguidas un tren de poetas y pulsores de buena poesía: Félix Luis Viera, poeta, narrador y periodista; el expreso político Manuel Vázquez Portal, autor de varios libros de poemas y dueño de una prosa periodística que lo llevó a una condena de 18 años de cárcel en la Primavera Negra de 2003; y el escritor de guiones radiales y televisivos -primero poeta- Ramón Fernández-Larrea.

Todos querían leer “Agradecido como un perro”, yo pensé que todos querrían leer “Carta a mi hijo Rubén” y no lo imprimí para decirlo allí.

Alcides es un escapado de la llamada Generación de los años 50, su coloquialismo desdibujado en otras estancias lo hizo un bicho raro que se quedó fuera de varias catalogaciones y pudo haber sido su salvación… poéticamente hablando, lo fue.

Hablamos de los dos silencios de Alcides y su compromiso con los lectores. Del primer silencio de 16 años y unos meses -impuesto por las autoridades de la política cultural de la revolución cubana- salió para publicar poemas que quería salvar de cualquier catástrofe y apareció ese talismán tan mal entendido que es “Agradecido como un perro” (1983); diez años más tarde se aparece con un libro tan postmoderno, guajiro y universal como “Nadie” (1993), hasta que se hunde nuevamente en la noche habanera de sus obsesiones… el sielncio.

El poema más discutido y citado de este sábado fue “En el entierro del hombre común”, dedicado al poeta Raúl Luis.

“Cuando un entierro con dos máquinas solas/ pasa y nadie se fija, yo tiemblo, me estremezco,/ palpito; siento miedo de ser un hombre”.

Este fue el pasaje más citado (Larrea, Vázquez, Viera -Regina asiente y se seca las lágrimas).

Alcides con “En el entierro…” habría saltado las talanqueras de la generación y la banda progre coloquialista… lo hizo al parecer. Ellos (Larrea, Vázquez, Viera) lo conocieron, lo leyeron al salir de los hornos y le hicieron las preguntas que yo no pude.

Foto de Exilda Arjona Plamer.

Foto de Exilda Arjona Plamer.

Hubo varias anécdotas, iniciadas por una en que mi torpeza me llevó a contestarle públicamente cuando escribió una diatriba en lenguaje irónico-alcidiano a favor del entonces escritor encarcelado Ángel Santiesteban-Prats y yo pensé que era lo contrario.

Me moría de vergüenza y en cartas cruzadas y llamadas telefónicas Alcides me pidió que dejara de mencionarle aquel entuerto. En algún momento dijo que yo era “un niño malo” -ahora quiero pensar que también era una ironía, vaya Dios a saber.

Larrea lo vio gozar de la poesía en un encuentro con Manuel Díaz Martinez en Las Palmas de Gan Canaria. Era un patio, un terreno techado de estrellas, creo.

Vázquez Portal aceptó que nunca lo contradijo mucho, no solo por el “vozarrón de montero que arrea ganado” y lo imaginaba diciendo “Daaale Marréeee”, “Arriiiiba Retamarrrrrr”. Lo confesó, no le señaló un pleonasmo porque -entre otras cosas- “Alcides había sido boxeador”.

Félix Luis leyó fragmentos de las veces en que en Cubaecuentro lo defendió a capa y espada – a Alcides-, y le enviaba abrazos.

Hubo risas y conversaciones altisonantes final del salón, justificadas por el asombro de que -en medio de la noche de los ‘Mayamis’ empezáramos hablando de Barrancas y el niño descalzo que fue Rafael Alcides– alguien citara unos versos y algo como una tormenta suave atravesara la sala.

Regina no paró de secarse las lágrimas y llorar… y reír por encontrarse con Alcides en Miami.

Un pensamiento en “Rafael Alcides ‘in continuum’

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