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Cuando ‘se mueren’ tus colegas

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Leobardo Vázquez, periodista mexicano asesinado el miércoles 21 de marzo de 2018 en Veracruz.
Leobardo Vázquez, periodista mexicano asesinado el miércoles 21 de marzo de 2018 en Veracruz.

Siguen muriendo periodistas en México. Esta vez ha puesto el cuerpo ante las balas el reportero Leobardo Vázquez, a quien acribillaron el miércoles 21 de marzo en su casa, a las 8:00 de la noche, en el estado de Veracruz.

Aparentemente tenía amenazas de un notario público, informó la presidenta de la Comisión Estatal de Atención y Protección de Periodistas (CEAPP), Ana Laura Pérez Mendoza.

Vázquez era un periodista que había trabajado para los medios locales La opinión de Poza Rica y Vanguardia, ha sido asesinado este miércoles en su domicilio de Gutiérrez Zamora, al norte del Estado de Veracruz (este de México).

El informador, de 42 años, había decidido fundar recientemente su propio medio de comunicación, Enlace de Gutiérrez Zamora, dijo hoy el diario El País, de España.

México es el país más peligroso de América Latina para ejercer el periodismo y el segundo del mundo, solo detrás de Siria, según un informe reciente de Reporteros Sin Fronteras. En 2017, se registraron 507 agresiones contra informadores y 12 asesinatos en el país norteamericano.

Según publica Artículo 19, el 99,6% de los crímenes contra periodistas en México permanecen impunes y además señala que en el 48% de las agresiones han participado funcionarios de los tres niveles de gobierno. Durante el sexenio de Felipe Calderón 48 reporteros fueron asesinados y 15 fueron desaparecidos. Mientras que en los poco más de cinco años de Peña Nieto en el poder suman 41 los homicidios de informadores y son cuatro las desapariciones.

Narcos, novela y dolor

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misterio
El misterio de la orquídea Calavera (Tusquest, 2014)

Se llama Élmer Mendoza , nació en 1949 y es un autor que se ha tomado bien en serio salvar la narrativa escrita en Español del foso de la inmundicia. Hay que agradecer esta novela que está contada por un mejicano adolescente, de esos a los que les falta de todo y les sobra ingenuidad, ingenio y miedo. El misterio de la orquídea Calavera (Tusquest, 2014) está escrita para demostrar que un país se puede contar desde el miedo, si esos sollozos te llevan a la esperanza.

Así lo pensó Mendoza y así lo vive El Capi, una especie de chico atolondrado que tiene la cotidiana misión (en algunas partes de este continente) de rescatar a su padre de un secuestro urdido por los hombres malos del narcotráfico. La cita es en Xilitla, San Luis de Potosí, un hotel, un teléfono sin cobertura un abuelo que llama a cada segundo para decirle que es un inepto y una chica. Una mujer hermosa que no falta en ninguna batalla. De ahí al final solo hay trescientas páginas, unos diálogos desgranados como el arroz y la esperanza de que El Capi acabe burlando a los bandidos porque ni loco los va a entregar a la poli. Culiacán, desde donde lo llaman varias veces los plagiadores, suele ser ese lugar peligroso que se describe en los periódicos.

La novela de Mendoza se parece a los poemas épicos, porque al final son la misma cosa. Mientras El Capi recuesta el cuerpo en el camastro del hotel, se sirve del libro El misterio de la orquídea Calavera. Un libro dentro de un libro, donde se va a extasiar con Edward James, al único que se le ocurriría hacer un parque de proporciones y entramado súper mágicos en medio de la selva mexicana. Ese es el otro viaje que emprende El Capi y le ayuda a enfrentar los escollos, la valla grande de los cuatro millones de dólares que le exigen los narcos por la devolución de su padre.

………..

En esta habitación está el abuelo del Capi para darle las primeras órdenes. La conversación ocurre delante del tío, el otro hermano del secuestrado:

“Bukowski propone que busques a Romeo Torres, es su amigo y te servirá de guía.

¿Quién es Bukowski?

Un buen amigo.

¿Le contó?

No, preguntó por qué quería ir allí, le respondí que por hongos. Entonces me recomendó a Torres.

¿Hongos?

Es una clase de drogas, no te hagas el que no sabe.

¿Me manda con un vendedor de drogas?

El viejo hace un gesto horrible, regresa al despacho de papá y da un portazo. Mi tío aguanta la risa. Quizás algunos viciosos no tengan toda la culpa.”

Lo otro será rescatar a Diana del malentendido y de los deseos de los otros muchachos del barrio. Y “ser un hombre, güey. Porque una novela es para que también pasen cosas terribles, como en El amante de Janis Joplin.

De eso se encarga Élmer Mendoza.