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Horrores de un fin de año.

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Cuando la Gestapo Cubana, se metió el 29 de diciembre en casa de Caridad Caballero Batista en Holguín no estaba más que confirmando la naturaleza represiva del régimen castrista.
Tuve que comprobar con mis propios ojos lo que ella me decía por teléfono.
Durante cinco días diez disidentes se plantaron en ese domicilio para protestar y solidarizarse con la huelga de hambre que Orlando Zapata Tamayo sostenía en la cárcel kilo 8 de Camaguey. Pero a la policía política de Holguín le molestó que dentro de una casa particular se reunieran personas que no piensan igual a ellos.
Con una barra de metal los militares partieron las verjas para entrar, rompieron la puerta a patadas y se llevaron a los plantados a base de golpes en la cabeza y en todo el cuerpo. Cuando los comandos de choque salieron de la casa aquello ofrecía un panorama dantesco. Una veintena de efectivos de verdeolivo revolcó las habitaciones, se robaron los libros escolares de su hijo Eric Sander menor de 16 edad y ahora no aparecen los cargadores eléctricos, el radio receptor, las baterías del equipo y otros enseres que Cari y su esposo Esteban suponen hayan sido sustraídos en el ‘ilegal registro domiciliario”.
Al llegar al cuartel de operaciones a Caridad la sentaron a empujones en una silla, le gritaron gorda como se le grita gusano a un disidente en Cuba.
Hablé con dos vecinos de la zona y me contaron que el G-2 fue diciendo por el barrio mientras estaban plantados que en esa casa estaba escondido un negro (se referían a Jorge Luis García Pérez, Antúnez, que había asesinado un niño; que Cari y su familia intentaron irse en una lancha y al fracasar regresaron y tenían al negro, otra vez Antúnez.
Durante cuatro días la calle 15 del reparto Hilda Torres estuvo cercada por patrullas del G-2. Cuando se llevaron a rastras a los pacíficos defensores de los derechos humanos trajeron un tanque de cerveza a granel, aguada turbia y sin calidad para venderle “solo a los habían colaborado con el acto de repudio”.
Pero como no querían venderle también a los demás, una turba de sedientos borrachitos les cayó a pedradas y tuvieron que llevarse el caldo etílico a otro barrio.
En el momento que terminó el registro pusieron a un grupo de niños a gritar consignas que sólo se les ocurre proferir a los revolucionarios cubanos. Los infantes hablaban de la gusanera, del imperialismo yanqui y mencionaban a un tal Fidel.
Me contó Cari que una oficial que intentó interrogarla le dijo que para ellos el único Dios es Fidel y que Jesucristo fue el primer comunista. Por lo que se supone que el hijo de María debió retorcerse otra vez en la cruz.
Ahora empieza la lucha de esta familia porque le devuelvan su teléfono celular. Ya han ido dos veces a la sede de ese Aparato Militar en la Calle Agramante entre Maceo y Libertad, fíjense que ubicación, pero ha sido infructuoso.
Esta vez seremos más los que protestemos, estoy seguro. El año empieza de maravillas.

¿Por qué no blogueas?

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La pregunta me la hace Mr Sullivan con su cara de sapo bueno y ganas de sumarme a la lista de chicos malos on line.
¿Por qué no blogueas muchacho? me dice la chica multipremios de la calle Factor.
A mi anterior y fallecida bitácora Animal de Alcantarilla alcancé a verla una vez de la mano generosa de alguien que se condolió y me bajó en archivos algunos contenidos que yo había re-enviado a lápiz, al dictado, y con las altísimas tarifas que ETECSA le pone al ciudadano. Y metiéndome por los entresijos de la censura, quiero decir, pidiéndole a mis amigos que me dejaran pasar mis post entre sus email.
Al paso que vamos me apareceré al Cibercafé del hotel Santiago con un tambor, un peñacho de plumas y un poco de hierbas para lanzar gemidos o gestualidades a ver si llegan a la blogosfera.
Aún así me siento un tipo post moderno.
No puedo exponer ninguna perorata para convertirla en verdad, por lo menos hacerla mi verdad. Cuando voy a opinar de algo ya ha pasado una semana y los lectores potenciales se saborearon los manjares de los bloguers inquietos de la isla. Incluso opino sin saber en muchas ocasiones que ese comentario ya ha sido pasto de diatribas y emaileos.
Mi meta era saltar cada 15 días esos 100 kilómetros entre Holguín y Santiago de Cuba para enviar un post cuando tuviera los 10 chavitos (moneda convertible) pero allí no pueden llevarse dispositivos. ETECSA ha puesto un candado digital de manera que sólo puedes leer y escribir en esas computadores que la cadena Sol Meliá renta a los cubanos. Por lo menos me va quedando el gusto de donar a la blogósfera cubana la primera bitácora de piedra que envejece al mismo tiempo que es escrita.
Se cierra el cerco, mi adrenalina sube de nivel y eso me gusta para empezar el año a todo tren. ¿Por qué no blogueas? dice una voz que truena en mis oídos. Una pregunta que jamás ha sido tan actual.

Navidad bajo reclusión domiciliaria

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Después de dos meses preparando la fiesta de navidad donde mi hijo Malcom se presentaría en la iglesia del pueblo tuve que conformarme con las fotos, los recuerdos de sus palabras y lo que me contaron.
Esa tarde se presentó en casa un Jeep de la guardia operativa tirando estruendosamente las puertas y me pidieron que los acompañara a la jefatura de la policía. Tuve que ir antes de que me decretaran el delito de desacato y resistencia, tuve que ir cuando vi los ojos asustados de mis dos niños, el espanto en la cara de la gente de mi casa: dos ancianas de más de 70 años.
El motivo de la detención estaba en que no me uniera a la protesta que en Holguín lideraba Jorge Luis García “Antunez” porque se reconozcan los derechos de los presos políticos como la hora de sol, la adecuada atención médica y el traslado hacia sus lugares de origen a otros más cerca.
Orlando Zapata Tamayo protagonizaba una huelga de hambre en la tenebrosa prisión Kilo 8 de Camaguey y su madre Reina Luisa Tamayo Danger lo apoyaba desde las afueras del recinto penitenciario y a mí me encerraron para que no reportara de la solidaridad de muchos. Junto a mí se llevaron a José Antonio Triguero Mulet, un activista de derechos humanos de 66 años de edad.
Ese 25 de diciembre enfrenté ocho horas de encierro. Tuve que enfrentar a un joven agente del orden público que en el ‘cacheo o registro personal’ quiso tocar demasiado mis glúteos. Ahí terminé el registro de rigor y la tocadera de descaro.
Dos días después, el domingo 27 volvieron a meterse en mi casa frente a mis niños, otra vez. Pero ni antes ni entonces me pudieron explicar porqué no me mostraron el documento oficial de detención.
Mi esposa Exilda Arjona lanzó mensajes de texto a todos el día 25 para contar que me habían detenido pero ya el 27 se abalanzó con los dos pequeños hacia la “Comisaría’ municipal bajo el frío y el sereno de la noche y emprendió su perorata de defensa.
Me liberaron ya tarde en la noche, otra vez junto a Triguero Mulet.
Allí oré hasta quedarme ronco, oré en voz alta hasta aturdirlos de amor. Dos horas de oración continua. Y me soltaron.
El lunes 28 la amenaza y asedio pasó a ser telefónica. Un oficial, un tal Rodolfo Cepeda, llamó para amenazar a mi esposa con lo que dice él me hará si me acerco a la casa de Cari Caballero donde Antúnez todavía continuaba junto a diez personas más en la protesta cívica.
Aquí no hay patrullas con sirenas sonando por las calles. Un jeep verde, un tractor, dos jóvenes en bicicletas… los dispositivos de vigilancia y control tienen sombrero de yarey y están vestidos de paisano.

Desde la cárcel Kilo 8 de Camaguey un grito de libertad

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Nadie puede impedir que los anhelos de libertad y el grito de denuncia de Orlando Zapata Tamayo sean sofocados. Para él  no existen muros, ni rejas, ni alambres.

El  valiente holguinero está desde el 3 de diciembre castigado en una celda de la cárcel Kilo 8 de Camaguey. Allí fue conducido por la fuerza de los carceleros desde la Prisión Provincial de Holguín, donde cumplía un año más de los tantos que le han decretado desde el 2003 hasta la fecha.

Pero no está solo porque afuera de la cárcel su madre Reina Luisa Tamayo exige una respuesta a tanto horror y maltratos, y adentro, muy cerca de la celda de castigo donde lo tienen dieciseis presos lo apoyan y se sumaron a esa protesta cívica –la huelga de hambre- casi la única opción del preso cubano.

Uno de los que acompañaban a reina logró burlar el control y vía telefónica llamó a Holguín para que  la información quedara en una cinta de grabadora y que todos pudieran escuchar las voces de las  víctimas que reclaman, al menos, que les den una hora de sol, que no los envíen a celdas de castigo por solo pedir la atención médica y las visitas familiares que requiere la ley de los encarcelados y que saben pedir muy alto que caiga la  dictadura.

Esa voz cruzó las alambradas…