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Siempre nos quedará una (j)oda

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enrisco

Tuve que dejar que pasara un año para componer esta (j)oda, que no es a Enrisco y su cantaleta de tirarlo todo a la porra. Esta es la historia de un entuerto, pero feliz. Yo estaba encerrado en la habitación habanera de mi amigo Roberto González, comiendo pan y helado a montones porque no había otra cosa, mientras me leía Siempre nos quedará Madrid. Lo hice de un soplido, como se leen los mejores chistes y entre veintena y veintena de páginas, La Chipi se aparecía con las botijas de helado. Creo haber vuelto a lo mejor de Marcos Behemaras, al más picante Zumbado que nos arrebatara “un accidente” y todo esto lo sazonaba con las historias de un Madrid que nunca va a ser de nosotros (ni de Enrisco) y una Habana que ya no era mía porque me iba de Cuba. Pero no bien deglutidos los alimentos y aquella versión digital se me ocurrió escribirle al ‘profe’ y darle la mala noticia de que ya su libro se pirateaba entre bucaneros y corsarios cibernéticos en una capital que no podría recuperar, esa Habana virgen y puta a la vez.

Siempre nos quedará Madrid es una historia lineal, pues humanos al fin volvemos siempre al lugar del crimen, o del ridículo, y la valía de este libro radica en eso, en no parar mientes para reírse de la desgracia del frío, la ingenuidad del emigrante recién llegado o los hijos de p… que el destino nos reserva a cada paso. La Habana turbulenta de los años ‘90 se va como en una película vieja, en una disolvencia a negro, pero sin créditos. Cuando ese personaje que años después nos va a deleitar en Encuentro en la Red con aquellas historias dispares, deja la capital cubana, a media Cuba le falta lo mejor y lo peor del llamado Periodo Especial, y para condolerse de nosotros Enrisco y su tropa lo pasan solitos en un Madrid de los mil demonios.

No voy a contarles ninguno de los chistes que se empatan con la soledad y el extrañamiento para que en alguna ocasión echemos nuestras respectivas lagrimitas. Si alguien se decide a comprar el libro o los libros, le recomiendo lo haga ahora mismo. Yo quise parecerme un a un yuma… o a un Pepe (un extranjero) y me compré “vino, pan y salchichón” y me fui barranca abajo hasta que di final (al tempranillo y al libro). Qué vacilón.