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Orlando Zapata Tamayo un negro cubano que muere poco a poco

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La añeja sentencia de que la mentira siempre se vuelve como una bandera contra quien la profesa se cumple y esta vez no es a favor del actual régimen cubano.
El ardid de que el estado revolucionario de Fidel Castro terminó con las prácticas racistas se desmorona ante el caso de Orlando Zapata Tamayo un preso político cubano de la sonada Causa de los 75. Zapata fue condenado a 25 años y de los siete que lleva de encierro ha sido juzgado sumariamente en varias ocasiones por lo que su causa conjunta llegó a sumar cuarenta y siete años.
Ahora las autoridades de conjunto y en contubernio con los tribunales y la Fiscalía General de la República han hecho una nueva sentencia que lo deja en 25 años otra vez, pero sin contarle los siete que ha cumplido ya, razón entre otras, por las que hoy se encuentra en huelga de hambre y prácticamente muriendo en una sala del hospital Amalia Simoni de Camaguey.
Pero, ¿quien es Zapata, por qué ha atravesado tanto suplicio, a qué se deben tantos castigos?
Zapata Tamayo es un negro cubano y opositor de primera línea a la dictadura castrista razones bastante claras para ser castigado. Integrante del ilegal Movimiento Alternativa Republicana su labor se centró en tomar las calles y explicar persona a persona en qué consistían las atrocidades de la junta militar cubana contra su pueblo. Pero para el gobierno cubano toda persona negra, supuestamente, debe pleitesía a Fidel Castro ‘libertador de la raza negra, y el amo bueno que vino a liberarnos a nosotros los negros’ y esa fue precisamente una lección que Zapata no quiso agarrar.
Desde su encierro ha protagonizado enérgicas protestas de manera pacífica pero intolerables para el régimen carcelario por lo que ha sufrido golpizas, vejaciones, encierros prolongados en solitario y desde entonces ha estado sujeto a la máxima severidad carcelaria en su primera fase.
Antes de ser trasladado el 3 de diciembre del 2009 desde la cárcel provincial de Holguín hasta el régimen también especial en la prisión Kilo 8 en Camaguey fue objeto de una descomunal golpiza. Le contó a su madre en una breve visita semanas después del castigo, que lo esposaron y para derribarlo lo golpearon con una barra de hierro en la rodilla lugar donde lleva la huella aún. En el citado traslado lo despojaron de su ropa para el frío, los alimentos, los implementos para reservas de agua y otros utensilios. Luego lo arrojaron en una celda de castigo donde estuvo sin alimentarse hasta que hubo de ser llevado con urgencia al hospital cercano donde apenas alcanza a respirar.
En varias ocasiones cuando le han golpeado, los carceleros le gritan negro como si le escupieran una ofensa. Quieren rebajarlo pero sigue en pie orgulloso del color de su piel – ha dicho- y firme en sus ideas acerca de la verdadera justicia, la libertad y el respeto al derecho de todos los cubanos a vivir una vida diferente.

Alcohol, mandarria y literatura.

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Vivimos en un pueblecito olvidado del oriente de Cuba como San Germán, en la provincia Holguín y parece que “nadie se va a dar de cuenta”.
Suponga que eso habrán pensado los gerentes de CIMEX S.A, una corporación cubana que se dedica a vender cigarros, alcohol y pacotillas a los cubanos en todos los confines del archipiélago criollo.
Sucede que en este pueblecito fue levantada una construcción sintética justamente en el lugar donde antes funcionaba la única librería del pueblo, la que fue trasladada a un apretado espacio de 5 metros de largo por 3 de ancho, con los libros apilados y mojándose cuando llueve, y con la amenaza de cierre definitivo.
En ese estanquillo donde se venden las prohibitivas cervezas nacionales por un CUC o 1,20 $ dólar norteamericano y las sabrosuras sin igual del helado Bim Bom (igual de prohibitivas) una vez se vendieron las ediciones de “Cecilia Valdés” o la de “Los hermanos Karamazov” por el irrisorio precio de medio peso en moneda nacional (la única que circulaba).
Casi una cuadra más adelante en mi diminuto San German se yergue una lustrosa y acristalada cafetería con ventas exclusivamente en divisas (Carpentier, perdóneme los ripios del idioma). Allí se vendía hace tres años un café casi imposible de tragar, a veinte centavos la tacita, pero consuelo al fin del desclasado. Ese era el ‘engaño’ de un centenar de trabajadores de la fábrica de azúcar de caña, viajeros madrugones y gente sin sueño de ningún tipo.
Un día vinieron, martillo, cemento y baldosas en mano y montaron un negocio para vender pizzas y espaguetis preelaborados en un horno de micro-wave, maltas, caramelos y leche condensada.
Los directivos de CIMEX, S.A son hace dos décadas la vanguardia afortunada de la rebatiña que está asomándose a la casa de todos los cubanos, Cuba.
Paradores para la media noche, boutiques, relojerías de lujo y discotecas en los riscos de las playas ya han sido ocupados por esta (por ahora) exitosa empresa constructora e inversionista comercial.
Como hace cincuenta años, cuando pretendieron convertir los cuarteles en escuelas, hoy pasa la avanzada totalizadora, aprovechando cada espacio para ponerse a tono con los tiempos.
Contra la vieja costumbre de comprar un libro e irse a casa, los cerebros pensantes de las nuevas empresas mixtas han impuesto, donde antes funcionó una librería, este andamio mitad metal, mitad plástico que levantaron ante los ojos ciudadanos como ofensa pública.

La tea incendiaria.

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Como lo hicieran nuestros patricios de la independencia frente el ejército español en el siglo XIX, jóvenes del oriente de la isla han comenzado a quemar la constitución de la República de Cuba en lugares públicos.
Algunos como Néstor y Rolando Rodríguez Lobaina, Yordi García Fournier y Jorge Corrales Ceballos lo hicieron a comienzos de enero en el parque central de Baracoa y cuando fueron interrogados por la Gestapo criolla le contestaron que si un documento tan importante como es la constitución de un país sólo sirve para amparar a los victimarios y no a las víctimas, si es escudo y refugio para encarcelar a los ciudadanos sin defensa posible, si amparada en ella el gobierno decide quien sale o entra del país, cuando y cómo lo hace, entonces de nada sirve y debe ser destruida, por lo menos, físicamente.
Ya se hizo en Banes y Palma Soriano y la tea incendiaria continuará al parecer como parte de los métodos que se usan aquí para mostrar la resistencia cívica y la desobediencia civil.
Quemar o enterrar simbólicamente la Constitución de Cuba, destruirla delante de instituciones oficiales se va haciendo común para los funcionarios públicos que observan impávidos la acción.
Hay amarras que se van soltando de a poco.

Jóvenes por siempre libertarios.

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Me impresionaron las fotos de los muchachos imberbes lanzando piedras a los carros cisternas de la policía en mayo del 68, se me alumbró el amor pero el pecho lo tuve como un nudo años después cuando pude ver imágenes de la masacre contra los estudiantes en el Tiananmen y en esta lista podría anotar muchas imágenes más.
Como siempre tendré el recuerdo de las fotos de José Antonio Echeverría tendido en un charco de sangre en la calle 27 aledaña a la Universidad de la Habana en marzo de 1957 o las notas escuchadas por radios extranjeras donde hablaban hace apenas unos meses de la muerte de la iraní de 19 años Neda Agha Soltani.
Los pájaros volanderos de la era digital me twittearon ayer 280 caracteres donde supe de los nuevos atropellos de la policía chavista contra los estudiantes venezolanos que se manifestaron en desacuerdo por el cierre de RCTV Internacional una de las voces disidentes contra el petro-comunismo ramplón del ALBA .
El encarcelamiento de jóvenes en Guantánamo, la golpiza de fin de año contra los plantados en Holguín y las deportaciones diarias de jóvenes anónimos desde la capital cubana hacia el oriente del país son parte de la hoguera que la vejeztocracia de la junta militar gobernante preparan contra ellos mismos.
Una mar de jóvenes siempre será indetenible. Be careful.

Urbis sana

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Un refrán cubano dice: “Candil de la calle y oscuridad de la casa”. Lo traigo a palabreo porque hace años el pueblo donde vivo fue despojado del tanque-cisterna que recoge los desechos humanos y los lleva a Holguín, capital provincial.
Tres años después, seguimos careciendo del necesario servicio de desatragantar las fosas, no hay un solo carro para la basura, nunca tuvimos alcantarillado y los trabajadores de servicios comunales mal se las arreglan para sacar el polvo y churre que todos los días nos consume un poco más.
La inopia sale a la puerta de la casa cuando de sanidad pública se trata.
Cada día la TV nacional deja caer estrepitosos reportajes sobre la labor de los epidemiólogos cubanos en países latinoamericanos y vuelve la espalda al estercolero municipal en que se han convertido los pequeños pueblos del interior del país.
Sin guantes, tapabocas, ni botas altas, los recogedores de basura se enfrentan igual que nosotros a la más amenazante pandemia, la que sale de nuestras propias casas y se queda semanas a la intemperie.
La televisión, esa caja de ensueños, siempre tendrá algo que ponernos ante la magra ración diaria. Ahora, el semanario provincial de Holguín, hierve en optimismo por el año que se ha ido y el rosario de victorias recetadas desde el Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba.
Así como están, pútridas, desconchadas y roñosas, las calles, ¿quién lo duda?, son de los revolucionarios.
Faltaba más!

El Haití que yo conocí.

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Licofén, Yebá, Margarito, Ño Antonio y Buba. Eran haitianos, habían venido a San Germán, Contramaestre y Marcané para cortar caña, recolectar café y hacer todo lo que les ofreciera tres pesos cubanos para comer.
Desde entonces conozco a sus hijos y nietos, gente tan buena que solo piensa en trabajar, en amar la vida como Dios manda. Ellos, los jamaicanos y los chinos son de los inmigrantes que más se conocen en Cuba por su decisión para trabajar en lo que sea, su meta es llegar a casa por la tarde con un bocado de comida para los suyos.
Fabricantes de cestas, sombreros y respaldares de muebles. Cortadores de hierbas, criadores de animales y cultivadores de viandas y hortalizas; de sus manos han salido manjares tan ricos como coquitos almibarados, los caldos más nutritivos y un delicioso licor a base de miel de abeja, jugo de caña y alcohol.
Ahora que la tierra se ha partido como una confitura bajo la vida de los haitianos, aquí mismo en el oriente de Cuba, sus descendientes miran con horror hacia sus desdichadas raíces.
En estos días, cuando los tambores del Bembé resuenen para cantarle a Papá Legbá, los engunes (difuntos) estarán clamando para que la vida vuelva a la tierra.

El ciudadano medio en Cuba.

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Los mercados de Holguín permanecen desabastecidos pese a algunos anuncios hechos por el gobierno en el último trimestre del año 2009 acerca de buscar alternativas para que la población tenga acceso a alimentos variados. A sólo dos semanas de inaugurarse en San Germán el nuevo mercado “La ideal” (vaya ironía de nombre) los anaqueles donde debían estar situados los productos de oferta, están vacíos.
Cuando ese local abrió ofreció diversos alimentos pero el estupor en la población no lo causó la variada oferta que hizo en su fase inicial, si no, lo poco de cada especie y el precio tan elevado. Sólo pudieron comprar los residentes del lugar que por las vías de ‘ayudas familiares’ recibieron remesas para celebrar la Navidad. Los des-familiarizados se conformaron regresar a casa con las manos vacías.
Hasta lo que va de enero “La ideal” sólo exhibe refrescos instantáneos y algo que llaman en Cuba sub-productos cárnicos. Algunos residentes de San Germán opinan que esa jugada es más de lo mismo como ocurre en otras provincias donde han trasladado productos alimenticios de la reserva o del mercado en divisas para surtir los mercados en momentos que se celebran fechas importantes y se requiere de la alegría popular pero que pasadas las semanas vuelven a lo que eran antes.

En el conocido mercado Garayalde ubicado en una céntrica calle holguinera los clientes esperan varias horas a que la red distribuidora del gobierno pase a dejar la poca mercancía que producen para la venta liberada a la población, pero ni así logran cubrir las demandas. El tumulto para comprar sobrepasa lo inimaginable, la cantidad de personas que se aglomeran entablan disputas y al final sólo unos pocos lograr comprar algún alimento.
Allí también se les ve regresar a las casas con los hombros caídos y la esperanza de poder al día siguiente llegar temprano y ‘marcar la cola’ entre los primeros para, si la red minorista vuelve a distribuir, poder comprar.
Pero si comer es un problema otro peor es vestirse. En los últimos meses las llamadas tiendas TRD y Cubalse hicieron una extraña fusión por orden ministerial y como es de suponer para impactar introdujeron algunas variaciones en los precios, sin embargo se observa estancamiento de productos, unos porque la calidad y el precio no son equivalentes, otros porque los precios son inalcanzables para el nivel de adquisición de un ‘cubano medio’. Muchos sacan cuentas para poderse vestir pero no logran comprender que para comer y vestirse uno debe convertirse en cientos de ‘cuidadano medio’ a la vez.

*cuidadano medio o cubano medio se llamo hace muchos años en Cuba al profesional que ya graduado trabajaba y obtenía al menos 350 pesos cubanos, que alcanzaba para llevar una vida holgada en la que un pan costaba diez céntimos y un litro de leche 25 centavos.